2026-05-31

Denuncia sin Resolución: la OEA tomó nota…y nada más

En política exterior las iniciativas no se valoran por la intención que las inspira, sino por los resultados que producen; y la diplomacia que no genera resultados concretos termina reducida a simbolismo.

Recientemente, a raíz de los conflictos internos, Bolivia solicitó al Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) incorporar en agenda la “situación política interna del Estado Plurinacional de Bolivia”. El argumento oficial era denunciar los “hechos de desestabilización promovidos por grupos aislados con fines políticos”.

Según la intervención introductoria del Canciller, el propósito de la comparecencia era solicitar: “el respaldo del Consejo Permanente y de los países miembros de la OEA para, uno, reafirmar el compromiso hemisférico con la preservación del orden democrático y constitucional de Bolivia. Condenar toda forma de violencia política coerción organizada y acciones destinadas a alterar el normal funcionamiento institucional del Estado. Respaldar los esfuerzos del gobierno boliviano orientados al diálogo (…).”

En la sesión, algunos Estados hicieron uso de la palabra. En su mayoría, invocando la necesidad de preservar la democracia, el Estado de Derecho, la paz social y el respeto a los Derechos Humanos.

Luego de las alocuciones, la Presidencia del Consejo Permanente concluyó, simplemente afirmando textualmente que: “De todas estas intervenciones, tomamos debida nota y les agradecemos por haber enriquecido este importante diálogo (…).”; y ¡Nada más!

No hubo Resolución o Declaración;

No hubo pronunciamiento consensuado a través de un comunicado; y

No hubo respaldo institucional expreso del Consejo Permanente. Solo un tomamos nota.

 

Cabe tener presente que el Consejo Permanente es un órgano colegiado que se pronuncia precisamente a través de Resoluciones o Declaraciones. En consecuencia, si no hubo Resolución y el objetivo era obtener el respaldo político e institucional del sistema interamericano, el resultado fue claramente insuficiente.

La pregunta entonces es inevitable: ¿por qué Bolivia decidió internacionalizar voluntariamente un conflicto interno sin asegurar previamente una Resolución favorable?

En la diplomacia profesional, cuando un Estado coloca deliberadamente su situación interna bajo observación hemisférica, normalmente persigue objetivos estratégicos concretos que deben ser alcanzados.

Precisamente por ello, sorprende que la diplomacia boliviana no hubiera trabajado previamente las condiciones necesarias para obtener un pronunciamiento formal del Consejo Permanente a través de una Resolución.

Las condiciones eran ampliamente favorables. A diferencia de otros momentos históricos del sistema interamericano, la correlación política regional ha sufrido una reconfiguración. La presencia predominante de gobiernos de izquierda ha sido sustituida por gobiernos de orientación conservadora o de derecha, muchos de ellos alineados alrededor de agendas hemisféricas de seguridad y estabilidad institucional. Así, emergió la iniciativa denominada “Escudo de las Américas”, impulsada bajo liderazgo de Estados Unidos.

En ese marco, si se considera que la OEA cuenta con 34 miembros y que Venezuela no participa efectivamente en las votaciones, una resolución favorable requería de18 votos.

Solo el bloque alineado con el denominado Escudo de las Américas representaba 13 apoyos. A ello, podía sumarse el apoyo de Canadá, cuya tradición diplomática de respaldo al orden democrático, hacía altamente probable su adhesión a un texto de apoyo institucional.

En consecuencia, cabía solo realizar un lobbying diplomático para buscar la adhesión de algunos países del grupo centro americano y caribeño, varios de los cuales históricamente privilegian la preservación del orden constitucional, antes que escenarios de desestabilización política o confrontación interna.

Además, dentro de la OEA existe una realidad política conocida, cuando Washington adopta una posición explícita de respaldo institucional hacia un gobierno, una parte de los Estados miembros tiende a acompañar la iniciativa o, al menos, no objetarla y consecuentemente solo abstenerse.

Por ello, Bolivia tenía condiciones propicias para construir apoyos, neutralizar cuestionamientos y obtener una resolución compatible con sus intereses políticos y diplomáticos.

Lamentablemente ello no ocurrió.

Es ahí  donde emerge la principal debilidad.  La política exterior no puede limitarse a gestos simbólicos ni a ejercicios retóricos orientados únicamente al consumo interno. Mucho menos en escenarios de tensión política o conflictividad social.

En contextos de crisis, la diplomacia debe operar como una herramienta estratégica de preservación estatal, construcción de legitimidad y generación de correlaciones internacionales favorables. La improvisación o la ausencia de objetivos concretos y principalmente la falta de resultados debilitan la eficacia de cualquier iniciativa exterior.

Ojalá no ocurra, pero si la situación de convulsión social se prolonga, la diplomacia boliviana probablemente tendrá su examen de desquite. En ese caso, sería deseable comprender que las relaciones internacionales responden a planificación, previsión, astucia y construcción estratégica de apoyos.

En política exterior las iniciativas no se valoran por la intención que las inspira, sino por los resultados que producen; y la diplomacia que no genera resultados concretos termina reducida a simbolismo.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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