lunes 13 de abril de 2026

Es escritor y panadero de oficio

Luis Raimundo Quispe, el escritor de batalla de la ciudad más joven

Es autor de "La Equis" y "Ciudad Apacheta", entre otras obras. Es una de las voces más representativas de la literatura alteña y protagonista de la Feria Internacional del Libro de El Alto. En una entrevista, narra cómo es su día entre las letras y el oficio de elaborar las marraquetas.
Luis Raimundo Quispe Flores chapea la masa para el pan de batalla en el horno de su casa, en la ciudad de El Alto. Foto: Carlos Sánchez Navas
Luis Raimundo Quispe Flores chapea la masa para el pan de batalla en el horno de su casa, en la ciudad de El Alto. Foto: Carlos Sánchez Navas
viernes 04 de abril de 2025

Luis Raimundo Quispe Flores comienza a dormir entre las nueve y nueve y media de la mañana, luego de terminar de repartir panes en los barrios de la ciudad de El Alto. Minutos antes, como si fuera la cena, desayuna y aprovecha el tiempo para jugar con su niño. Es decir, duerme mientras brilla el sol.

Esa rutina puede variar, pero en general despierta para almorzar con su familia. “Después, hago algo en la casa, como arreglar grifos o lavar el auto. Luego, comienza el trabajo como tal, que es chapear la masa del pan”, cuenta.

“Mi papá es el capo, yo le ayudo”, dice Luis Raimundo, al contar que su rutina de panadero viene de sangre, de una herencia familiar. Describe que trabaja con su papá entre las 17.00 y 19.00. Después, tiene un tiempo para ayudar a su esposa y cuidar a su bebé. 

Su oficio de panadero arranca oficialmente a las 19.15. “A esa hora empieza el trabajo duro. Primero comienzo a chapear batalla, un quintal y medio. Es lo más fuerte”, explica mientras hace un ademán de cómo trabaja los brazos para amasar el pan de batalla, “la marraqueta de todos los días”.

“Después comenzamos a hacer el pan redondo, cauca,  cachos, manteca, lo surtido”, cuenta. Así, comienza a salir la primera horneada.

Hacen bolas y aplastan la masa hasta las 23.00.  De ahí, su papá y su hermano menor se encargan de hornear. “En ese tiempo, tengo un descanso de dos horas. Después, bajo, hago las bolitas del pan de batalla y las horneo. Ese proceso dura hasta las cuatro o cuatro y media de la mañana”.

Luego de terminar de hornear las marraquetas, se encarga de las caucas. Concluye todo generalmente a las 5.30.  Tiene entre 30 y 40 minutos para descansar, para dormir un poco.

Despierta y se alista para salir en un minibús a repartir los panes. Va con su papá; ambos son un equipo: uno cuenta, el otro maneja y ayuda a las caseras de las tiendas a cargar las canastas repletas de pan. El recorrido concluye a las nueve de la mañana, cuando para él termina su día y para los demás comienza la jornada.

Así es una rutina habitual para Luis Raimundo Quispe Flores, quien, además de ejercer su oficio de panadero, es uno de los escritores alteños más destacados. No por nada, el año pasado fue uno de los protagonistas de la primera Feria Internacional de El Alto. Y este 2025 no será la excepción.

Luis Raimundo muestra sus dos libros, en las casetas de los yatiris alteños, a unos pasos de la estación de Faro Murillo de la línea Morada del Teleférico. Foto: Anahí Cazas

Es autor de La Equis y Ciudad Apacheta. En su biografía, publicada en sus obras, describe que “nació en una vivienda a medio construir que luego se convirtió en su lugar de trabajo, el hogar que nunca ha abandonado”.

“Hizo su servicio militar el año 2001. Fue herido en el muslo por siete balines en la denominada Guerra del Gas. Es egresado de la carrera de Literatura de  la Universidad Mayor de San Andrés. De oficio panadero”.

En la semana, casi día por medio, Luis Raimundo tiene días libres, jornadas en las que se deja llevar por otra de sus grandes pasiones: la literatura. “Esos días escribo; lo que cambia en esta rutina es que, a partir de las nueve de la mañana, agarro mi coca, mi cigarro, un poco de alcohol y escribo hasta las 13.00 o 13.30”, dice. Ahí ya no almuerza con su familia, solo descansa un poco y vuelve a su oficio de panadero, a chapear la masa.

Luis Raimundo tiene cinco hermanos. Aprendió el oficio de panadero a los 14 años, primero por legado familiar y luego por gusto.

“Me he mantenido aquí, en parte por varias razones. Me permitía tener materias en la tarde y en la noche, a diferencia de un trabajo normal que no me hubiera permitido hacer eso. Lo bueno es que trabajo en la madrugada”, dice, al recordar su vida de universitario en la carrera de Literatura.

Egresó y siguió con su oficio de panadero, primero porque no encontraba otro trabajo, y también porque su papá  enfermó y necesitaba ayuda. Fue entonces cuando comenzó a trabajar a tiempo completo en el horno, a dar batalla a la vida. Ahora, en los últimos tres años, sigue en este oficio porque le da la posibilidad de pasar más tiempo con su familia.

“Si bien trabajo más de 12 horas, lo hago en casa. Y en ese tiempo, puedo estar con mi familia. Tengo el privilegio de cenar, almorzar y desayunar con ellos. En especial, ahora debo cuidar a mi bebé, que es lo que más me hace saltar el corazón”, asegura.

