lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 17-08-2025

Responsables

Hoy la patria nos mira. Nos pregunta si estaremos a la altura de su historia, si seremos dignos de sus 200 años de luchas y esperanzas.
domingo 17 de agosto de 2025

Después de un largo y accidentado recorrido, marcado por tensiones políticas, crisis económicas y amenazas latentes contra el proceso democrático, los bolivianos llegamos finalmente al día decisivo: aquel en el que, con un solo acto, podemos inclinar el rumbo de la historia. Hoy, más que nunca, nuestro voto es una llave que puede abrir la puerta de un futuro digno o sellar los candados que mantienen al país atrapado en sus viejos males.

La responsabilidad está ahora en manos de los 7.937.138 ciudadanos inscritos en el padrón electoral. De su decisión saldrá el gobierno que recibirá a Bolivia en su bicentenario: uno capaz de sanarla y ponerla en pie, de proyectarla hacia un desarrollo sólido y sostenido; o, por el contrario, uno que la condene a seguir de rodillas, sometida a las ambiciones personales y corporativas, a la corrupción, al enfrentamiento estéril, a la burocracia paralizante, a la politiquería barata, a la delincuencia creciente, a la manipulación judicial, al saqueo de sus recursos y a un interminable y vergonzoso etcétera.


La papeleta no solo contiene ocho candidaturas; también incluye tres decisiones silenciosas pero igualmente importantes: el voto blanco, el nulo y la abstención. Todas ellas hablan, todas pesan. La pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿está en la boleta alguien realmente a la altura de lo que Bolivia necesita? Algunos dirán que sí, otros que no. Pero, guste o no, la democracia exige elegir al mejor posible entre los disponibles. Y ese acto exige responsabilidad.


El voto responsable es mucho más que marcar una casilla: es el ejercicio consciente, informado y libre del derecho al sufragio. Es participar evaluando propuestas, antecedentes y capacidades, midiendo las consecuencias que tendrán nuestras decisiones en el presente y en el porvenir. Significa blindar nuestra conciencia contra la desinformación, el clientelismo o las presiones interesadas, y poner el bien común por encima de cualquier ventaja personal o inmediatez seductora.


Votar con responsabilidad implica informarse, analizar los problemas nacionales y locales, entender que cada sufragio no es un grano aislado de arena, sino parte de una avalancha capaz de moldear el destino político, económico y social de todo un país. Es un compromiso cívico que fortalece la democracia, legitima a las instituciones y honra la voz del pueblo. Pero también es un pacto silencioso con las generaciones que vienen detrás, que merecen heredar un país con oportunidades, justicia y seguridad.


Por eso esperamos que, al final de esta jornada, prevalezca el voto responsable. Y que quienes resulten electos actúen con la misma responsabilidad que exigimos a los votantes: cumpliendo sus promesas, gobernando para todos, tendiendo puentes incluso con quienes piensan distinto. Porque no bastará con unir a la izquierda, a la derecha o al centro: urge unir a Bolivia entera.


No podemos permitirnos más años perdidos en guerras intestinas entre grupos de poder. No podemos seguir normalizando el odio hacia quien piensa diferente, ni tolerando abusos de funcionarios que olvidan que su autoridad nace del pueblo que les paga. No podemos resignarnos a una justicia en venta, ni a negociados que desangran el futuro de nuestros hijos.


La responsabilidad también nos alcanza después de votar. Debemos conceder al nuevo gobierno, sea cual sea, un tiempo razonable para comenzar a ejecutar sus planes y mostrar resultados. Juzgar antes de tiempo o empujar al país a una convulsión que derive en ingobernabilidad sería tan irresponsable como elegir sin pensar.


Hoy la patria nos mira. Nos pregunta si estaremos a la altura de su historia, si seremos dignos de sus 200 años de luchas y esperanzas. Que nuestra respuesta, escrita en la tinta indeleble de las urnas, sea un sí rotundo. Porque el futuro no se hereda: se construye.

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