martes 24 de febrero de 2026

H.C.F. MANSILLA, filósofo e intelectual

“Creo que la filosofía todavía contesta a preguntas generales que los seres humanos se hacen hoy”

A la gente no le gusta la reflexión pura, como tal vez se ha hecho antes, afirma el entrevistado. “Presiento que la época de los largos ensayos está tocando a su fin”, agrega.
El filósofo conversa en su departamento. FOTO: Ignacio Vera de Rada
El filósofo conversa en su departamento. FOTO: Ignacio Vera de Rada
viernes 13 de septiembre de 2024

En su apartamento, situado en el corazón del tradicional barrio paceño de Sopocachi, H.C.F. Mansilla dedica sus días a la lectura y la preparación de sus clases y conferencias, que usualmente imparte en diferentes espacios académicos y culturales. De sus paredes cuelgan cuadros y posee algunos objetos de arte; su biblioteca es más bien modesta, solo tiene los libros que realmente necesita.

En esta conversación me habla sobre uno de sus últimos libros: Sociedad dislocada, Estado autoritario y desastre ecológico, texto publicado en 2023 por la editorial Rincón y que reúne 15 ensayos (ocho inéditos y siete ya publicados en diferentes medios escritos) en los que el doctor Mansilla reflexiona y critica algunas prácticas irracionales del poder.

Como durante mucho tiempo no tuve problemas financieros, yo pude dedicarme a lo que me gusta.

También me habla sobre cómo ve la vida cotidiana a partir de la pandemia del Covid-19, la educación en el sistema universitario boliviano, el periodismo y las posibilidades futuras de la filosofía en el mundo.

Se sienta en un sillón de la sala con vista a la avenida Arce y, entre ironías y respuestas serias y solemnes, el pensador argentino-boliviano comienza a departir sobre aquellos fenómenos que desde joven comenzaron a inquietarlo y cuyos apasionantes misterios siguen sin dejarlo de perseguir.

Un cuadro de Mansilla, de los años 80.  FOTO: Ignacio Vera de Rada

 

Sociedad dislocada, Estado autoritario y desastre ecológico reúne 15 ensayos sobre una teoría crítica del poder. ¿Por qué la importancia de criticar al poder? ¿Es más importante criticarlo hoy que ayer?
La política ha estado presente desde un primer momento en la vida humana y los rasgos negativos asociados a aquella (como el autoritarismo, el despotismo o la corrupción) son fenómenos que deben ser criticados en todo sistema y todo tiempo. Y no es ninguna novedad. Hace cinco mil años, los primeros testimonios escritos que disponemos (los himnos sumerios y tabletas de arcilla de esa época) nos hablan claramente de una crítica a los poderosos y a las instituciones ligadas a ellos. Entonces, mi libro simplemente prosigue una tradición clásica que viene de muy atrás.

En el prólogo usted dice que hoy la abundancia de información, la extrema especialización de las ciencias sociales y la complejidad del mundo hacen que lo más útil sea escribir ensayos o fragmentos solamente, en vez de ambiciosos tratados sistemáticos que traten de englobarlo todo. ¿Cree que el conocimiento social y filosófico del futuro vaya en esa misma dirección?

Es imposible predecir el futuro; por tanto, no puedo contestar a la parte futurológica de la pregunta. Pero yo diría que actualmente se puede constatar en todo el mundo un desinterés por textos largos. La gente quiere textos que no sobrepasen los tres minutos y que además sean divertidos, que tengan algún aspecto estético-erótico. A la gente no le gusta la reflexión pura, como tal vez se ha hecho antes. Entonces yo presiento que la época de los largos ensayos está tocando a su fin.

¿Qué periodismo consume usted o cómo se informa sobre lo que ocurre en el país y el mundo? ¿Cómo ve la situación de la prensa, tanto escrita como televisiva o radiofónica?

