“Bolivia First”: la rectificación de la política exterior de Bolivia
El gobierno de Rodrigo Paz ha reorientado de manera significativa la política exterior de Bolivia en su primer mes de gestión. Este cambio no implica una ruptura con la tradicional postura diplomática del país, sino una rectificación respecto a la línea político-ideológica adoptada en las últimas dos décadas por los gobiernos del MAS, caracterizada por un discurso antiimperialista y por alineamientos fuertemente ideologizados.
En efecto, el nuevo rumbo recupera elementos centrales de la doctrina internacional boliviana formulada tras la Guerra del Chaco, bajo el lema: “Bolivia, tierra de contactos y no de antagonismos”. Entre esos elementos destaca la priorización de los intereses nacionales, sin subordinarlos a alineamientos ideológicos automáticos, tal como aconseja la teoría realista de las relaciones internacionales.
Este enfoque —que, por analogía con la política exterior de Donald Trump, puede describirse como una lógica de “Bolivia First”— se expresa en decisiones concretas: el acercamiento activo y explícito a Estados Unidos, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel y el distanciamiento claro de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Lejos del antiimperialismo retórico que marcó los últimos veinte años, el nuevo gobierno apuesta por una política exterior pragmática, liberal y orientada a resultados, centrada en la defensa de la democracia, la cooperación internacional y el desarrollo económico.
Una política exterior basada en valores e intereses compartidos
Durante su reciente visita a Washington, el canciller Fernando Aramayo manifestó que Bolivia busca construir relaciones internacionales basadas en valores comunes, particularmente la defensa de la democracia, la lucha contra la corrupción, el combate al crimen organizado y la promoción de economías abiertas y transparentes.
En ese marco, el acercamiento a Estados Unidos no responde a una lógica de alineamiento acrítico y pasivo, sino a la convicción de que ambos países comparten principios, valores e intereses estratégicos. En entrevistas concedidas al Washington Explainer y a Fox News, Aramayo sostuvo que Bolivia aspira a una relación de largo plazo con Estados Unidos, sustentada en cooperación política, inversión privada, transferencia tecnológica y fortalecimiento institucional, especialmente en sectores clave como la seguridad, la lucha contra el narcotráfico y la explotación sostenible de los recursos naturales.
La votación en la ONU: en contra de la UNRWA, no de la CIJ
El nuevo enfoque se manifestó con particular claridad en la reciente votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que Bolivia votó en contra de la resolución que respaldaba la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre la obligación de Israel de permitir el retorno y operación de Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) en la Franja de Gaza.
Este voto marca un giro radical respecto de la posición del gobierno anterior. Bajo la administración de Luis Arce, Bolivia no solo rompió relaciones diplomáticas con Israel, sino que además respaldó la demanda presentada por Sudáfrica ante la CIJ, acusando a Israel de incumplir la Convención para la Prevención del Genocidio.
El actual gobierno, en cambio, optó por sumarse al grupo de países —entre ellos Estados Unidos, Israel, Argentina, Paraguay y Hungría— que votaron en contra de dicha resolución. Más que una postura contraria a la CIJ como principal órgano judicial de la ONU, este bloque ha señalado —a través de algunos de sus representantes— que apoya el derecho de Israel a defenderse y a no aceptar la presencia de la UNRWA en su territorio, cuyo personal enfrenta serias acusaciones de haber participado junto a HAMAS en los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023, que dejaron más de mil muertos israelís.
Si bien la opinión consultiva de la CIJ —de carácter no vinculante— subraya las obligaciones humanitarias de Israel, los países que votaron en contra sostienen que no es posible ignorar las consideraciones de seguridad ni las fallas estructurales de UNRWA, particularmente en un contexto de guerra asimétrica y terrorismo transnacional.
Economía, turismo, innovación e inversión: señales claras
El reposicionamiento internacional de Bolivia responde también a intereses económicos concretos. Antes de los gobiernos del MAS, el turismo proveniente de Estados Unidos, Israel y otros países occidentales generaba ingresos significativos para el país, hoy reducidos al mínimo tras años de aislamiento y restricciones ideológicas.
La recomposición de los vínculos con estos países, junto con el respaldo político expresado en foros internacionales, envía una señal clara: Bolivia se presenta ahora como un destino atractivo, seguro y confiable tanto para turistas como para inversionistas. Si bien en materia de inversión será necesario introducir reformas profundas en el marco legal y constitucional para garantizar seguridad jurídica y previsibilidad, el nuevo enfoque apunta a crear condiciones favorables para el desarrollo de proyectos conjuntos que impulsen la transferencia de tecnología, fomenten la innovación y amplíen el acceso de los productos bolivianos a mercados internacionales.
Conclusión
El giro de la política exterior boliviana no constituye una ruptura con su tradición diplomática, sino la reafirmación de una visión histórica basada en el pragmatismo, la defensa del interés nacional y la apertura al mundo. Al abandonar alineamientos ideológicos rígidos y priorizar valores como la democracia, la seguridad y el desarrollo económico, Bolivia busca recuperar margen de maniobra internacional y reposicionarse como un actor confiable en un escenario global cada vez más complejo.
Más que un cambio de ideología o de discurso, el nuevo enfoque refleja una apuesta por una política exterior orientada a resultados, capaz de contribuir a la recuperación económica, al fortalecimiento institucional y a la reinserción estratégica del país en el sistema internacional.