Estreno
Carla Ortiz: "Nadie sabe cómo es el boliviano: somos como el secreto mejor guardado de América Latina"
Actriz, empresaria y activista, Carla Ortiz es una de las figuras más destacadas del cine boliviano en la actualidad. Esta semana estrena Un Milagro de Navidad en La Paz, la primera cinta boliviana de temática navideña y también pionera dentro del género de la comedia romántica.
Por eso, antes del estreno, Ortiz habló con Visión 360 sobre la película y los nuevos proyectos que se le vienen.
Esta película realmente es “un milagro”, porque se terminó en tiempo récord. ¿Qué dice al respecto?
Sabes que el cine es como un duende que tiene su propio tiempo, su propio movimiento y su propia historia. Tú vas a contar una historia y la película, solita, decide contarla a su manera.
Pero Un Milagro de Navidad en La Paz… siento que fue el ángel de mi madre quien, en ese momento en el que sientes tanta oscuridad, te sientes perdida y llevas una tristeza profunda que te cala, me envió la película exactamente como está: los personajes, los colores, los sentidos, los actores… Solo sabía que, en ese momento cuando te sientes más sola, caía un ángel de la chimenea.
No era Papá Noel, era un ángel. Y ahí empieza esta historia. Trata de dos personas que viven en una Bolivia polarizada, en una Bolivia dividida, en una Bolivia donde nos enfocamos en los errores, y que se encuentran en un accidente. Son dos personajes de clases sociales diferentes, de visiones distintas.
Ella se va con una beca a Europa; su madre es una mujer de pollera, soltera, como la mayoría de las madres en Bolivia. Y él… pues él (Jesús Castro, de España) es un princeso, como ella le dice: perfecto, hermoso, millonario. Vivió afuera, ha ido toda su vida a colegios de prestigio, a internados.
Pero llega ese momento en el que los dos nunca se habrían mirado, y ese es el milagro del que habla la cinta: ese encuentro que forma parte de la vida, sea que terminen o no juntos; sea que la historia te lleve por un camino u otro; es el recorrido de aprendizaje de cada ser humano.
Y la película es un milagro porque superamos varios imposibles. Era imposible terminar un guion en un mes y medio: lo logramos con Juan Pablo Piñeiro. Era imposible conseguir un elenco en dos meses: lo hicimos. Era imposible hacer una preproducción en dos semanas, filmar esta película en siete —seis— semanas, y era aún más imposible hacer una postproducción que normalmente demora unos siete meses, con suerte, en solo tres meses… y lo hemos logrado.
Es que cada persona que ha tocado este proyecto no solamente se ha ilusionado, sino que también se puso la camiseta de la película y me ha bancado todas mis locuras. Cuando vi la cinta por primera vez, recién llegada de México, en el cine, se me puso la piel de gallina. Me ilusiona muchísimo que Bolivia pueda tener su primera película navideña.
¿Qué le animó a contar algo que no es común en Bolivia, un género en el que tampoco había incursionado antes?
Primero, soy una actriz de drama; soy una actriz de cine súper serio, de thrillers. Todo lo que he hecho en Estados Unidos, en Francia, en todos lados, siempre ha sido muy serio. De hecho, ni yo ni el director —el mexicano Carlos Bolado— sabíamos si podíamos tener la capacidad de hacer una comedia. No sabía si, como actriz, podría interpretar a un personaje relajado, a la chica “next door”, como dicen en Estados Unidos, esa chica sencilla del barrio. Fue un reto lindo para mí, y lo hemos logrado.
Tengo que aclarar que yo nunca he hecho nada para agradar a la gente. Siempre hice lo que sentí en mi alma. Por eso la vida me bendijo no solo con poder conseguir patrocinadores, sino también con disfrutar el proceso de cada proyecto que he decidido emprender.
Respecto a Un Milagro de Navidad en La Paz, hay que tomar en cuenta que las películas más vendidas, las más taquilleras dentro de la industria del cine, son las comedias románticas. Y es, precisamente, el género menos explorado en Bolivia. Entonces digo: ¿por qué no tenemos más comedias románticas? ¿Por qué no nos reímos un poquito más? A veces vivimos en nuestro eterno “lamento boliviano”, porque nuestra vida es difícil. No es fácil. Pero al mismo tiempo estamos tan llenos de bendiciones que nadie conoce. Nadie sabe cómo es el boliviano: somos como el secreto mejor guardado de América Latina.
¿Eres boliviana? ¿Y qué se hace en Bolivia? ¿Y qué hay en Bolivia? ¿Y es verdad que hay un salar? ¿Y cómo vive la gente?” Como que eres súper exótico. Por eso yo decía que podía contar una historia de amor, pero que fuera también una película navideña, y que pudiéramos mostrar afuera cómo se vive la Navidad en Bolivia: no es comercial, no es de regalos, no es de Papá Noeles. Es llegar y estar con tu familia, ver a esa tía que no veías, ir a visitar a ese abuelito que no visitabas. Llegan tías que ni sabías que tenías; es tiempo de rosquetes, de buñuelos, de comida y más comida, y de tés; es cuando tu puerta está abierta y entran y salen villancicos. Es la época en la que todos queremos ser más buenos, cuando en cualquier plazuela a la que vas hay un pesebre.
