2025-07-07
Michelle
Si al fin y al cabo Lennon no le llevó el apunte al asunto, algo de él quedó en esta canción. Una vez que la escuchó terminada, quedó pensativo por largos minutos.
Por más que Paul McCartney hubiera comenzado a trabajar en la célebre melodía de “Michelle” en el año 1959, por diversas razones esta fue postergada hasta el día de Año Nuevo del 63-64, fecha en que el músico, motivado por el efervescente movimiento cultural Left Bank que llegaba de Francia -en boga por aquel entonces en Liverpool-, retomó la melodía y le dio los últimos acordes. La célebre canción fue finalmente lanzada en el álbum Rubber Soul, de 1965. En ella, es evidente, y no sorprende, que por una estructura de estilo nada usual Paul McCartney manifieste una sistemática y auto-entrenada predisposición hacia la música clásica (no se debe olvidar, como ejemplo, que más adelante, en 1968, el “enfant terrible” de Los Beatles, símbolo de potencial creativo y perfeccionamiento estético del grupo, hubiera escrito “Blackbird” inspirado en la Bourrée en mi menor, una de las seis danzas de la Suite en mi menor para laúd, BWV 996, compuesta por Johann Sebastian Bach. A partir de ese trabajo, y de otros originados en modelos de música clásica, la tendencia hacia ese género hallaría su clímax décadas después, cuando el músico británico compuso su primer álbum de música clásica titulado “Liverpool Oratorio” (1991).
Pero retornemos a la conclusión compositiva de “Michelle”, motivada por el revuelo que ocasionó la corriente Left Bank (Rive gauche, en francés). Para ello, precisemos lo siguiente: sin mucho que explorar por la abundante documentación acerca de la Rive gauche (en español Margen izquierda), la expresión designa la parte sur de la ciudad de París, cuya ubicación se encuentra en ese costado con respecto al curso del Sena. En esa Margen izquierda se alzan distritos de formidable belleza, y se hallan, entre otros lugares y monumentos emblemáticos de la capital francesa, El Barrio Latino, La Sorbona, Saint-Germain-des-Prés, La Torre Eiffel, el Museo Rodin, Los Inválidos -complejo arquitectónico donde reposan los restos mortales de Napoleón-, Las Catacumbas...
Como se explica en cualquier texto turístico, la ciudad está literalmente dividida en dos: una perfecta “línea invisible” que separa a París por el curso del Sena, pero unida por vistosos puentes y extensos túneles de Metro. Esa línea invisible contiene, en toda la extensión de la ciudad, a los soberbios distritos de La Margen izquierda, así como a lugares de belleza cegadora en la Margen derecha. Pero aquí existe algo que marca la diferencia, y que representa de algún modo el “ser parisino”. Si más arriba se nombran espacios representativos de la Margen izquierda, naturalmente que la Margen derecha también las tiene: ahí están las viviendas y los cafés más caros y elegantes de la ciudad, donde se ve a gente que ostenta indumentaria de estilo y sofisticación, entre otras ostentaciones, aunque de atmósfera vibrante para el turista. Significativos de esta Margen derecha son, entre tantos lugares, la Avenida de los Campos Elíseos, la Rue de Rivoli, La Gare du Nord, La Plaza Vendôme, El Arco del Triunfo... En fin, la orilla elegante de la capital. Dijo alguien, en sugestiva analogía, que la Margen derecha “es el París de Catherine Deneuve, preciosamente embellecido y elegante”.
Sea como fuere, París es París, y París lo es todo. ¿Pero qué ocurrió siempre, y en épocas diversas, en la Margen izquierda de la ciudad? Allí se reunían los círculos progres. No era nada del otro mundo ver a Jean Paul Sartre y a Simone de Beauvoir tomar café en el Deux Magots, o en el Café Flore. Cerca de allí se alojaron Willam Faulkner y Arthur Miller, y Ernest Hemingway hacía de las suyas hacia los años veinte del siglo pasado. Julio Cortázar concibió buena parte de su obra, y Picasso, en diferentes períodos, sacaba punta a sus coloridos pinceles. En fin, se podría hablar de cientos de personajes que pisaron las levitantes calles de la Margen izquierda de París... Pero volvamos al tema.
Seducidos Paul McCartney y John Lennon por la cultura intelectual Left Bank, o Rive gauche, o Margen izquierda, especialmente por la bohemia y arte franceses que inspiraban la música de la diva Juliette Gréco, así como la producción de Boris Vian y de estrellas conectadas al jazz como Miles Davis, ambos músicos ingleses, no obstante, y en actitud revoltosa muy propia de ellos, se entregaron a la tarea de imitar en tono gracioso, incluso de parodia, la esencia que sugería esa cultura. Si finalmente en Lennon tal movimiento no pasó de ser un suceso apropiado para momentos de solaz, en Paul ese ligero sarcasmo fue tomando otro cariz, un cariz serio y bullente, como vasos comunicantes entre su propia música y la que exponía aquella cultura. Fue entonces que le pidió a su amigo Jan Vaughan (este tocó en The Quarrymen junto a Lennon) y a su esposa Jan, ambos francófilos, que lo ayudaran a traducir unas frases del inglés al francés de una canción que estaba componiendo. Fue así como nació “Michelle ma belle”, y la frase "these are words that go together well" se convirtió en “sont les mots qui vont très bien ensemble”.
Si al fin y al cabo Lennon no le llevó el apunte al asunto, algo de él quedó en esta canción. Una vez que la escuchó terminada, quedó pensativo por largos minutos. Alzó la vista, y mirando a Paul le propuso, en feliz muestra de su perspectiva creadora, que para enriquecer el clima de la pieza incluyera el enlace textual “I love you”, frase que la noche anterior había quedado grabada en él al oír a Nina Simone en la emotiva y conmovedora versión –un auténtico manantial de acordes- de la canción de Jay Hawkins, I Put a Spell on You. Sugerencia aprobada. En 1965, tal como se ha referido, la célebre canción Michelle fue estrenada en el álbum Rubber Soul. No está de más añadir a lo mencionado sobre esta pieza, y fortalecer criterios, que su tejido armónico es de impecable elaboración, tan pulcro y exquisito como la melodía (el lado clásico de Paul McCartney); tanto como fascinante es, en suma, la historia que entraña la creación de Michelle.
* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360
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