viernes 10 de julio de 2026

Líbero

Política, populismo, wokismo y fútbol

Trump le metió nomás. La FIFA, también.  Y su tribunal, tras el telefonazo, “arregló” el entuerto según los deseos de Trump, gracias a tinterillos hábiles para la gambeta, de tal modo que se aplicó el artículo 27 de reglamento para dejar en suspenso hasta por un año la roja directa contra Balogun.
viernes 10 de julio de 2026

No vamos a descubrir el agua tibia: la política está estrechamente vinculada con el fútbol. Hay un puente entre los estadios y la arena política, incluso antes de Roma. Pero lo que ha sucedido en este Mundial, en el caso de Folarin Balogun, el goleador de la selección de Estados Unidos, establece un precedente funesto.

Ha quedado fuera de duda que el presidente estadounidense Donald Trump llamó a Gianni Infantino, el mandamás de la FIFA, y como por arte de magia el expulsado Balogun pudo disputar el partido de octavos que su equipo finalmente perdió contra Bélgica (4-1).

A confesión de parte, relevo de pruebas: “Pedí una revisión porque pensé que no era falta”, admitió Trump. Pero lo que rodea al telefonazo del hombre más poderoso del planeta revela que ni siquiera supo qué era lo que pedía: “Pensé que fueron dos grandes atletas que chocaron entre sí”, calificó de “horrible” la decisión del juez de ese cotejo, al que apostrofó de “muy dudoso”, mientras se preguntaba “¿cómo se le castiga para un partido que ni siquiera se ha jugado?”. El offside del republicano, con respecto a sus conocimientos sobre el balompié, quedó en evidencia cuando reconoció que “no sabía qué diablos era una tarjeta roja”. No lo sabía, pero eso no es importante si se maneja tanto poder. Y cuando no se respetan los límites a los poderes, establecidos por las normas jurídicas, un presidente asume el papel de juez.

Trump le metió nomás. La FIFA, también.  Y su tribunal, tras el telefonazo, “arregló” el entuerto según los deseos de Trump, gracias a tinterillos hábiles para la gambeta, de tal modo que se aplicó el artículo 27 de reglamento para dejar en suspenso hasta por un año la roja directa contra Balogun.

Atónitos, los belgas argumentaron que el artículo 66.4 del reglamento expresa tácitamente que “una tarjeta roja conlleva automáticamente la suspensión del jugador para el siguiente partido, como ha ocurrido con todas las tarjetas rojas emitidas anteriormente durante esta Copa Mundial de la FIFA”. La contundencia normativa cayó en saco roto, al igual que las protestas de las federaciones europeas, agrupadas en la UEFA, y del mundo futbolístico ante la decisión de habilitar al goleador estadounidense.

El razonamiento jurídico de la UEFA, en un comunicado al respecto, es inapelable: “A veces las reglas están abiertas a interpretación. En este caso, no… La suspensión automática de un mínimo de un partido tras recibir una tarjeta roja no es una opción discrecional y no requiere la decisión de un órgano competente para aplicarse”. Es decir, sobraba la actuación de los leguleyos. La conclusión del análisis jurisprudencial de los europeos es lapidaria: “Cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por sus guardianes, la integridad del juego está en peligro”.

Fantino ha defendido la habilitación de Balogun al afirmar que el tribunal que procesa el caso es independiente e imparcial, por lo cual sus decisiones deben aplicarse.

Si una llamada de Trump tiene como consecuencia la vulneración de las reglas que sostienen al fútbol, quiere decir que la institucionalidad es permeable al poder político. ¿Cuáles serán las consecuencias para Fantino? Se ha establecido un precedente negativo, porque si una tarjeta roja directa no necesariamente tiene como consecuencia mínima una suspensión automática en el siguiente partido, ¿qué impide a cualquier seleccionado solicitar el mismo tratamiento? ¿Todos son iguales o es que hay equipos de primera y de segunda? Lo otro es que todo siga como siempre.

Pero en este torneo también se han expresado otras vertientes políticas como el populismo y el wokismo.

El seleccionador de Paraguay, el argentino Gustavo Alfaro, desembarcó en este Mundial con un discurso populista, que fue más notorio tras el triunfo guaraní que eliminó a Alemania. El populismo es una corriente política que se arroga la representación del “pueblo” contra una élite o casta calificada como corrupta.

"Los que tenemos enfrente están formados en academias de primer nivel en Europa. Nosotros venimos de la tierra colorada. La camiseta que tenemos son las franjas de la tierra colorada, jugando descalzos en esa tierra, con el sacrificio de los padres para tratar de llevar a los chicos a que puedan entrenar... ", afirmó Alfaro. Poco menos que una lacrimógena novela turca en la cual pelean ricos contra pobres y buenos o “víctimas” contra malos o delincuentes, aunque este discurso no se sustenta en la realidad, si se toma en cuenta que jugadores como Almirón, Enciso y Gómez, entre otros, tienen ingresos millonarios en las grandes ligas del fútbol y nunca juegan descalzos.

El discurso populista de Alfaro tenía como principal objetivo encubrir el juego hiperdefensivo y brusco de su equipo, al borde del reglamento, que quedó en evidencia en el encuentro en que quedó eliminado ante Francia y que causó una controversia entre el astro francés Kylian Mbappé y la senadora paraguaya Celeste Amarilla. No vamos a reproducir los insultos racistas contra el goleador galo vertidos por Amarilla, quien quiso apoyarse en su condición de mujer no sólo para procesar por violencia de género sino para cancelar -es la promoción de la censura o boicot social contra una persona- al jugador, pero cuya pretensión fue repudiada no sólo en su país sino en Europa. El wokismo tiene como propósito imponer una agenda ideológica, por lo general de izquierda o populista, que fomenta la división social, coarta la libertad de expresión y apela a una suerte de muerte civil del “enemigo”.

Así, mientras Celeste Amarilla recibía una merecida roja, Mbappé conducía a la escuadra francesa a semifinales ante Marruecos (2-0), para reafirmar que el fútbol no debería admitir intromisiones políticas de ningún color ni signo.