Eso mostramos en la cinta: cómo en Bolivia aún se celebra la natividad, ese amor de las segundas oportunidades, con valores culturales y principios. Por eso no creas que la película sigue el esquema de “chico conoce chica”, donde generalmente el hombre salva a la mujer. Ella lo va a provocar a él, que para la protagonista representa todo lo que está mal en el mundo.
Es también una película donde vamos a ver fotografiadas nuestras tradiciones, nuestros valores familiares y, al mismo tiempo, buscamos provocar un poquito para cuestionarnos cómo vemos nosotros al otro. Lo único que quiero es que la gente se abrace, que las familias vayan al cine y digan: "¡Wow, una producción de altísima factura!".
¿Cómo va a pasar Carla Ortiz la Navidad? ¿Va a descansar, teniendo en cuenta que hay otra película en ciernes que viene trabajando desde hace más tiempo?
Sí, es una locura que haya hecho dos películas en un año, cuando a veces te tarda cinco años hacer una sola. Te juro que fue mi mamá: llegó al cielo, pateó puertas y todo se me ha dado.
Voy a pasar la Navidad con mi familia, porque ese es mi sueño: cada año poder llegar y estar con ellos. Voy a tener la oportunidad de pensar un poquito sobre cómo quiero hacer el lanzamiento de Las Vidas de Laura, que creo que también es una película muy importante, porque será la primera en su género: un female revenge thriller (thriller de venganza femenina).
Es, obviamente, un thriller psicológico y policial. Mi personaje será la primera antihéroe femenina del cine nacional. Otra vez me estoy aventurando a realizar algo y a explorar un género que no se ha hecho en Bolivia, pero para eso estoy: me fui de Bolivia a mis 15 años, he logrado lo que hice afuera; produzco afuera y traigo el dinero para invertirlo junto con otras personas. Esta Navidad quiero que Dios me dé la fortaleza para poder seguir trabajando.
Y tiene una agenda apretada: ha tenido conferencias de prensa sobre la película, las funciones premier, está con Las Vidas de Laura, el festival Respira… ¿Cuándo descansa?
No duermo, es verdad. Duermo muy poco. Medito mucho: es mi forma de descansar. Pero, cuando termino un proyecto, me borro 15 días, aunque generalmente es en ese momento cuando canalizo otra iniciativa, por lo que regreso empezando algo nuevo.
Creo que el descanso real del alma es cerrar los ojos al final del día sintiendo y pensando que has dado el 300%, y que, si esa fuera la última vez que los abres, vas a llegar ante Dios y podrás decirle: "He hecho el 300%. Ábreme la puerta, por favor, que me lo merezco".
Hablemos de la distribución de la película. Previamente mencionó que primero se va a enfocar en las salas bolivianas. ¿En cuáles?
Primero, es una película para Bolivia, así que se estrenará en todas las salas del país, en las 47 que existen. Estaremos en el Beni, en Riberalta y Trinidad, en Tarija, Oruro, Potosí, Sucre, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz; en absolutamente todos los departamentos.
Tengo la fortuna de contar con una distribuidora muy linda (BF Producciones) que me ha bancado el hecho de promocionar una película en solo tres semanas, y creo que la estamos rompiendo. ¿A qué me refiero con “la estamos rompiendo”? A que toda la prensa nos está apoyando también; todos se están poniendo la película al hombro y están sintiendo que es de ellos.
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Después, nos vamos a ir a una plataforma, y de ahí tenemos un par de estrenos que quieren hacer en salas limitadas en el exterior. Es una película para Navidad, pero los distribuidores también quieren reestrenarla en fechas como San Valentín.
Vamos a ver qué pasa; creo que hay que vivir paso a paso y disfrutar del proceso. Si Dios quiere, con la plataforma vamos a poder llegar a la mayor parte de los bolivianos que están fuera del país. También esperamos atraer al público extranjero que termine viendo Un Milagro de Navidad en La Paz y diga: “Eso es Bolivia, quiero ir a Bolivia”. Mi propósito más importante es vender la marca país y la marca ciudad.
En ese sentido, ¿cómo se plantea promocionarlo en el exterior?
La plataforma te da un impulso bastante grande, y yo creo en mi ejército de bolivianos que viven en el exterior. Con Olvidados (2014) hicimos sold out en Washington D.C. durante tres semanas, y también en Los Ángeles, durante tres semanas. Cuando estrenamos en Nueva York, igualmente, y en festivales internacionales hemos llenado salas de 700 personas. Con La voz de Siria (2027) fue algo increíble: gané siete u ocho premios internacionales, incluyendo uno de las Naciones Unidas.
