martes 24 de febrero de 2026

Los cambios en la vida paceña afectaron la celebración

San Juan se achicó: de la fiesta de la comunidad a la reunión familiar

A la luz de las fogatas se reunían los vecinos de una calle o barrio. Los niños jugaban con las “estrellitas” y los adultos libaban ponches, mientras se quemaban los objetos inservibles para dar paso a las nuevas fortunas.
Foto de una nota sobre San Juan del periódico El Diario del 24 de junio de 1975. FOTO: Diario / Biblioteca Municipal
Foto de una nota sobre San Juan del periódico El Diario del 24 de junio de 1975. FOTO: Diario / Biblioteca Municipal

Los vecinos se reunían en torno a la fogata. Esta se levantaba en medio del patio de una casa, en un terreno baldío cercano o en medio de la calle empedrada. Las llamas se alimentaban tanto de leña como de objetos “inservibles”: cajones viejos, trapos desgarrados y ropa “en las últimas”. Así se festejaba San Juan hace unos 40 años.

“Era, principalmente, una fiesta de la comunidad. Se reunían los vecinos, que se conocían entre todos. Se compartían los tradicionales ponches, el sucumbé y los niños jugábamos, mientras los adultos conversaban”, recuerda la investigadora Sayuri Loza.

Según la tradición católica, el 24 de junio se recuerda cómo San Zacarías, esposo de Santa Isabel, la prima de la virgen María y madre de San Juan Bautista, ordenó encender una hoguera para anunciar el nacimiento de su hijo. Muy celebrado en España, llegó con la Colonia y se unió a las creencias originarias.

Nota de Presencia de 1991 sobre el control de la Alcaldía paceña a las fogatas.

 

“La fecha del festejo cristiano coincidía con el fin del ciclo agrícola. Entonces, la fogata del anuncio de la concepción de Juan el Bautista se convirtió en la hoguera de lo que ya no sirve”, explica el historiador paceño Fernando Cajías.

Con el paso de los años, la celebración religiosa fue dejada de lado por la fiesta. Las fogatas fueron creciendo de tamaño y la diversión y, por qué no, la rebeldía tomaron preeminencia al momento de encender el fuego.

De fiestas bailables a estrellas y bebida, todo llegaba a San Juan. FOTO: Hemeroteca /Biblioteca Municipal

 

“Fueron muchos los factores que llevaron a que se convirtiera en un evento esencial para los paceños. Además del significado ritual está el rebelde, ya que en la época de la Colonia las autoridades aprovechaban la fecha para cobrar el tributo. Pero como se quemaba lo que se consideraba inútil, incluyendo muchas propiedades tasadas por los españoles, no se pagaba”, comenta Loza.

Cada vez menos gente vive en casas con patios lo suficientemente grandes como para encender una fogata con seguridad. Ahora se vive más en departamentos y condominios.
Sayuri Loza

A eso se suma la fecha. Si bien en el hemisferio norte San Juan coincide con el solsticio de verano, por estas latitudes lo hace con el de invierno; una época de frío crudo, especialmente en el área andina del país.

Es así que una celebración en la que la protagonista es una gran fogata, es más que ideal. La comunidad se convirtió en parte esencial del evento.

La noche más fría del año era la ocasión perfecta para reunirse en torno a una fogata. Foto: Presencia/ Biblioteca Municipal 

 

“Los recuerdos que tengo de mi infancia siempre son de encuentros grandes. Amigos de toda edad se reunían en grupos para realizar varias actividades a la luz de las llamas. Ya de jóvenes nos animábamos a contratar un canchón donde realizar nuestra diversión de forma independiente”, recuerda Cajías.

Ese es otro de los grandes atractivos que tenía San Juan, a diferencia de otras festividades del calendario nacional: era una reunión para toda la familia.

“Si te pones a pensar, hay muy pocas celebraciones que atraigan a todos los integrantes de las familias de igual manera. En San Juan siempre había algo para todos”, agrega Loza.

Fotonota de Presencia que en 1991 registró la celebración del Año Nuevo Aymara, que le quitó espacio a la de San Juan. Foto: Presencia / Biblioteca Municipal

 

La comida reflejaba eso. Antes de que se introdujeran los hot dogs, se tenían bebidas sin alcohol y con él, como el chocolate, los ponches, el sucumbé, los buñuelos con api, las salchichas y los masmelos.

