Excmo. Sr. Presidente (dos puntos y aparte)
Corría el 8 de noviembre del año 2025 en la historia reciente de Bolivia. En medio de una gran expectativa provocada por (lo que aparentemente significó) el fin de uno de los regímenes más oprobiosos de la historia boliviana; con un compromiso férreo de reconstruir la economía nacional y reconducir la ruta tras dos décadas del mayor expolio y latrocinio que ha sufrido el país a lo largo de su historia, juraba al cargo de Presidente del Estado, Rodrigo Paz Pereira, un entusiasta y carismático político, amante incuestionable de la patria (…) a quien casi tuve el gusto de conocer y al que, por cosas del destino, no pude transmitirle ciertas dudas y certezas que hoy, retumban en mi cabeza. Debido a ello, apelo a la sensibilidad de mi pluma y buen tacto, para hacerlo por este medio en un momento crítico de la Nación.
Excmo. Sr Presidente:
Con el respeto que V.E. merece gracias a la investidura que le ha delegado la vocación democrática del pueblo boliviano, confiriéndole el mando Supremo de la República en virtud a preceptos constitucionales que ordenan ejercer el cargo por un periodo de cinco años, me voy a permitir recordarle el juramento de honor que ha prestado en ocasión de su posesión, que no es otra que aquella de cumplir con fidelidad y responsabilidad las delicadas funciones como Primer Magistrado del Estado.
Ante el Congreso Nacional se le fue impuesta la medalla que ostentó en su pecho el Libertador Simón Bolívar, al tiempo en que usted manifestaba su voluntad inquebrantable de gobernar exento de cualquier idea que no fuese dictada por una conciencia honesta, marcando la ruta y el firme propósito de resguardar el imperio de la constitución, las leyes y normas que protegen sin exclusión alguna a nacionales y extranjeros dentro del territorio boliviano.
Su posesión Sr. Presidente, llenó de esperanza y entusiasmo a buena parte de la población que hasta entonces se mantuvo rehén de un gobierno autoritario que censuraba, perseguía, ejercía violencia, apresaba y ejecutaba a quien tuviera el acierto de pensar diferente. Con su ascenso al poder, se restituyeron –alejados de cualquier disputa partidista o ideológica–, la confianza y las garantías de las que son acreedores todos los ciudadanos sea cual fuere su filiación política, ideología, religión, raza, clase, entre otros.
Ante los nobles y sanos ideales que usted pregona, la respuesta de la Nación boliviana debiera ser igualmente noble y sincera, por lo que comparto, valoro y respeto la voluntad inquebrantable que vuestra probidad mantiene de apelar al dialogo como principal y única vía de solución al grave momento por el que atraviesa el país. Sin embargo, habrá que considerar que su gobierno deviene en un periodo pos autoritario, del cual se desprende una facción radical que no supera el 1% de la población y que lo último que tiene en mente es encontrar una salida a la crisis por la que atraviesa el país, mucho menos a través del diálogo, eso, en desmedro del 99% del pueblo boliviano que se resiente sensiblemente con el paso de los días.
Gracias a la opinión pública se conoce la ardua labor administrativa y económica que debe desarrollar su gobierno para superar el momento histórico que amenaza dramáticamente los destinos del país, por lo que se estima indispensable la colaboración constante de los órganos del Estado, políticos, autoridades y la ilustrada colaboración que cualquier ciudadano esté dispuesto a brindar como prenda de garantía en beneficio de los intereses de la patria, como única alternativa para superar los obstáculos y posibilitar que el país salga del hoyo en el que se encuentra sumido.
La Patria Sr. Presidente, tal como usted se comprometió al momento de asumir posesión del cargo (cumplir con fidelidad y responsabilidad las altas y delicadas funciones), demanda una respuesta inmediata ante la gravedad de los acontecimientos que le toca afrontar. Respuesta, que debe partir del reconocimiento de que ningún boliviano se encuentra por encima de la constitución y las leyes, por consiguiente “los derechos de los unos, acaban donde comienzan los derechos de los demás”.
Imagino que, al asumir el cargo con propósito honesto y patriotismo sincero, usted era consciente de que encontraría resistencia, opiniones adversas, grupos doctrinalmente opuestos y provenientes de segmentos antagónicos en principios, valores morales y con espíritus escépticos. Gente a la que la vehemencia de la pasión política los lleva a rechazar toda propuesta e iniciativa de su parte, aun cuando esas propuestas estén pensadas en el bien de la mayoría nacional. Estos grupos deben merecer una atención especial, evitando así que su rechazo obstruya los lineamientos que ha fijado su gobierno.
