Yañee
¡Un siglo y el poder no pudo con ella!
Desde la fundación de la República siempre se planteó una normativa que regule los llamados “delitos de imprenta”. Es así que la Ley de Imprenta tiene su antecedente desde el 7 de diciembre de 1826, cuando empezaron su elaboración.
El poder de los inicios de la República era consciente que se debería dar ciertos márgenes a la prensa para que pueda investigar e informar de algunos secretos de Estado o hechos de corrupción, a la vez, la norma debería contener ciertos abusos que algunas fracciones revolucionarias venían haciendo a nombre de la prensa, con la difusión de panfletos, carteles, avisos de alto calibre.
El periodismo boliviano debe recordar que fue el Mariscal Andrés de Santa Cruz quien impulsó las garantías constitucionales de “escritores y periodistas” que se animen a denunciar actos irregulares de los agentes del gobierno, garantizando a la vez el secreto de la fuente o secreto del anónimo. Importante dato cuando este año se cumplen cien años de un instrumento legal que acompañó y acompaña el accionar de los periodistas en democracia y en dictaduras.
En la mañana del 19 de enero de 1925, el presidente de Bolivia, Bautista Saavedra, promulgó la Ley de Imprenta, luego que el Congreso Nacional aprobara -días antes- por unanimidad esta ley, que ha soportado tempestades de críticas, de intentos de abrogarla, de anularla, de modificaciones y de dejar fuera de juego por parte del poder de turno y de sus aliados en cada periodo o democrático o de dictaduras militares-civiles.
Este 19 de enero de 2025 la Ley de Imprenta cumplirá cien años de historia y de plena vigencia. Quizás los abogados, analistas, políticos se estarán preguntando ¿porqué esta ley duró todo este tiempo, si siempre fue el dolor de cabeza o la piedra en el zapato de los gobernantes y de sus militantes? ¿A qué se debe que en estos cien años ningún gobierno pudo derogar o poner en duda la vigencia de esta poderosa ley de imprenta? ¿Qué tendrá que ni la izquierda, ni la derecha, los militares, ni los neoliberales pudieron con los mandatos constitucionales de la Ley de Imprenta?
Sin duda, es para festejar el siglo de vida de esta ley que tiene tres principios fundamentales, que han permitido su vigencia y han servido de pilares para el ejercicio periodístico: a) Constitucionaliza la libertad de prensa. b) Se instituye el secreto profesional en materia de imprenta que es inviolable y el derecho de las fuentes a mantener el anonimato. c) Se crean los tribunales de imprenta, para el procesamiento de los periodistas.
En el pasado reciente, la prensa se mantuvo fuerte y unida en torno a esta Ley soportando los vendavales del poder político, que ahora tiene a sus fiscales y jueces para evitar que se haga un periodismo de investigación, generando miedo y autocensuras entre los periodistas, aspecto que debe impulsar a fortalecer las luchas sindicales, como alerta ante cualquier intento contra la Ley de Imprenta.
¿Por qué es importante la vigencia de Ley de Imprenta en sus cien años?
Porque debe investigar al poder y a sus representantes en el ejercicio de sus funciones públicas, en casos comprometidos con la ilegalidad y no exista impunidad en ninguna esfera del poder.
Denunciar, previa comprobación de los elementos, al funcionario público que cometa actos dolosos. Para que los que ejercen el poder no mientan al pueblo, ni engañen con discursos demagógicos y acciones totalitarias.
Para preservar los recursos de la Madre Tierra, que vienen siendo destruidos a nombre del desarrollo, cuyos contratos se mantienen en secreto, como el de la explotación del oro en Madidi y otras regiones.
Para dar garantías al periodista que investiga, que indaga, que compruebe las denuncias y las pueda difundir, sin sufrir procesos ni cárcel ni multas.
Para garantizar al ciudadano su derecho a la información, a la opinión, a la petición.
Para que la justicia sea un derecho humano y no una guillotina de venganza o de odio.
Para fortalecer la democracia y el ejercicio de los derechos humanos en el Estado.
Un siglo de vigencia, tiempo en el cual el poder de turno trató de modificarla o archivarla, intentos que siguen latentes, por lo cual, los periodistas deben asumir con valentía y ética los nuevos y grandes retos que se avecinan este 2025.