viernes 10 de abril de 2026

La clave no es siempre el primer paso

Guiomar Mesa: “Un cuadro, como una novela, es una ficción, una mentira, un engaño, para entender la realidad”

detalles comunes, que pueden pasar inadvertidos en el día a día, se hacen en la obra de Mesa pequeños análisis sociológicos de una realidad cotidiana siempre tensa.
La artista plástica boliviana Guiomar Mesa durante la presentación de su última exposición en la ciudad de La Paz.  FOTO: Ignacio Vera de Rada
La artista plástica boliviana Guiomar Mesa durante la presentación de su última exposición en la ciudad de La Paz. FOTO: Ignacio Vera de Rada
martes 23 de julio de 2024

Igual que la palabra, desde épocas remotas el dibujo es esencial para el registro de la aventura humana en el planeta. La fiesta popular, el folklore, las montañas, el lago de los incas, los cóndores o algo tan sencillo como una mesa con siete vasos de refresco de mocochinchi son algunas de las imágenes que los crayones y lápices de colores de Guiomar Mesa inmortalizaron en papel de algodón, para su última colección de cuadros llamada Glissando trazos (2024).

Detalles comunes, que suelen pasar inadvertidos en el día a día, se hacen en la obra de Mesa pequeños análisis sociológicos de una realidad cotidiana siempre tensa y variada en matices y contrastes, realidad vinculada con el paisaje andino, la estética nativa, el exceso de la fiesta o la danza. El yermo y la monotonía gris del altiplano contrapuntean con la explosión cromática dorada de una manta de chola, y un rostro adusto y cobrizo de una mujer indígena contrasta con los matices vivos de una máscara de china.

Obra Domingo por la tarde.  FOTO: Ignacio Vera de Rada

 

Las sombras están hechas con exhaustivos toques de color cortos y yuxtapuestos: pequeños puntos o pequeñas cruces logran representar una sombra bastante realista; la definición de los reflejos en el Lago Sagrado está bien hecha con el uso del blanco en finos trazos que simulan las pequeñas olas del agua. Un naranja intenso simula un cielo auroral detrás del Illimani. Y este monte, siempre imponente, siempre melancólico, es una presencia constante en casi toda la obra. En esta conversación, Guiomar me cuenta algunos aspectos relevantes de su última obra.

IV de R: ¿Cuál es el concepto general de Glissando trazos y qué es lo que como artista has querido expresar a tu público con esta nueva colección? ¿Y por qué ese título?
GM: La palabra glissando es una forma musical que implica una inflexión de las notas. Cuando estaba en la universidad, fui a la Diana del Gran Poder y escuché el quiebre que hacen las tubas y trompetas, y ello me encantó… Entonces me pareció que ese sonido del glissando podía expresar lo que quise expresar ahora, pues esta colección representa una inflexión —como técnica sobre todo— en mi obra.

Quise recuperar el dibujo, ya que mi primera muestra, cuando era estudiante en la universidad, fue de dibujos en blanco y negro en el café Arte y Cultura, que lo dirigía Huáscar Cajías. Luego, ya en mi vida profesional, y aunque siempre estuve haciendo dibujos y acuarelas en mis cuadernos, hice mucho óleo. Entonces me planteé la posibilidad de regresar al dibujo, pero ahora en gran formato. Durante mucho tiempo tuve en casa guardados unos papeles en rollo por metros y, entonces, dije: “¡Ah, es ideal para esto!”.

Obra Eterno como el fuego.   FOTO: Ignacio Vera de Rada

 

Temáticamente, esta vez no quise hacer una serie, sino cuadros de concepto más libre o aislado, sin una correlación conceptual entre uno y otro. Por ejemplo, con las polleras quise expresar la fuerza de la danza, el color y el movimiento; con el cuadro del músico, quise expresar la presencia en lo ausente.

Además, fue un reto técnico expresar sombras y luces con distintos tipos de línea (cruces, puntitos, el cruzado del grabado); se hacen distintas texturas, y eso, en arte, como tú sabes, forma parte también del sentido, ya que la forma también hace al contenido.

IV de R: ¿Cuánto tiempo te demoró hacer los dibujos y cómo fue el proceso creativo, desde concebir la idea hasta llevarla al papel?
GM: Mi última exposición, Mar de sal (2021), fue durante la pandemia. Normalmente trabajo por series; presento la exposición y cierro, y luego me dedico a otras cosas. En este caso, estaba agotada del óleo y decidí trabajar en mis cuadernos; también me dediqué a revisar lecturas de historia y teoría del arte.

