lunes 23 de febrero de 2026

El acto se realizó el jueves en el santuario

El nuevo manto recuerda a quienes perdieron la vida por Covid-19

Los prestes mayores, feligreses y folkloristas cambiaron los ropajes del patrono, para que esté listo para la entrada.
El rector del santuario bendice el nuevo manto y a los prestes, actuales y antiguos, durante el acto.   FOTO: Jorge Soruco/Visión 360
El rector del santuario bendice el nuevo manto y a los prestes, actuales y antiguos, durante el acto. FOTO: Jorge Soruco/Visión 360

El acto comenzó a las 15.30 de la tarde del jueves. Juan Roberto y Carmen Rosa Apaza, los prestes mayores, colocaron un grupo de aguayos frente al altar central del Santuario del Gran Poder. Allí colocaron la imagen del “Tata” para cambiarle el manto, uno de los últimos actos importantes antes de la entrada.  

Cada año, los prestes mayores tienen la responsabilidad de conseguir un nuevo ajuar para el patrono del barrio de Chijini. Estos ropajes incluyen la túnica, el cinto y el manto. Los colores y adornos que integran las prendas dependen de la fraternidad a la que pertenecen los prestes mayores, quienes se encargan de la realización de las piezas.

Tras colocar la efigie, de unos 40 kilos de peso, sobre los aguayos, el rector Marcelo Ramírez Simón inicia el acto litúrgico. Pide un Padre Nuestro y la bendición a la figura y a los asistentes.

Al momento de cambiar los ropajes se levanta un telón entre los asistentes, los prestes y religiosos. “No puedes hacer que el Tata esté desnudo ante la gente”, explicó Carmen.  

Los prestes mayores, Roberto y Carmen Apaza, con el Tata.  FOTO: Jorge Soruco/Visión 360

 

Para este año, los Apaza contaron con los servicios de Miriam Susana Quispe Mamani, quien trabaja en la elaboración de mantos desde 2015. “Hemos trabajado desde finales de enero de este año. Fue complicado”, indicó la artista.

Los colores de este año son azul y blanco, los de la fraternidad Viajeros La Paz Charaña. Una diferencia con los de otros años es que el manto no tiene bordados en los extremos. Además, el bordado fue con hilos plateados.

“Eso hace que el trabajo sea más difícil: lograr el detalle con un solo color”, agregó Quispe.

Otra característica es que en el pecho destaca un corazón plateado en alto relieve. Esta imagen es, según explicó Carmen Apaza, un homenaje a las personas que perdieron la vida durante la pandemia de Covid-19.

Corazón plateado que recuerda a las víctimas de Covid-19.   FOTO: Jorge Soruco/Visión 360

 

Una de ellas es María del Carmen Fernández, esposa de Juan Roberto Apaza y madre de Carmen. “Recordamos a mi mamá con esta pieza”, dijo.

Escudo de La Paz, uno de los adornos del manto.   FOTO: Jorge Soruco/Visión 360

En la parte inferior de la túnica, en un parche azul, destacan los nombres de los familiares.