No poseo un aparato de televisión ni uno de radio y no leo periódicos. Me entero por conversaciones casuales con parientes o amigos, o en el café. Pero lo que recibo como información, aunque sean textos en el fondo residuales, creo que no está muy alejado de la realidad. O, dicho en palabras más simples, como la realidad es monótona, repetitiva y horrible, no vale mucho la pena a estudiar o analizar lo que pasa en el país. Eso me tiene sin cuidado.

El problema fundamental es que el ser humano nunca se conforma con lo que tiene.

Por otro lado, me parece que el periodismo, para tener éxito, debe dedicarse a cuestiones frívolas, sobre todo en el campo de la cultura juvenil.

El periodismo antiguo, el analítico, con textos largos y de investigación, como el que hacía brillantemente un periódico paceño recientemente desaparecido, al parecer está extinguiéndose.

No sé mucho del mundo periodístico, pero presiento que el periodismo tradicional está en crisis porque se volvió una cuestión de entretenimiento: noticias cortas y divertidas; no es ya una labor de formación, investigación o información crítica.

Cuando era joven, e incluso aquí en La Paz, mantuve una suscripción en un semanario alemán liberal y cultural donde solo había comentarios, ensayos y análisis en profundidad: Die Zeit. Ahora se ha vuelto un objeto voluminoso, de varios kilos, de los cuales el 99% no vale la pena porque está dedicado a cosas breves y chistosas. Si Die Zeit , que era un semanario muy serio y donde publicaba por ejemplo Jürgen Habermas, se convirtió en una lectura fácil y llena de avisos publicitarios, yo creo que el destino global del periodismo es negro.

Algunos libros antiguos de su colección. FOTO: Ignacio Vera de Rada

 

¿Qué aspectos de la vida cotidiana cree que ya no son los mismos después de la pandemia de Covid-19?

Yo creo que no varió gran cosa, es más o menos lo mismo. La gente siempre tiende a magnificar lo que le toca personalmente. Entonces lo que pasa es que, como nos tocó una pandemia, entonces la gente cree que fue muy importante, cuando fue muchísimo menos mortífera que, por ejemplo, la epidemia de 1918 o la peste negra en Europa.

¿Cómo evalúa la educación universitaria y escolar en Bolivia? ¿Cree que hubo algún avance significativo en estos últimos años?
Es una pregunta capciosa. Como todavía trabajo en una universidad, no puedo permitirme un juicio muy crítico. Pero yo diría que cambió bastante; es decir, que mejoró. Los profesores hoy se preparan mejor y tal vez toman un poco más en serio sus funciones (con varias excepciones de lo contrario). Pero creo que en general la universidad boliviana mejoró respecto a lo que era hasta hace unos 100 años. Antes la formaban unos pocos intelectuales, muchos de ellos muy generalistas, que sabían poco del ancho mundo.

En cambio ahora hay más contactos, se tiene una visión un poco más global y hay un pequeño interés por el mundo exterior y sus producciones culturales. Creo que hay un avance relativo, como en la mayor parte de América Latina.

No sé mucho del mundo periodístico, pero presiento que el periodismo tradicional está en crisis.

En los países africanos similares en población, como Senegal, Malí, Níger, etcétera, por ejemplo, la vida intelectual es mucho más pobre; son países donde hay muy pocas publicaciones, hay pocos intelectuales y no hay una tradición cultural importante. Cuba, en casi 70 años de revolución socialista, no produjo ni un solo pensador marxista que esté ni de lejos a la altura de René Zavaleta (yo no soy partidario suyo, pero hay que reconocer su relevancia).

Aquí finalmente, y pese a todo, tenemos muchos intelectuales notables, gente crítica como Villava, Oyola, Arguedas, René Moreno, Manuel José Cortés, Gaspar de Escalona, etcétera. Puede decirse que Bolivia es un país culturalmente muy activo, muy interesante desde ese punto de vista, pero en el que los intelectuales son “ninguneados”.

