2026-08-24

La Tribuna

Con los ponchillos y la pelota no es suficiente

El problema es estructural, los clubes, en su gran mayoría, lejos de ser instituciones, son equipos de barrio que se aventuran a inscribirse en la asociación, sin tener la más pálida idea de cómo formar niños y adolescentes en el mundo del fútbol.

A pesar de que Bolivia, futbolísticamente hablando, no es el país referente que quisiéramos que fuese, sí es un pueblo futbolero por naturaleza. Somos una nación que lleva la pasión por la bola de cuero intrínseca y por ende existen cientos de miles de niños que crecen con el anhelo de algún día ser futbolistas profesionales.

¿Pero, qué debe hacer la familia de un muchacho deseoso de alcanzar el sueño del profesionalismo?

Evidentemente, no existe una sola respuesta correcta y directa que lleve consigo la receta para definir el futuro soñado de nuestros hijos, habría que, primero enfangarse en una conversación tocando factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos y etcétera. Sin embargo, podemos convenir y resumir que la principal y más básica necesidad es acercar al niño o niña a una institución deportiva formativa que compita mínimamente a nivel departamental.

En la ciudad de Cochabamba hay cientos de clubes que ofrecen el servicio de escuela de fútbol para todas las edades, no obstante, se pueden contar con los dedos de una mano los que cuentan con predios propios capaces de otorgar un espacio cómodo y correcto para una buena práctica deportiva, ni hablar del material de entrenamiento, para muchos equipos una pelota y dos docenas de ponchillos son suficientes para empezar a operar como "academia de fútbol".

El problema es estructural, los clubes, en su gran mayoría, lejos de ser instituciones, son equipos de barrio que se aventuran a inscribirse en la asociación, sin tener la más pálida idea de cómo formar niños y adolescentes en el mundo del fútbol.

La carencia de campos deportivos es el punto más álgido en el fútbol boliviano en general, mucho más en divisiones inferiores. Las canchas son la maquinaria principal en la industria del balompié, para producir futbolistas de alta calidad es necesario invertir en terrenos de juego que vayan dentro de los estándares internacionales, pero la inversión para esa asignatura en Bolivia es prácticamente nula. Es imposible esperar que el fútbol sea preciso con un pseudo gramado lleno de huecos donde el destino de la mayoría de los pases es una incógnita, pero ese es el contexto en el que se forman nuestros niños.

Las asociaciones tienen la obligación de verificar que los clubes partícipes de sus torneos, cumplan con todos los requisitos y formalidades para competir en el fútbol infantojuvenil, pero estas entidades no solo permiten el concurso de equipos informales y prácticamente empíricos, también cometen la barrabasada de iniciar sus campeonatos a medio año o incluso más tarde. Esto quiere decir que encima de entrenar en espacios inadecuados y con material improvisado, los chicos compiten de manera oficial aproximadamente cinco meses al año, ¡Ridículo!

Es muy claro que en el fútbol boliviano las categorías inferiores no son prioridad, los clubes profesionales prefieren invertir en una jugosa prima para la llegada de algún extranjero, en lugar de construir un comedor, un gimnasio o simplemente contratar profesionales enfocados en alguno de los muchos aspectos que necesitan trabajar los jóvenes en formación.

En los últimos años hemos visto ciertos chispazos de algunos clubes intentando cambiar su filosofía, pero siguen siendo una minoría, para que el fútbol boliviano evolucione de verdad necesitamos volcar la atención y el presupuesto hacia las divisiones menores, por honor, por moral y por nuestro propio bien.

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