miércoles 6 de mayo de 2026

Sindicatos “New Age”

Es tiempo de extirpar éste cáncer de corrupción que insisten en mantener los creadores de la dictadura sindical.

Los sindicatos han sido en sus orígenes un indispensable acierto histórico, constituyéndose sin ninguna duda entre finales del siglo XIX y buena parte del XX, en instrumento de justicia y avance social. Aquellos verdaderos sindicatos asumieron decididamente la defensa de la clase trabajadora, consiguieron avances que lograron acabar con la explotación existente consiguiendo una jornada laboral de ocho horas diarias, han logrado que existan los permisos por maternidad, que las vacaciones sean pagadas, el seguro social para la atención médica de los trabajadores, entre muchas otras que beneficiaron ampliamente a los sectores fabriles, obreros, etc., por lo que debemos reconocer que la labor de aquellos sindicatos ha sido extraordinariamente meritoria.

Muy al margen de su naturaleza histórica y del aporte significativo que alcanzaron en la consecución de los derechos laborales, en la actualidad los sindicatos “new age”, han perdido su esencia y, paradójicamente en lugar de evolucionar, han ido involucionando tal como puede apreciarse en países como Corea del Norte, Cuba o Bolivia, donde los “sindicatos” carecen de cualquier papel real en la defensa de los trabajadores, convirtiéndose en instituciones anacrónicas poco representativas, que sirven como cajas de resonancia para las consignas ideológicas y banderas de guerra de los partidos nacionalistas y populistas de izquierdas fundamentalmente, que buscan constantemente generar conflicto

En Bolivia específicamente, un buen número de sindicatos ha dejado de ser defensor de los trabajadores, para convertirse en “lobbies” parasitarios que actúan al servicio de un partido político –con el que cogobernaron en las últimas dos décadas–, con la única finalidad de influir de forma negativa en las decisiones de los poderes públicos y obtener algún beneficio o interés particular de las cúpulas dirigénciales que viven totalmente alejados de la realidad por la que atraviesa el país.

Son escasas las instituciones en Bolivia, públicas y privadas, que mantienen sindicatos sólidos con un fuerte nivel de sindicación, la mayor parte, en algunos casos por un descontento de parte de sus afiliados diezmaron notablemente. Se suma a este factor el cierre de fábricas y empresas privadas que han incrementado el desempleo llegando a superar el 80% de trabajadores en el sector informal de la economía. Ante éste panorama, la representatividad sindical es paupérrima y los efectos de sus demandas tienen un efecto profundamente negativo en la economía de aquellos trabajadores independientes o cuentapropistas que al final del día, terminan asumiendo los incrementos del coste de vida.

Es paradójico ver como los intereses de los trabajadores no son los mismos que el de los sindicatos “new age”, que más que representantes de sus bases sociales son hoy en día un cuerpo externo lleno de privilegios que se mueve políticamente en función a consignas y demandas cargadas de ideología partidaria, acostumbrados a vivir del presupuesto del Estado, sin trabajar. Una cúpula dirigencial corrupta y parasitaria que gana ingentes cantidades de dinero sin trabajar, paradójicamente, es la que reclama por los derechos de aquellos que quieren trabajar y a la que estos “sindicatos” no se los permiten.

Es apreciable que el peso que tienen los sindicatos “new age” ante la sociedad boliviana cada vez es menor, en buena medida, porque sus demandas y reclamos son inútiles, oportunistas y con un trasfondo político que no convence ni siquiera a sus más allegados. Segundo, porque representan la corrupción institucionalizada durante los últimos veinte años, al haberse convertido en cómplices del modelo económico que ha destruido la economía del país y ha conformado un nuevo segmento social de dirigentes millonarios que siguen intentando justificar ante la justicia el origen de sus grandes fortunas.

Los sindicatos “new age” son un bloque aparte al de los trabajadores, la mayoría de sus “representantes” no han desarrollado una actividad laboral normal, sino que por el contrario están acostumbrados desde hace décadas a vivir como ejecutivos de altos cargos, sin compartir ni mucho menos comprender las necesidades y los esfuerzos de los trabajadores. Por esa razón, no pocas veces causa espasmo su completa ignorancia del mundo empresarial, su sectarismo ideológico y su particular manera de vivir como clase social privilegiada que desprecia a aquel (trabajador) que, sin saberlo, paga de su bolsillo las jugosas subvenciones que reciben mes a mes estos parásitos de la economía.

Es tiempo de extirpar éste cáncer de corrupción que insisten en mantener los creadores de la dictadura sindical, manteniendo a aquellos que viven de los impuestos de los contribuyentes, ajenos a la realidad y los problemas que afronta el pueblo boliviano y ante el que presentan medidas que en lugar de atender sus necesidades y mejorar sus condiciones de vida, los perjudican. ¿Por qué Seguir manteniendo a grupos que carecen de arraigo y representatividad social? Es tiempo de que la sociedad se pregunte ¿Por qué los contribuyentes deben mantener a estos parásitos que no aportan en nada y son únicamente gigantescas máquinas de negociar su auto beneficio?

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

Temas de esta nota