¿Por qué o para qué dedicarse a la filosofía, al arte o la ciencia en un mundo generalmente hostil a esos quehaceres? ¿Por qué el ser humano no deja de especular, crear o investigar? Einstein decía que la investigación científica y el arte tenían en común un origen de inquietud religiosa. ¿Cree que hay un denominador común entre esas actividades?
Por afición simplemente, es algo que me gusta. Como durante mucho tiempo no tuve problemas financieros, yo pude dedicarme a lo que me gusta sin pensar en consecuencias económicas, laborales o profesionales. Tiene que ver también con la tradición familiar. Nací en una casa donde había mucho papel impreso y mucho tráfico de gente interesante. 
Por otro lado, creo que el arte, la ciencia y la actividad intelectual han avanzado más bien cuando se emanciparon de la religión y de la tutela eclesiástica en todo el mundo. No creo que haya una relación tan clara entre ciencia y arte, por un lado, y religión por otro. Claro que siempre hay excepciones.

¿Cómo ve la filosofía en la actualidad? ¿Cómo se diferenciaría la filosofía académica (universitaria) que hoy se hace respecto a la filosofía autodidáctica que se hacía varios siglos atrás? ¿Cuál cree que podría ser el futuro de la filosofía?
La filosofía que podríamos llamar académica en Europa, Estados Unidos y otros países tiene todavía amplia aceptación. Cada año se publican muchos libros de filosofía. El hecho de que en redes sociales se discutan, aunque sea marginalmente, temas filosóficos, es un indicio de que la filosofía académica tiene todavía algo que decir a la humanidad. Si buscamos en redes sociales, por ejemplo, lo que dijo Platón en El banquete, hay miles de textos, videos e imágenes sobre esa temática. Lo mismo sobre Marx y muchos más. Entonces imagino que eso significa que todavía hay un público interesado en esos testimonios del pensamiento filosófico. O sea, creo que la filosofía todavía contesta a preguntas generales que los seres humanos se hacen hoy: hacia dónde vamos, qué sentido tiene la existencia o la historia humana o por qué la crisis ecológica en el momento de la mayor prosperidad mundial.

En reiteradas ocasiones ha criticado que la filosofía posmodernista tiende a relativizarlo casi todo. Mario Bunge pensaba algo muy similar. En ese sentido, ¿cree usted que existan verdades absolutas a las cuales la filosofía debería tratar de acercarse?
Tengo una opinión mala sobre esas modas intelectuales que son muy fuertes y atraen a mucha gente. Corresponden a estados de ánimo de grandes capas sociales y también a necesidades siempre rápidas de muchas personas jóvenes actuales. Pero todo ello no garantiza la calidad intrínseca de esas teorías.

Para mí, todo lo que vino con el posmodernismo (o sea con la sucesión Foucault, Derrida, etcétera) tiene el carácter de lo relativo y fácil, y creo que ahí estriba su enorme popularidad mundial, que ciertamente es envidiable. Es un signo del tiempo, de una sociedad acelerada que quiere respuestas fáciles y simples, que no tiene tiempo para reflexionar y no desea hacer un esfuerzo intelectual profundo. Entonces caen muy bien esas teorías relativistas explicadas con palabras altisonantes. Pero no es algo que tenga una sustancia que vaya a perdurar, creo yo.

Por otro lado, me resulta dudoso que existan verdades absolutas, no conozco ninguna hasta ahora. Un gran avance de la cultura fue el avance de la filosofía griega. Sócrates, en uno de los diálogos platónicos, se pregunta qué es la justicia, la verdad, el sentimiento religioso, la valentía, pero aquellos son diálogos aporéticos: muestran la complejidad del problema, pero no llegan a conclusiones definitivas. Justamente eso fue lo bueno de la filosofía: permitió que el ser humano progrese pensando, sin dejarle creer que existen verdades definitivas.

