Líbero
¿Cayó la Bastilla con algo más que tiki-taka?
¿Cómo se explica que el mejor equipo del Mundial, Francia, cayera el 14 de julio, en coincidencia con la toma de la Bastilla de 1789, ante España?
Hasta ese momento, la escuadra de Didier Deschamps era la favorita, porque tenía una ofensiva demoledora, compuesta por quienes están catalogados como mejores jugadores del torneo en sus puestos: Mbappé, Dembelé, Doué, Cherki y Olise, entre otros. Para no hablar del resto, que casi sin despeinarse acariciaba ya la tercera estrella mundialista.
En el Palacio de Versalles, según la historiografía revolucionaria, la monarquía no advertía, encerrada como estaba en su torre de marfil y en goce de su derecho divino a gobernar, las agitadas pulsaciones de la realidad francesa que rematarían en la caída del Absolutismo; se atribuye la frase “El Estado soy yo” a Luis XIV, que refleja una concentración de poder tal que no admitía más que la voluntad del soberano en el gobierno de Francia. Los hechos se dieron de tal modo que nadie había previsto la radical caída del Antiguo Régimen, para dar lugar al nacimiento del actual Estado Moderno. Algo así ocurrió el 14 de julio de este año, pero en el fútbol.
No se podía creer que los Bleus estuvieran como maniatados por España. Los delanteros de este equipo vertical y profundo, guiado por Mbappé, no atinaron a desarrollar su juego vistoso y de constante vértigo, porque no dispusieron ni lograron crear los espacios necesarios para definir el lance, como en otras ocasiones. Hasta el final, se puede decir que casi ni tocaron el balón o lo perdieron en las escasas jugadas, y sin peligro, que pudieron desarrollar. En una de las semifinales que será más analizada por el mundo futbolístico, los españoles dominaron el partido y llevaron a Francia, con todas sus estrellas, a un territorio donde impusieron sus condiciones.
España, lo sabemos, aplica un método de juego que se ha conocido desde hace mucho como el tiki-taka, que se fundamenta en el pase corto para el control de la pelota, pero que se creía ya superado, porque los directores técnicos han encontrado vías efectivas para contrarrestar esa dinámica de defenderse o atacar mediante la posesión, que no da como resultado partidos vistosos, pero que puede a veces llegar a los objetivos esperados.
Kylian Mbappé (10) y la evidente frustración tras la derrota de Francia contra España. Foto: EFE
La monotonía del tiki-taka manda que los equipos que lo practican refuercen el cuadro con mediocampistas hábiles para los toques cortos. Pareciera, en los casos más extremos, que el equipo no está interesado en atacar ni ganar, sino en tener éxito en los pases cortos: el fútbol, por tanto, pierde su razón de ser y su centro de gravitación, que es destrozar al rival. Los antídotos más efectivos contra esta manera de interpretar el fútbol son la anulación de los volantes que tocan hasta el agotamiento, el refuerzo de las defensas y los rápidos contragolpes cuando estos equipos pierden el balón y también el libreto, porque no logran reaccionar ante un fútbol largo y de mucha presión.
En este Mundial, España ha alcanzado una posesión media del 64%, mientras que en el cotejo contra Francia llegó al 56%. Sus pases han registrado una efectividad del 93% en lo que va del torneo.
Pero si España es sólo tiki-taka, ¿por qué Deschamps no aplicó los remedios oportunos? O Luis de la Fuente encontró las debilidades de Francia que supo aprovechar al máximo o bien la España semifinalista es algo más que tiki-taka. Es posible que estemos ante un equipo que, sin renunciar a la posesión, haya agregado variantes en la defensa —sólo le han marcado un gol hasta ahora—, en el medio con Rodri y también en el ataque, con un Lamine Yamal que no termina de despegar, pero que infunde terror.
Se despejarán estas dudas ante Argentina, que espera a España en la final del domingo y que ha derrotado a otro de los firmes candidatos al título, Inglaterra, en un partido destacable para Messi. ¿Habría sido diferente el resultado si Tuchel no hubiera resuelto cerrar el partido tras el gol de Gordon? Es lo mismo que preguntarse qué hubiera ocurrido si las monarquías absolutistas siguieran en pie, si María Antonieta no hubiera sido sometida al invento atribuido al doctor Joseph-Ignace Guillotin o si Robespierre y los jacobinos no hubieran instaurado el Reinado del Terror para decapitar a los “contrarrevolucionarios”.