Tardé unos tres años en cerrar esta nueva exposición. Yo trabajo a tiempo completo en un colegio, entonces el tiempo que tengo para trabajar en mis propios proyectos es un poco reducido: cuando llego a casa luego del trabajo o en los fines de semana, en los cuales me encierro casi todo el día. Por otro lado, un cuadro te puede costar mucho y, por tanto, demorar mucho. Pero claro, también hay otros que te salen rápido.

Obra Flor de un día.  FOTO: Ignacio Vera de Rada 

 

IV de R: ¿Por qué te decidiste esta vez por los crayones y los lápices en vez del óleo?
GM: Había hecho dibujos a lápiz y carboncillo y con lápices de color. Pero es la primera vez que trabajo con crayones, que tienen una fuerza expresiva y de color muy importante. Ahora mira, el crayón pastel tiene una dificultad, y es que por sus características oleosas tiene una serie de implicancias técnicas que también hacen un reto al concepto, dado que, como dijimos, la forma está indisolublemente ligada al fondo.

IV de R: ¿Qué ves de especial en el fragmento o en el detalle de una situación, que no tenga una imagen entera que tenga un contexto completo?
GM: Creo que en ese observar esa pequeña cosa en medio de lo que es una ciudad o lo urbano, o lo que es la fiesta, o lo que es una escena en el altiplano, cuando tú haces un zoom, te estás diciendo a ti mismo o al espectador: “Pon tu atención ahí…”, y eso me parece importante.

Siempre trabajé con objetos inanimados o con objetos inanimados representando cosas vivas, pero ahora me dije: “¿Por qué no la fiesta?”. Y la fiesta la quise representar en todo su desborde, en el exceso de la música, del baile, de la sensualidad; también en el exceso de vida, de comida. Porque es el festejo de la vida lo que nos recuerda que la muerte está a la vuelta de la esquina.

Esta vez no quise hacer una serie, sino cuadros de concepto más libre o aislado, sin una correlación conceptual.

Entonces la fiesta, que es ese festejo de la vida, es un desborde total, un exceso total. Quise representar eso también.

IV de R: ¿Por qué volviste a representar Illimanis? ¿Qué significado tienen para ti?
GM: Creo que los paceños estamos marcados por estas nuestras montañas y en particular por el Illimani, ¿no es así? Yo vivo en una casa que, como tú conoces, tiene una vista magnífica del Illimani. Amanezco y me voy a dormir con esa imagen imponente.

Y bueno… es algo que te atrapa; yo quisiera representarlo de una manera peculiar, quisiera expresar toda la fuerza que tiene… pero es imposible, ya que es muy fuerte, muy mítico. Lo que hacemos los artistas con el Illimani es apenas un remedo, una pequeña aproximación, que no llega a tener esa majestuosidad, esa presencia tan potente que tiene esa montaña.

La fiesta la quise representar en todo su desborde, en el exceso de la música, del baile, de la sensualidad.

IV de R: ¿Cuál es el concepto de los dibujos titulados Caperucita y Músico (glissando)?
GM: Los cóndores también son recurrentes en mi obra. Estos son cóndores sobrevolando y esa es una niña en un espacio que puede ser el altiplano. Está la niña con su inocencia, con un juguete, y ello puede tener varias interpretaciones: nuestros miedos, por ejemplo. La niña del cuadro es de una foto que me tomaron a mí de niña.

Creo que los paceños estamos marcados por estas nuestras montañas y en particular por el Illimani.

Ahora bien, un cuadro, como una novela, es una ficción, una mentira, un engaño, para entender la realidad. Lo que este cuadro tiene de interesante, creo yo, es que ella está de frente y los cóndores están vistos de arriba. Ahí claramente hay una incoherencia espacial y de perspectiva, ¿verdad? A mí me gustaría que mis cuadros tuvieran esa incoherencia, esa tensión, porque creo que eso —esa tensión de luz, espacialidad o proporción— es una de las cosas que de alguna manera logran que el espectador quede atrapado, interpelado o cuestionado.

IV de R: ¿En qué proyecto artístico te embarcarás ahora?
GM: Esta colección me ha sacado la mugre [ríe], de modo que ahora estoy viendo el techo. He estado leyendo otra vez algunos libros y textos de arte, pero creo que ahora estoy con la cabeza totalmente en blanco; estoy pensando todavía qué puedo hacer en el futuro. Pero me gustaría que fuera algo diferente.