Siento que no fueran solo mis proyectos, sino misiones. Sé que siempre habrá haters y gente que critica, pero soy una mujer de fe; levanto esa bandera y creo que tengo una misión muy grande: hacer lo que siento que Dios me inspira. Por eso vivo en paz y tranquila.
¿Qué le llevó a ser actriz?
Una de mis primeras conversaciones con Dios. Tenía cuatro años y amaba actuar. Lo lindo de ser niño es que nadie te puede decir que estás haciendo algo mal, porque sabes que lo estás haciendo: cuando juegas al doctor, eres un doctor. Por eso, en inglés no se dice act, se dice to play, jugar.
Entonces, en una de esas yo decía: “¡Ay! Es que yo quiero ser actriz, pero quiero servirle a Dios, ¿cómo hago?”. En un momento hice la promesa y le dije: “Tú me ayudas a ser exitosa, hasta el lugar que tú quieras; yo te voy a servir”. Y Él me cumplió la promesa, y yo le estoy cumpliendo la de Él.
Además de actuar y producir, ¿qué otras actividades realiza Carla Ortiz?
Soy restaurantera. Tengo mi restaurante de churros en Los Ángeles, que ya es franquicia, porque ahora también lo tengo en Cochabamba. Espero que en 2026 abramos al menos un par de sucursales más. Con mi familia somos socios en Paseo Aranjuez, un centro comercial empresarial y artístico-cultural.
Soy directora de eventos y me encanta la gestión cultural. Trabajo mucho ayudando a músicos y expertos en moda. Me encanta poder abrir las puertas que se han abierto para mí y mantenerlas abiertas para que gente boliviana con talento pueda continuar su camino.
Pero mi pasión más grande es el activismo. El 90% lo hago en silencio, y solo cuando debo mostrar a dónde va el dinero que me donan, lo hago frente a cámaras. Me encanta darle voz a quienes no la tienen; soy una gran activista por la paz. Creo que la maquinaria de la guerra es la que deshumaniza, divide y fortalece las fuerzas oscuras. No voy a descansar nunca en darle voz a los más débiles.
Y, lo más importante, me encanta estudiar. Siempre estoy aprendiendo algo nuevo. Amo leer y dedico mucho tiempo a ello.
Tengo un par de propuestas para escribir dos libros. Voy a empezar por el libro sobre Siria, la guerra, Yemen, Palestina y Corea del Norte. Luego escribiré el segundo, y espero que ahí pueda relajarme un poco.
Además de Un Milagro de Navidad en La Paz y Las Vidas de Laura, ¿tiene otro proyecto cinematográfico en ciernes?
Sí. Estoy invitada a un proyecto muy lindo con unos productores mexicanos, que se va a filmar en cuatro países diferentes en Europa. También tenemos un proyecto muy especial para la segunda parte de Las Vidas de Laura con productores en Argentina. Eventualmente quiero retomar un par de películas que tuve que dejar, una de ellas porque mi madre falleció. También tengo pendiente la película de Juana Azurduy, que se pausó porque decidí ir a la guerra en Siria.
Y, por supuesto, está Respira, que este año se limitará únicamente a la alfombra verde con la que presento la película de Navidad, porque las alfombras rojas de Carla son verdes.
Además, vamos a tratar de disfrutar un poco más de la familia, los amigos y momentos conmigo misma.
¿Cuándo veremos Las Vidas de Laura?
Yo creo que estará entre mayo y agosto, porque estoy promocionando tanto esta película que necesito guardarme un ratito. Quiero dejarla respirar un poco, porque es una película exquisita que cuenta con los mejores actores de Bolivia.
Estamos viendo con los distribuidores, que son extranjeros. Tal vez tendrá un camino parecido al de Olvidados, porque es más esa onda.
Respecto a Olvidados, ¿dónde se la puede encontrar para quienes no han podido verla o quieren volver a verla?
Está en Amazon Prime y también está disponible para renta en YouTube, lo que nos ha ayudado muchísimo. Vamos a dejar que siga su tiempo, porque las películas son eternas, son inmortales, nunca mueren.
¿Qué tan difícil es hacer cine en Bolivia?
Es imposible; es un acto de valentía. Estamos viviendo uno de los mejores momentos del cine de nuestra historia, con películas que se están viendo en festivales y ganando premios, pero en el país hubo pocos incentivos. En ocho años solo ocurrieron dos, y hemos visto que, cuando hay ayuda, se logran reconocimientos importantes.
Estoy segura de que este gobierno se dará cuenta de que no existe una mejor manera de vender la marca país que a través del cine; no hay otra forma de inmortalizar un país mejor que con el cine. Creo que debemos tener fe… y de eso se trata Un Milagro de Navidad en La Paz.