Eutanasia o suicidio asistido
Cuentan las crónicas del 17 de junio del año 2016, que la eutanasia era aprobada en Canadá, bajo el argumento de que esta práctica podía resultar en ahorros sustanciales para el sistema de sanidad canadiense. Según informa el estudio publicado por el “Canadian Medical Association Journal”, la eutanasia reduciría el gasto entre los treinta y cuatro y los ciento treinta y seis millones de dólares por año, ofreciendo de esta manera asistencia para dejar morir a la gente vulnerable. Las cifras que se usaron para dicho estudio estaban basadas en trabajos similares de Holanda y Bélgica donde la eutanasia es legal desde hace mucho más tiempo.
Una de las características más desgarradoras de la agenda globalista, es aquella que propugna la supresión de la gente vulnerable por considerarlos prescindibles de la sociedad. Acentúa la idea de que estos grupos vulnerables representan un gasto elevado de recursos por lo que es innecesario cualquier esfuerzo por precautelar la salud de aquellos niños por nacer que presentan riego, la vida de los ancianos, minusválidos, enfermos graves o con patologías incurables, que según la agenda globalista no compensa el gasto a realizar, estimulando y promoviendo en contra sentido los lobbys lgtbs o el control de natalidad en el mundo.
Vivimos un tiempo de disolución moral que privilegia la soberbia por encima de cualquier principio ético y moral comprendido en las sagradas escrituras, priorizando el materialismo bajo la premisa de que el tiempo le pertenece sólo a los hombres. Esta visión del mundo aparta a la humanidad de su vínculo con la fe, facilitando al “poder” la posibilidad de abandonar a los más vulnerables por considerarlos una carga que consume recursos. Para cumplir con su propósito se fabrican discursos morales ante los que no hay manera de oponerse, cayendo en lo que los hebreos definen como “toebah”, una renuncia a los principios y valores éticos que dan paso a la abominación moral.
En los últimos días se ha internacionalizado el caso de Noelia Castillo Ramos, una joven española de tan sólo 25 años de edad, que se ha convertido en la persona de menor edad en acogerse a la ley de eutanasia española aprobada el año 2022. El caso ha reabierto un debate sobre los límites de la autonomía personal que tienen los individuos para decidir sobre su vida o su muerte, dejando en tela de juicio el rol que cumple el Estado como asistente del proceso.
La historia de Noelia es desgarradora. Tras una infancia complicada bajo tutela del Estado debido al conflicto entre sus padres, fue víctima de múltiples agresiones sexuales incluyendo una violación múltiple en 2022. Noelia intentó quitarse la vida arrojándose desde un quinto piso, sin poder conseguirlo. Como consecuencia de ese intento fallido de suicidio quedó parapléjica, sufriendo dolor neuropático crónico, debiendo vivir bajo dependencia total para sus necesidades básicas. Alegando sufrimiento físico y psíquico insoportable, Noelia solicitó formalmente la eutanasia.
La Comisión de Garantía aprobó unánimemente su solicitud de la joven, pero fue su padre quien emprendió una prolongada batalla legal que recorrió por todas las instancias judiciales, llegando incluso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. A pesar de los antecedentes psiquiátricos y el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad, todos los tribunales fallaron siempre a favor de Noelia, estableciendo que tenía capacidad plena para decidir su situación médica, por tanto, cumpliendo los requisitos exigidos por ley.
El debate se bifurca en dos corrientes, quienes se opusieron al fallo argumentan que no se le ofrecieron alternativas de rehabilitación o tratamientos psiquiátricos adecuados, señalando que su deseo de morir era un síntoma de su enfermedad por lo que estaba inhabilitada para elegir libremente. Por su parte, Noelia y quienes defendieron su posición, sostuvieron que tras años de terapia sin resultados y al sufrir una lesión física irreversible, el no aceptar su decisión hubiera resulta en forzarla a vivir contra su voluntad, vulnerando sus derechos fundamentales.
La triste historia de Noelia, muestra el rostro de una mujer en búsqueda de encontrar paz tras sufrir un verdadero calvario existencial. Sin embargo, de no haber existido la ley de eutanasia en España, posiblemente hubiese terminando por engrosar las estadísticas invisibles del suicidio, por lo que se debe reflexionar acerca de la autonomía que tenemos los seres humanos para decidir –ya no– sobre nuestras vidas, sino más bien, sobre el final que puede llegar a tener nuestra propia existencia.
La humanidad vive un horror futuro, aunque también podemos establecer que vivimos el tiempo de una tragedia presente. Cuando la humanidad contempla impasible como la sociedad considera la vida de los más vulnerables sólo en función al gasto que representa para ellos y decide prescindir sin ningún remordimiento, está condenada. Una sociedad así no es mejor ni más próspera, ni más limpia ni más sana, una sociedad así es simplemente una sociedad carente de sentimientos, desprovista de bondad natural que desnuda su falta de humanidad, por lo que debemos elevar nuestra mirada al cielo.
Mientras tanto, que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obliguen a cambiar nuestra forma de pensar. “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.