2026-05-13

Buscando la verdad

Héroes que alimentan… y malagradecidos que comen de sus manos

Porque, mientras ellos producen y otros viven del discurso, el agro genera alimentos no solo para Bolivia, sino para millones en el mundo.

¿Se ha dado cuenta que, de un tiempo a esta parte, no solo los malos políticos, sino, gente ideologizada, los intelectualoides y “sesudos estudiosos” de siempre, y hasta cualquier hijo de vecino, hablan sobre lo que no entienden, yéndose en contra de la moderna agricultura a escala, como si no comieran de ella?

Entonces, surge la pregunta: ¿por qué quienes lo arriesgan todo en cada campaña agrícola, hasta su patrimonio familiar, para invertir, producir alimentos, generar empleos e ingresos, traer divisas por exportación y ahorrar dólares por sustitución de importaciones son sistemáticamente cuestionados y estigmatizados? Si piensa bien, esto es precisamente lo que está pasando con la pretensión de frenar al agro boliviano, muy particularmente, al de Santa Cruz.

Es triste ver que mientras nuestros productores agrícolas se levantan cada día antes del amanecer para sembrar, cosechar, criar ganado, pagar salarios, enfrentar sequías, inundaciones, incendios, avasallamientos, bloqueos y falta de combustibles, hay quienes los apuntan con el dedo como extractivistas, depredadores y responsables de todos los males ambientales del país… ¡triste!

Estoy harto de que desde hace años se venga construyendo una sistemática narrativa en contra de las agroexportaciones, la producción a escala a la que osan llamarla monocultivo, y el “agronegocio”, pero, no acaban ahí, como tienen todo el tiempo del mundo para divagar y el dinero les sobra por la plata que reciben, sus afiebradas cabecitas no paran de elucubrar con “extractivismo agrario”, “enemigos de la madre tierra”, “motor de la deforestación”, etc.

Son deformadores de la verdad: ¿No es, acaso, mentir, aseverar que la agricultura es una “actividad extractiva” como la minería o los hidrocarburos? Una deshonestidad intelectual, además, porque la minería extrae recursos no renovables que se agotan, así como el petróleo o el gas desaparecen una vez explotados, sin embargo, la actividad agrícola, gracias a la aplicación de la ciencia y la tecnología, es cada vez más renovable, productiva y sostenible.

Esta gente ignora que el agricultor ha entendido que la tierra es su principal activo, por eso la cuida para no destruir el suelo, porque el futuro económico de su familia depende de ello, de ahí que aplica prácticas conservacionistas como la siembra directa y rotación de cultivos, para evitar el mentado “monocultivo” que definitivamente no se da en la soya, pero sí, en el cultivo de la quinua, que se produce en los lugares donde viven los que atacan a la agricultura de Santa Cruz, aspirando, tal vez, a ver un día la siembra en “surcofundios” como allá.

Hay quienes se empeñan en instalar la idea de que producir alimentos es casi un crimen, y así se expresan a la hora de hablar de ecocidio, biocidio, depredación, etc., sin duda, se trata de una batalla comunicacional, cultural, política e ideológica y quien domina la narrativa, domina la percepción pública, porque la mentira repetida termina convirtiéndose para muchos en posverdad.

¡Cuánta injusticia para nuestros “héroes anónimos” del agro que, pese a todo lo que enfrentan -avasallamientos, bloqueos, abigeato, cupos de exportación, contrabando, inseguridad jurídica y absurdas restricciones tecnológicas- compiten contra otros de países vecinos que producen más barato y con mayor productividad gracias a tecnologías que aquí se empeñan en prohibir. Pese a ello, el agro sigue alimentando a Bolivia, incluso, a los malagradecidos que viven comiendo de su mano.

¡Ningún país salió de la pobreza castigando a sus productores; ninguno se desarrolló bloqueando sus exportaciones, frenando la biotecnología o desalentando la inversión! ¡Todos crecieron produciendo, exportando e innovando más! Bolivia precisa eso: más producción, más exportaciones, más tecnología, más productividad, más dólares y “cero ideología anti-desarrollo”.

Es increíble que en medio de una crisis de divisas existan quienes ataquen precisamente una de las pocas actividades capaces de generar dólares para el país: les guste o no, las agroexportaciones son parte de la tabla de salvación para Bolivia.

Lastimosamente, mientras otros maximizan su potencial agroindustrial como motor de crecimiento, aquí hay quienes “romantizan” el atraso productivo como si la pobreza fuese una virtud moral. Me refiero a los desubicados y a las ONGs que ven monstruos en el “agronegocio” y las agroexportaciones, cuando detrás de ello hay familias, pequeños y medianos productores, migrantes, trabajo digno, inversiones de alto riesgo y, ha llegado el momento de decirlo alto y fuerte: ¡Todo un país que se alimenta de ello!

El agro no demanda privilegios del Estado, solo pide al gobierno condiciones para producir: seguridad jurídica, biotecnología, libertad para exportar y, sobre todo, que lo dejen trabajar. Porque, mientras ellos producen y otros viven del discurso, el agro genera alimentos no solo para Bolivia, sino para millones en el mundo, beneficiándose de esto hasta los malagradecidos que comen de su mano.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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