2024-09-28

Contra corriente

La otra mirada al día mundial del turismo

Como ejemplo de nuestro estancamiento en este rubro es que no hemos recuperado las cifras prepandémicas.

Todos los años, desde 1980, se conmemora el Día Internacional del Turismo con diferentes propuestas que se llevan a cabo en distintos países, revalorizando de esta manera la importancia del turismo en todos sus ámbitos: cultural, económico, político y social. El lema este año es “Turismo y la Paz”. La misma en el sector turístico se manifiesta como herramienta esencial de la justicia social, apuntando a conciliar conflictos distantes de violencia. Este 2024 se centró en los viajes, sinergias culturales y desarrollo de gestiones sostenibles contribuyendo a la solución de conflictos, promoviendo la paz como eje vector del desarrollo.

Día que debería ser más para meditar sobre la incidencia de este rubro en el desarrollo económico, social y cultural de un país, reflexionar y sacar nuestra empatía al máximo sobre lo que está ocurriendo con nuestro medio ambiente, los ecosistemas, la biodiversidad en la Amazonía y la Chiquitanía boliviana con la quema indiscriminada e intencionada, a más también de no haber podido recuperar como país los índices prepandémicos que nos marcan la excepción a nivel sudamericano y mundial, cuando la mayoría lo ha logrado y sobrepasado su metas, y han sido parte de la reactivación de la economía global.

El nuestro además tiene que lidiar con ineptitudes e incapacidades desde las instancias gubernamentales que manejan el sector, con miopías, posturas funcionales y el no decir nada por parte del sector privado, ni hablar de las universidades y las carreras de turismo que hace décadas no tienen la autocrítica ni la capacidad de proponer cambios a sus currículas o programas académicos, no se alinean a los nuevos paradigmas y postulados del mercado y cómo conectar a la competencia que está generando la inteligencia artificial; aspectos que frenan el potencial turístico que nos jactamos tener pero que contribuimos poco en la práctica para su real desarrollo, aquí y allá, la idea es hacer plata y conservar lo que se tiene por merecimiento, temor o consigna política, para cerrar el círculo, están los problemas estructurales que el turismo boliviano ha arrastrado durante décadas.

Como ejemplo de nuestro estancamiento en este rubro es que no hemos recuperado las cifras prepandémicas, el pasado año hemos llegado a los 900 mil visitantes extranjeros todavía lejitos del 1,2 millones registrados en 2019, trabajo que hacer hay y mucho, y estas cifras no son resultado de estrategias o planes de promoción y posicionamiento internacional desde el ente rector del turismo en Bolivia, es el trabajo de las operadoras de turismo, que hace años promocionan el país con esfuerzo propio asistiendo a ferias internacionales y, obviamente, hoy por hoy, por las redes sociales que se han convertido en una herramienta eficaz de promoción.   

Otros ejemplos que tienen que ver con los impedimentos para un desarrollo integral y pleno del rubro son la falta de infraestructura turística adecuada, los servicios deficientes en los atractivos o zonas rurales, además de descuidados y pocos convertidos en reales productos turísticos, la informalidad y el monopolio aéreo, accesos deficientes y ausencia dramática de un sistema de señalización y de servicios básicos. Claro ejemplo de ello es la ciudad de Uyuni, entrada a nuestro emblema y magistral Salar, informalidad galopante, servicios deficientes y poco competitivos, viento y tierra en la mayoría de sus calles, donde la modernidad está totalmente ausente, servicios básicos como el agua bastante limitada, transporte turístico sin estándares de seguridad, choferes que hacen de guías, esto por la ausencia del ente rector del turismo y de la Gobernación en cuanto su competencia de regular y normar los servicios turísticos.  

Como ya dijimos, urge una política nacional de turismo, para dejar de hacer intentos de gestión que no nos llevan a ninguna parte, no hay visión de país en esta materia, por tanto caminamos sin brújula, sin este instrumento seguiremos postergados, improvisando y haciendo su labor cada subsector a como le parezca y cree que es mejor. El famoso gabinete de turismo es todavía una incertidumbre, los conflictos sociales y las pugnas políticas, que son más guiones preestablecidos, prevalece mas que atender la economía del país y al sector turismo que puede ser generador inmediato de divisas para el país.

A la par de hacer seminarios y foros sobre el rol de los observatorios turísticos, sobre el turismo religioso u otros, en la línea de la empatía manifestado más arriba, no era también vital debatir sobre propuestas y acciones que deben realizarse de manera urgente ante las consecuencias que dejará la quema y devastación de los recursos naturales y de nuestra biodiversidad en la Amazonía y Chiquitanía, que a estas alturas son 7 millones de hectáreas, y que afectará al desarrollo del turismo sostenible y al de las comunidades indígenas que habitaban estos espacios. O que las universidades a través de sus carreras de turismo hubiesen hecho manifestaciones pacíficas en el día mundial del turismo como solidaridad y empatía a estos sucesos dramáticos juntamente todos los sectores del turismo. Sin duda, también hubiese sido oportuno, como la reflexión profunda sobre nuestra realidad social, económica, cultural y turística, que debe ser consecuente y con la integridad que corresponde.    

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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