Empero, para pesar del pueblo boliviano la coyuntura actual no puede relacionarse exclusivamente a grupos disidentes de su gobierno. Mirando en retrospectiva, debemos encallar necesariamente en el año 2003, para establecer la penetración frontal que sufrió el país por parte de grupos criminales cabalgando como jinetes del socialismo del siglo XXI. Una acción criminal que fue consentida por el entonces vicepresidente del país (Carlos D. Mesa), principal responsable de que estos grupos hayan instaurado un régimen de terror durante dos décadas y que actualmente se resisten a darle la oportunidad a Bolivia para obtener su libertad, construir su destino y mirar al futuro con esperanza.
Simplemente para contextualizar el grave riesgo que amenaza a la Nación, me gustaría recordar también las luctuosas jornadas acaecidas el año 2019, tiempo en el cual estas facciones instaladas en el país –utilizando la misma estrategia y mecanismos similares, producto de la insensatez de un grupo de aventureros que asumieron el poder por sucesión constitucional tras el vacío de poder que provocó la renuncia de Evo Morales, sumado a la complicidad de ciertos funcionarios públicos que se mantuvieron en el cargo–, socavaron las instituciones del Estado y en menos de un año, tenían nuevamente el control de la Patria.
Ante este panorama Sr. Presidente, tomando en cuenta su vocación democrática de diálogo y concertación, considero que es fundamental impulsar un dialogo permanente (no sólo en épocas de conflicto) con los interlocutores válidos y representantes legítimos de las distintas organizaciones vivas de la sociedad civil, con quienes se pueda discutir y evaluar de manera conjunta las diferentes acciones orientadas a la reconstrucción nacional.
Permítame dirigirme con la mayor sinceridad. Una de las grandes deficiencias que tiene su gobierno Sr. Presidente, es la falta de conexión con la población y la ausencia de comunicación efectiva para que la ciudadanía conozca de buena fuente aquello que se trabaja para solucionar los diferentes problemas. Es imperativo garantizar que la información se brinde de forma clara y trasparente, a fin de evitar las especulaciones, rumores, fakenews, desinformación, fortaleciendo la legitimidad de su gobierno, recuperando la confianza y credibilidad que ha perdido la clase política desde hace muchos años.
Finalmente, lo más importante, actuar con firmeza no es sinónimo de “ser represor” como quieren hacerlo ver aquellas facciones radicales interesadas en el fracaso de su gobierno. Actuar con firmeza Sr. Presidente, quiere decir que usted está dispuesto a hacer aquello que se comprometió el día que juró al cargo, para garantizar lo fundamental a las grandes mayorías del país y precautelar los derechos de su gente, frente a la amenaza de reducidos grupos delincuenciales de vándalos y facinerosos a sueldo, financiados por quienes otrora tuvieron la responsabilidad de administrar el país y lo único que hicieron fue dejarlo en la bancarrota.
Entiendo la delicada situación que tiene ahora mismo entre manos, por lo que no intento de ninguna manera establecer criterio alguno de lo que debe hacerse o no en estos tiempos de conflicto, aunque estoy convencido que: “la firmeza de un mandatario exige sensibilidad para tomar decisiones difíciles, responsabilidad histórica para brindar respuestas oportunas, serenidad política, además de capacidad y liderazgo para evitar que las diferencias entre hermanos continúen dividiendo a la familia, más bien todo lo contrario, promover y lograr reconciliación es una tarea loable. Sólo así se podrá erradicar el discurso de odio sembrado hace más de veinte años en el país, que lo único que ha traído es pobreza y frustración.
Lleno de fe en Dios, confío en que sabrá darle mano firme a usted Excmo. Sr. Presidente, para guiar los destinos de la Nación por aguas serenas, con visión clara y tras haber superado los obstáculos que se presentan, Bolivia finalmente reposará en prados verdes y florecientes, un camino de riqueza y fecundidad que nos otorga su suelo bendito, para el gozo y disfrute de todo aquel que esté dispuesto a labrar paciente y pujantemente el futuro de sus hijos.
“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.