En febrero de 2024, cuando ofreció esta entrevista en la estación de Faro Murillo de la línea Morada del teleférico, su niño tenía siete meses; hoy ya está bordeando los dos años.

Tiene muchas historias que escribir. Hace cuento, novela y crónica. Una de sus ideas es narrar sobre el oficio de los panaderos, la vida de una dirigente vecinal o de un minero; también el perfil de su hermano que vende con éxito chicharón de llama en Argentina.

“Quiero profundizar más en la relación del alteño con el trabajo”, asegura y explica que quiere, además, mostrar en sus relatos, desde los conflictos pasados hasta los actuales, de su urbe, de sus raíces y de él. Y es que hay un hilo delgado entre sus experiencias de vida y sus letras

Por ejemplo, en La Equis, su primera novela publicada por la editorial alteña Sobras Selectas en 2019, explora su propia niñez para contar historias de El Alto, en especial para mostrar el choque de visiones.  En 2024 lanzó una segunda edición de su obra, esta vez con el grupo editorial  Kipus.

Para Luis Raimundo, su novela aborda la vida de un padre y sus hijos, quienes siguen adelante sin la presencia de una madre. Explica que es la X de la ecuación matemática, es decir que muestra cómo esa ausencia afecta a los niños, “a sus hermanos y a él”.
En esa trama, El Alto es también una de las protagonistas; es el escenario del choque entre la visión andina rural y la urbe. Ese “choque”, de alguna manera, golpeó su vida, por eso su mamá se fue y abandonó su hogar.

El escritor alteño y, en el fondo, la vista de la ciudad de El Alto desde la línea Morada del teleférico. Foto: Anahí Cazas / Visión 360

Para Magdalena González Almada, doctora en Letras y licenciada en Letras Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), La Equis “configura la territorialización de la ausencia a partir de una marca que se potencia en la polisemia del signo. La X es, por un lado, un mojón, una marca territorial en la que El Alto adquiere su máximo sentido como espacio narrativo”.

“En la territorialización de la ausencia, El Alto es el lugar en el que se escriben las experiencias y las emociones en su propia lógica de ciudad encabalgada entre el Altiplano y la hoyada. Pero además, la X es una marca que expone la incógnita de un pasado desconocido, provocado por la ausencia de una figura que trastocó la conformación familiar del narrador, que atraviesa el plano de las emociones de los personajes. La X es, entonces, una marca material –territorial– y una marca emocional”.

En su segundo libro, Ciudad Apacheta, Luis Raimundo mantiene su esencia, su mirada personal, pero esta vez en diez relatos de no ficción en los  que explora la construcción narrativa y la reflexión identitaria de El Alto. Fue publicada en 2023 por la editorial Sobras Selectas.

Ciudad Apacheta invita a adentrarse en la vida de un alteño que ha atravesado momentos con los que muchos de sus conciudadanos pueden identificarse. Plantea varias preguntas, que es todo lo que todo buen libro debe hacer, acerca de la identidad del alteño y su posición en el mundo andino. En otras palabras, atañe a los alteños y a cualquier no alteño que busque entender mejor a esta ciudad”, escribe en la contratapa del libro el escritor Gabriel Zuna Escobar.

Para la especialista Tatiana Vargas Condori, en los relatos de Ciudad Apacheta, “la edad del escritor le permite presentarnos los cambios generacionales de la urbe con facilidad”. “Los 38 años de El Alto son rápidamente descritos en los párrafos  que describen a un niño asustado por invadir una zona que no es suya, al adolescente que sufre en el servicio militar por su procedencia y al adulto que muestra los logros obtenidos gracias a su propio trabajo”, agrega en la contratapa de la obra.

Luis Raimundo ha publicado sus trabajos en varias antologías. Este año, formó parte de Mapamundi boliviano, una colección de microcuentos. Además de ser panadero y escritor, él siempre está dispuesto a participar en todo tipo de actividades literarias y culturales, en especial en las que buscan fomentar la lectura. Es por eso que ha llevado sus obras a los colegios, para motivar a los niños y a los jóvenes a leer, a escribir, a dejarse seducir por el mundo de las letras.

Y esa pasión por escribir lo ha llevado también a ser uno de los protagonistas de la primera Feria Internacional de El Alto en 2024. Hoy, en la segunda edición de este encuentro literario, también ocurre lo mismo.

Ese compromiso con su ciudad, con sus lectores, lo lleva a tener posturas firmes. Por ejemplo, asegura que no le gustan las personas que dicen: “la gente no lee”. “Más allá de eso, tienen que comprender el hecho, primero, que somos descendientes aymaras; no somos una cultura dedicada alrededor de la escritura, no tenemos genéticamente eso; entonces estamos comenzando desde cero. Debemos comprender que nuestros padres están más preocupados por pagar el terreno y la comida”, dice.

Ahora, según explica Luis Raimundo, ya se tiene una burguesía alteña, una clase media en El Alto, en la que muchos jóvenes comenzarán a leer y a seguir una carrera profesional. Incluso, en la actualidad, ya han surgido firmas de destacados escritores alteños; ya se tiene una propia Feria Internacional del Libro, ya se tiene un mercado, ya se tienen lectores, a los que, al igual que el pan de cada día, un libro será una prioridad diaria. Y él está dispuesto a alimentar el cuerpo de la gente con panes de batalla y el alma con libros.