El mundo hoy enfrenta una crisis de los ecosistemas. ¿Cómo podría comenzar a solucionar el problema (si es que hay solución)?
Hay un desdén que continúa hasta hoy. Por ejemplo, los que protestan contra los incendios en la parte oriental del país son unas pocas personas, que tienen mayor sensibilidad respecto al paisaje natural y su belleza estética. Pero los incendios son causados por una masa muy grande de gente, en la que hay de todo, como empresarios (soyeros, ganaderos), quienes de forma sistemática provocan incendios para agrandar la frontera agrícola y tener más tierras, por ejemplo, para sus hatos de vacas; lo mismo los soyeros, o los cocaleros, o los campesinos simples.

Y luego está la idea de que el progreso son el cemento, los caminos pavimentados o las casas de cemento y de que los árboles o los animalitos son fenómenos de muy escaso reconocimiento por la mayoría de la población. La inmensa mayoría de la población boliviana es indiferente ante cualquier daño ecológico. Más o menos lo mismo se opina en países como Brasil o Indonesia. El ser humano destruirá su pequeño hábitat por un pequeño éxito cortoplacista.

En este sentido, ¿cómo ve el asunto de la natalidad en el mundo? ¿Cree que hay una despreocupación generalizada sobre la cuestión?
En China, durante décadas, hubo la prohibición de tener más de un hijo por pareja. La jefatura comunista, en algún momento, contradiciendo lo que ella había propuesto en las grandes conferencias sobre ecología y demografía de la ONU en los 70, donde había propuesto ilimitada reproducción de la humanidad e ilimitada explotación de los ecosistemas, se dio cuenta de que ello era insostenible para su propio país y tomó esas modestas medidas de control demográfico. O sea, en el mundo hay algo de preocupación sobre el asunto. Pero sucede que todavía es muy fuerte la idea de que la tierra es ilimitada o de que podemos reproducirnos cuanto queramos, cosas que no tienen que ver con ciencia, sino con emociones, y como son emociones ligadas al erotismo, nadie quiere pensar en la necesidad de una contención demográfica.

Lamentablemente, las iglesias (sobre todo la católica), bajo el precepto de reproducirse y dominar el mundo, tuvieron un papel malo y hasta criminal en este sentido. La historia de la humanidad es una historia de no pensar a largo plazo. Las grandes ideologías, como el marxismo o las de algunas iglesias, en ese plano han fracasado.

Finalmente, en este mundo tan complejo, amenazante e impredecible, en el que, al mismo tiempo, el ser humano posee un poderío técnico y económico sin precedentes, ¿habrá posibilidades de evitar la catástrofe o una luz al final del túnel?
Claro. Siempre hay la posibilidad de que haya gobiernos más o menos responsables, estadistas que piensan a largo plazo o sectores de la juventud que no se dejan embaucar por modas momentáneas. Pero posiblemente sean minorías. El problema es que la felicidad y la prosperidad futura de la humanidad no están garantizadas automáticamente. Puede ser que los siglos venideros sean de penurias colectivas. Por la enorme población, los recursos naturales son muy limitados y en algún momento no alcanzarán para todos.

El problema fundamental es que el ser humano nunca se conforma con lo que tiene: sus deseos son siempre crecientes. Entonces, cuando una sociedad llega a un plano y alcanza un nivel económico y técnico luego de mucho esfuerzo, ya está viendo la posibilidad de seguir creciendo o avanzando. Los deseos son infinitos y los medios, finitos. Pero este es un problema difícil de explicar a las masas incultas.

LIBRO

Ͱ OBRA · “Sociedad dislocada, Estado autoritario y desastre ecológico” se publicó en 2023.  

Ͱ FORMACIÓN · H.C.F. Mansilla  estudió ciencias políticas y filosofía.

Ͱ DOCENCIA · Fue profesor visitante  en varias universidades del mundo.