2024-02-16

Su pasión nació en medio de la precariedad

Roly Mamani utiliza la tecnología como un “superpoder”

El ingeniero en electrónica considera que la robótica es lo más cercano a tener poderes y afirma que ese “don” lo usa para democratizar la tecnología.

Visión 360 / La Paz

La casa museo de Roly Mamani es un oasis tecnológico en medio del valle de Achocalla. Allí todo parece cobrar vida, desde el zumbido de los motores de las siete impresoras 3D, hasta el perro y la planta carnívora, que también son robots. A un costado, en la sala principal, están las prótesis de brazos que lo llevaron a la fama en 2017. Desde entonces, su trabajo cambió la vida de centenares de personas.

Así es el laboratorio de este creador, para quien la robótica es un “superpoder” que le permitió fabricar extremidades para personas necesitadas.

Oriundo de Achocalla, Mamani relata que el ímpetu por crear cosas nació en el colegio, lejos de la tecnología y con la creatividad como principal herramienta. En ese entonces, los profesores le pedían realizar experimentos, como crear volcanes o diseñar dinosaurios, actividades que alimentaron su deseo de crear. “Esa pequeña chispa fue el boom para poder elaborar todo lo que estoy haciendo hoy”, reconoce. 

Esas experiencias, según cuenta, fueron las que lo llevaron a estudiar ingeniería electrónica en la Universidad Pública de El Alto. Para él y sus hermanos esto significó un gran logro, pues son la primera generación de su familia en poder ir a una casa de estudios superiores, y lo hicieron gracias a su propio esfuerzo. “Mis papás siempre nos han apoyado moralmente y con lo que han tenido”, agrega.

Pero más allá de la universidad, fue el modo de ver la vida, lo que destacó a este joven por sobre los demás y lo que le dio el impulso para apostar por un sueño más grande, al que él llama libertad. “El sistema universitario está creado para generar mano de obra calificada, para crear empleos a escala, eso se escuchaba antes, porque estábamos en la revolución industrial y ahora las cosas están saturadas, es por eso que creo que cuando estudiamos una carrera, más allá de ser profesionales, tenemos que ser una fuente de libertad”, destaca.

La libertad implica para Roly Mamani trabajar en lo que le apasiona hacer, apostar por una iniciativa propia, poder subsistir de eso y compartir el amor por su negocio con otras personas.

Llegar a esta conclusión no fue sencillo para el creador de 34 años. Antes de elegir su carrera, durante 10 años, Mamani trabajó en mecánica electrónica mientras estudiaba y desarrollaba su proyecto de vida. “Ha sido difícil porque había deudas bancarias por pagar, estaba sin trabajo. Ha sido una decisión arriesgada, pero siempre que hagas las cosas bien vas a tener tu recompensa. Nada mejor que cada día te levantes haciendo realmente lo que te gusta hacer. Es mejor romperse la espalda para uno mismo”, explica Mamani sobre su pasión.

Esa “pasión” nació desde la precariedad en su niñez. No es casualidad que muchas de sus creaciones sean réplicas de personajes de ficción. Para Mamani, su éxito se debe a los tiempos difíciles, cuando su mayor deseo era tener juguetes.

“Cuando era niño no tenía juguetes y pensé que en algún momento iba a llegar algún familiar que nunca había visto, me iba a traer algo y yo iba a tener esa satisfacción que veía en muchos amigos en la época navideña. Nunca pasó y decidí hacer mis propias creaciones”, destaca orgulloso de sus robots.

Hoy, tiene una colección de juguetes robóticos únicos, con los que la mayoría de las personas tan solo puede soñar. Y es que, para él, la robótica es más que una ciencia o una fuente de ingreso, es un “superpoder”, con el que pudo otorgar brazos, manos u otras extremidades y la movilidad en ellos a centenares de personas.

Para Mamani, “el poder de regalar” a una prótesis a una persona que no tiene brazos, manos o dedos, además del movimiento de estos miembros, no tiene precio. Para el ingeniero en electrónica, la robótica es lo más cercano a tener poderes y afirma que ese “don” lo usa para democratizar la tecnología.

En esa búsqueda, recuerda cómo fue la primera vez que regaló una prótesis a una persona con discapacidad. Se demoró tres meses, pero lo logró. “Una nota se viralizó y al día siguiente desperté con 300 mensajes privados en Messenger y en otras redes. Pedían ayuda, preguntaban y me felicitaban. Luego aparecieron personas que me mandaron fotos de malformaciones, pérdida de dedos, brazos. Dificultades extremas. Fue muy fuerte porque era una gran carga y en ese momento me pregunté si podía continuar (con las prótesis) o si debía seguir con mis pequeños robots”. A la fecha, Mamani y su equipo ya han creado más de 400 prótesis.

Pero la solidaridad conlleva un costo. Él recuerda que cuando su primer acto de solidaridad se difundió, muchas personas creyeron que “Roly Mamani regalaba prótesis” y a raíz de esas publicaciones la gente le escribía y le mandaba fotos, exigiéndole ayudar a personas en situación de calle. “Pensaron que tenemos un contenedor de prótesis para distribuir”, resalta.

Sin embargo, la tecnología necesita mucha inversión y Mamani explica cómo enfrentan este problema. “Para hacer el negocio auto sostenible, trabajamos con personas pudientes que pagan su propia prótesis. Además, muchas veces trabajamos con instituciones privadas y públicas que invierten en responsabilidad social y ellos patrocinan a las personas que requieren una prótesis. Ellos se comunican con nosotros, elaboramos según el costo que podemos, para que ellos paguen y que las empresas patrocinen. A veces nos sobra material y podemos donar prótesis con esos materiales”, destaca.

Él hace el esfuerzo para ayudar. “No me gusta sentir impotencia, no me gusta ser como los demás que cuando ven a una persona que pide limosna saca una moneda, la más pequeña, y se la da. A mí no me agrada sentir eso, pero con la ayuda de la tecnología, cuando veo a una persona en esa situación yo busco soluciones”, confiesa.

Una de las piezas fundamentales de este proyecto es su hermano, quien es fisioterapeuta y colabora con la creación de las prótesis. Sin embargo, en el laboratorio-museo de Mamani trabajan tres personas de planta, además de pasantes y voluntarios. Para que ellos tomen un descanso en medio del trabajo, Mamani habilitó un juego de video en sus ambientes y planea instalar sillones para el descanso de los trabajadores.

El pequeño laboratorio y el museo no son los más grandes proyectos, sino que la próxima meta de Mamani es crear un Centro de Rehabilitación Biónica, donde se puedan crear más prótesis y exoesqueletos, tanto para personas como para animales que lo necesiten.

También tiene en mente crear un centro de desarrollo tecnológico, donde los que tengan ansias de saber de robótica, puedan aprender sobre la pasión de Roly Mamani.

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