Juegos y tradiciones
La noche se llenaba de juegos y de historias. Los más valientes se animaban a saltar la hoguera, mientras que los pequeños creaban figuras con las luces de las “estrellitas”. En los grupos menos activos los abuelos contaban historias del pasado y, entre la penumbra y la lumbre, se relataban cuentos de fantasmas.

Las tradiciones variaban entre región y región. Ya que San Juan tiene una fuerte presencia en todo el país, desde los pueblos y ciudades mineras a los municipios de los llanos, como Porongo en Santa Cruz.

Al ser el fin de un período y el inicio de otro, la fecha es ideal para que la gente se haga leer la suerte, de distintas formas. En lugares como la plaza Sucre de San Pedro los adivinos utilizan diferentes medios para vislumbrar el porvenir. Ya sea la espuma de la cerveza, la forma que toma el plomo fundido, la del huevo al ser verídico en la cerveza... todas dan señales de qué es lo que le espera al cliente.

Cajías explica que “estas etapas de cambio son especiales para la gente que cree en la adivinación. Es una forma de luchar contra la incertidumbre que provoca la transición”.

Es algo que aún continúa vigente en todo el país. En La Paz el 24 en la mañana la gente acude en masa a ver qué le depara el porvenir. “A mí me gusta aquel método en el que un pajarito es el que revela qué se nos viene”, reconoce Sayuri Loza.

Sin embargo, la fogata seguía siendo lo esencial. Esto porque representaba dejar atrás lo que ya no servía, para dar paso a lo nuevo y útil. Algo que no se limita a la noche del 23 de junio.

“Era una forma de exorcizar los males del pasado, de abrir paso a las venturas por venir. Con el paso de los años eso se fue olvidando en La Paz; en otros municipios como El Alto continúa la tradición”, agregó Cajías.

Sin embargo, esta necesidad de eliminar lo inservible fue la que dio inicio a la transformación y -para muchos- desaparición de la fiesta.

Contaminación fatal
Conforme avanzaba la década de 1980, también lo hacían las preocupaciones sobre el efecto que tenían las quemas sobre el medio ambiente y la salud.

En una nota del 25 de junio de 1985, el periódico Presencia informó acerca de una sede de Gobierno cubierta de humo.  “Los que llegamos, o superamos, los 40 años podemos recordar la tos e incomodidad del día siguiente. A eso se sumaban las humaredas de los chaqueos”, recuerda Loza.

Estas etapas de cambio son especiales para la gente que cree en la adivinación. Es una forma de luchar contra la incertidumbre.
Fernando Cajías

Seis años después el mismo matutino reportaba que la Alcaldía de La Paz realizaría controles a las fogatas. “El problema se fue haciendo cada vez mayor. Había que encontrar una manera de reducir la contaminación. Sin embargo, la solución solo se enfocó en la fiesta y no en las quemas de monte, parte de la costumbre de abrir paso a lo nuevo en el mundo agrícola”, indica Cajías.

Se comenzó a controlar las fogatas, pero se incrementó el uso de los fuegos de artificio. Ahora la humareda del 24 apestaba a la pólvora explotada.

Pero eso generó un nuevo problema: las explosiones atormentaban a las mascotas. Es así que al acercarse las fiestas los mensajes advierten contra los cohetillos para  no atormentar a los perros y gatos.    

Pero no solo fue la necesidad de proteger el medio ambiente. Los cambios en la forma de vida de los paceños aceleraron la reducción de la fiesta.

“Cada vez menos gente vive en casas con patios lo suficientemente grandes como para encender una fogata con seguridad. Ahora se vive más en departamentos y condominios”, considera Loza. “Asimismo la ciudad creció y la gente se reúne para dentro, para la familia, se achicó San Juan”, agrega.

Y finalmente está lo práctico y mundano: el 24 ya no es feriado. La gente tiene que recogerse temprano, ya que debe salir a trabajar, por lo que el calor dejó de ser tan atrayente.

TRADICIONES

1 FOGATAS Estas se solían armar incluso en las calles de la ciudad. Eran hogueras de la calle o del barrio.

2ADIVINACIÓN En puntos como la plaza de San Pedro los adivinos leen la suerte en plomo, cerveza, huevo o con un ave.

3 COMIDA Una empresa logró establecer el hot dog como el manjar de la noche.

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