2026-07-13

Hilando Fino

Cuando el poder se metió a la cancha

Presidentes, dictadores y mandatarios que quisieron jugar los Mundiales

La gran paradoja del fútbol moderno es que la FIFA proclama la independencia del fútbol y rechaza cualquier injerencia política. Sin embargo, la historia de los Mundiales demuestra que, muchas veces, el poder cruzó la línea de cal y dejó su huella sobre el destino de una Copa del Mundo.

Mientras algunos todavía no comprenden la inmensa dimensión del deporte, el mundo descubrió hace mucho que un balón puede mover gobiernos, despertar pueblos y escribir páginas de la historia. Porque el fútbol nunca fue solamente un juego; también ha sido poder, propaganda, esperanza y control.

Desde Benito Mussolini en 1934 hasta Donald Trump en 2026, pasando por Hitler, Pinochet, Mobutu, Videla y Saddam Hussein, hubo mandatarios que quisieron ganar desde los despachos lo que once futbolistas debían conquistar en la cancha. Algunos buscaron gloria; otros intentaron esconder derrotas, miedos o las heridas de sus regímenes.

No son leyendas. Son historias reales: árbitros intimidados, jugadores amenazados, torturados o utilizados como instrumentos políticos; selecciones sometidas a ideologías; estadios convertidos en cárceles y decisiones tomadas lejos del campo de juego.

LAS VECES QUE EL PODER QUISO JUGAR EL MUNDIAL

1934 – Benito Mussolini: convirtió el Mundial en propaganda fascista e intimidó a los árbitros para conducir a Italia al título.

1938 – Hitler y Mussolini: Hitler obligó a Austria a integrarse a Alemania y realizar el saludo nazi; Mussolini impuso el negro fascista a Italia.

1962 – João Goulart: la presión diplomática brasileña permitió que Garrincha fuera indultado y jugara la final.

1974 – Augusto Pinochet: tras convertir el Estadio Nacional en un centro de detención, organizó un partido sin rival para clasificar al Mundial.

1974 – Mobutu Sese Seko: amenazó a los jugadores de Zaire (hoy RD del Congo)  si perdían por más de tres goles ante Brasil.

1978 – Jorge Rafael Videla: utilizó el Mundial para mejorar la imagen de la dictadura mientras el 6-0 ante Perú quedó marcado por la polémica.

1986 – Saddam Hussein y Uday Hussein: las derrotas de Irak se castigaban con prisión y torturas.

2018 – Rafael Callejas: el expresidente hondureño quedó involucrado en el escándalo de corrupción de la FIFA.

2026 – Donald Trump: solicitó el levantamiento de la expulsión de Folarin Balogun y la sanción fue retirada.

Quizá la mayor enseñanza de casi un siglo de Mundiales es que el fútbol jamás ha sido solo fútbol. Es el idioma de millones, el refugio de los humildes, el sueño de un niño, el orgullo de una bandera y arma de políticos.

Porque mientras los futbolistas buscan la gloria con sus pies, el poder intenta muchas veces escribir la historia desde los palacios.

Porque el balón puede rodar libre, pero la historia demuestra que, demasiadas veces, las sombras del poder también han querido decidir su destino.

 

Te puede interesar