martes 21 de abril de 2026

Contra viento y marea

Retratos de un islamista, un judío y un cristiano

El desaparecido expresidente norteamericano hizo mucho en favor de la humanidad, y a pesar de la actual crisis de Medio Oriente, enseñó que hay políticas de Estado que pueden ser modificadas cuando el fin es la paz.
sábado 04 de enero de 2025

Luego de atravesar la península del Sinaí asistidos por un beduino, cruzar la línea fronteriza de Egipto y llegar al puesto de control migratorio de Israel, mi primera impresión en este territorio fue la notoria diferencia que había con el edificio que unos metros atrás había quedado para mí, cuya modestia, en términos de acabado y mueblaje, contrastaba ampliamente con el que albergaba a los funcionarios judíos. Era una estructura propia del primer mundo. Y cuando a mis acompañantes y a mí nos invitaron a tomar asiento en un confortable recibidor, lo segundo que provocó mi atención fue una fotografía de gran dimensión enmarcada en un delicado bastidor que rodeaba a Menahem Begin y Anwar Sadat, primer ministro de Israel y presidente de Egipto respectivamente, en la década de los setenta. Pero en medio de los dos líderes estaba la figura sonrisueña de Jimmy Carter, promoviendo un apretón de manos entre los —hasta entonces— irreconciliables mandatarios.  

Para mí, fue la representación gráfica de un hecho histórico mundial que, quién sabe por qué razones, estaba ahí colgada en esa pared, una representación de cuando Israel quedó en una frágil pero valiosa paz con Egipto, pese a que luego no respetó otros compromisos de ese célebre acuerdo promovido por un gringo, miembro de un repertorio de presidentes de la primera potencia mundial que, dicho sea de paso, tampoco tiene tradición de imparcialidad en la resolución de conflictos internacionales.

La Guerra de los Seis Días de 1967, en que Israel hizo su primer ataque preventivo a los árabes que lo rodean, fue el inicio del conflicto, habiendo tomado la franja de Gaza y la Península del Sinaí por varios años. Para el acuerdo de paz, y contra todo pronóstico dada la antigua enemistad entre árabes y judíos, el presidente Anwar Sadat fue el de la iniciativa, pero fue un excepcional hombre de paz como Jimmy Carter el que en la casa de retiro de los presidentes de los Estados Unidos de América hizo posible lo que por muchos años el mundo pensó que jamás ocurriría. Los resultados de ese histórico acuerdo contemplaron la devolución de la Península del Sinaí a Egipto, un marco de paz en Oriente Medio y la normalización de las relaciones entre los dos países vecinos.

El presidente Carter, quien gozó de mucha popularidad en el mundo, más que en su propio país incluso, fue el artífice de la devolución del Canal de Panamá con plena soberanía para Panamá en 1999. Ese fue otro suceso histórico de su prolífico activismo. El 31 de diciembre último se cumplieron 25 años del control irrestricto y soberano por parte de su legítimo propietario.

Ha muerto el hombre conciliador por excelencia, con personalidad y formación humanista y de fe cristiana y que raramente renunciara a la aceptación de sus propios gobernados a cambio de una contribución verdaderamente efectiva para el mundo, para las relaciones internacionales y para el reconocimiento de la soberanía de los pueblos más débiles. La impronta de su legado se ha extendido a la defensa obstinada de los derechos humanos y de las democracias, particularmente en Latinoamérica. Ha mediado en conflictos como los de Haití y en la crisis de Corea del Norte en 1994 y fue también un luchador por la niñez en el mundo.

Desde mi punto de vista, y aunque las ambiciones humanas y el fanatismo religioso desvirtuaran con los años posteriores el célebre abrazo de Camp David que significó el Nobel de la Paz para Anwar Sadat y el exterrorista de la ultraderecha Menagem Begin, a los cien años de edad dejó este mundo un hombre de talla gigante en lo moral, en lo diplomático y en lo político: Jimmy Carter, también premio Nobel, nunca más merecido, ya que fue de esa estirpe de hombres que el mundo parece producir cada vez menos y a los que se echará de menos cada vez más.

Begin tuvo una actitud más bien impositiva en el proceso de paz de Camp David, pero Carter, fiel a los principios del Evangelio, logró un abrazo entre la Torá y el Corán, abrazo que el expansionista Israel más temprano que tarde deshonró, pues incumplió algunos de los acuerdos en los que Carter había contribuido decisivamente. El desaparecido expresidente norteamericano hizo mucho en favor de la humanidad, y a pesar de la actual crisis de Medio Oriente, enseñó que hay políticas de Estado que pueden ser modificadas cuando el fin es la paz. “La ecuanimidad y no la fuerza deben estar en el centro de nuestros tratos con las naciones del mundo” fue no solo frase suya, sino práctica de real humanismo de aquel cristiano.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.

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