lunes 20 de abril de 2026

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Santa Cruz inicia asรญ un nuevo ciclo: uno que combina juventud, expectativa y una fuerte carga simbรณlica.

La irrupción de JP Velasco en la política nacional —calificada en su momento como improvisada durante la elección nacional— se dio bajo el padrinazgo de Jorge Tuto Quiroga, con su aparición inicial como candidato vicepresidencial.

Sin embargo, su verdadero salto se consolida con su elección como gobernador de Santa Cruz. Más que una victoria electoral, su llegada instala una narrativa clara: el relevo generacional en el poder.

Velasco construyó su imagen sobre esa idea, no solo desde el discurso, sino también desde los gestos. El momento más simbólico se produjo en el último debate, cuando se dirigió a su contrincante como “Don Otto”, marcando una distancia no solo política, sino generacional. No fue un descuido, fue una estrategia. Interpeló directamente al electorado cruceño con una pregunta implícita: ¿prefieren la Santa Cruz del ayer o la de hoy? Y los votantes, claramente, optaron por pasar la página.

Buena parte de esta victoria la tiene Tuto, quien lo sacó del anonimato en la escena política nacional. Y quien hoy, tras su derrota en segunda vuelta frente a Rodrigo Paz, decidió asumir un rol opositor activo. 

Jorge Tuto Quiroga suma dos alfiles en el ajedrez político. Con las gobernaciones de Pando y Santa Cruz, fortalece su presencia territorial y reconfigura el tablero nacional. No se trata solo de poder regional: en el caso de Santa Cruz, implica además gravitación en el eje económico del país que podría proyectar incidencia en el debate nacional.

No en vano ha elevado su tono; en ocasiones, incluso parece acercarse a narrativas que antes criticaba, generando la percepción de un eco incómodo en el escenario político. Hay quienes sostienen, además, que este giro lo perfila —de manera prematura— como candidato para las próximas elecciones nacionales.

En ese contexto, JP Velasco enfrenta su mayor desafío: demostrar que no es únicamente el “delfín” de un líder político, sino un gestor con identidad propia. Ha planteado una visión ambiciosa: convertir a Santa Cruz en un departamento adaptado a los nuevos tiempos. No es una meta menor, especialmente en un país donde la articulación entre niveles del Estado suele ser compleja.

Y ahí radica una de las claves de su gestión. Velasco ha reconocido, en sus primeras declaraciones como gobernador, que sin coordinación con el gobierno central y los otros niveles del Estado, sus objetivos serán difíciles de alcanzar. Este reconocimiento no es debilidad, sino una muestra de realismo político.

Santa Cruz inicia así un nuevo ciclo: uno que combina juventud, expectativa y una fuerte carga simbólica. Pero más allá del discurso generacional, el verdadero examen será la gestión. Porque en política, el cambio no se proclama: se demuestra.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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