lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 21-09-2025

Lara y la prensa

El candidato Lara aún está a tiempo de reflexionar y comprender que, si realmente quiere combatir la corrupción, debe respetar y alentar la labor de la prensa independiente.
domingo 21 de septiembre de 2025

En este, como en cualquier país del mundo, el trabajo de la prensa es uno de los pilares de la lucha contra la corrupción. Pretender asfixiarla con descalificaciones equivale a intentar amputar uno de los principales brazos de esta cruzada. Y no se trata de que la prensa sea intocable. Como en todo gremio, existen manzanas podridas, mercenarios y corruptos, pero también mecanismos para desenmascararlos y sancionarlos.

La historia de los escándalos de corrupción descubiertos e investigados por periodistas en Bolivia daría para llenar varios libros. Casos como la explotación de piedras semipreciosas de La Gaiba que financió la dictadura de Luis García Meza; las investigaciones que revelaron los nexos del narcotráfico con ese mismo régimen; las millonarias estafas piramidales de Finsa, Roghel y LV Pharma; la compra con sobreprecio de un avión Beechcraft; la venta de misiles chinos a Estados Unidos; o los vínculos de Marco Marino Diodato con el gobierno de Hugo Banzer son solo algunos ejemplos del aporte de la prensa al esclarecimiento de la verdad.

En años más recientes, la lista continúa: el desvío de millones del Fondo Indígena a proyectos fantasma; la compra de 16 barcazas chinas que nunca llegaron al país; los negocios de la empresa CAMC vinculada a Gabriela Zapata, expareja del expresidente Evo Morales; o la adquisición de respiradores y gases lacrimógenos con sobreprecio. Durante el gobierno de Luis Arce Catacora, al menos media docena de ministros fueron destituidos por hechos de corrupción, la mayoría de ellos denunciados inicialmente por periodistas.

En dictadura o en democracia, con gobiernos neoliberales o socialistas, la prensa boliviana no ha claudicado en su compromiso con la fiscalización del poder, pese a los innumerables intentos de acallarla, a las presiones y a los costos personales que ello significó para muchos periodistas, quienes incluso perdieron sus empleos, pero no su dignidad ni su ética.

Estos antecedentes parecen desconocidos para el candidato a la Vicepresidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), Edman Lara, quien durante la semana lanzó una ráfaga de acusaciones temerarias contra periodistas y medios, sin presentar una sola denuncia formal.

Ya al día siguiente de la primera vuelta electoral arremetió contra la prensa, acompañado de sus seguidores que coreaban: “¡Prensa vendida, prensa vendida!”. Sostuvo que varios medios le cerraron las puertas y acusó a dueños y jefes, de manipular contenidos. Incluso se irritó porque un periodista de la red UNO le preguntó si tenía algún vínculo con Evo Morales, y relacionó la consulta con lo que llamó una de las “mariconadas” de Jorge Tuto Quiroga, insinuando que la alianza Libre había pagado para que se hiciera esa pregunta que, en realidad, muchos ciudadanos se planteaban en ese momento.

Más tarde, dirigió sus ataques contra el conductor del programa Sin Compostura, Carlos Valverde, a quien acusó de hablar mal de él ante Rodrigo Paz, su acompañante de fórmula. Según Lara, aquello respondía a un cálculo político para asegurarse publicidad estatal en el futuro.

La semana siguiente fue más lejos. En un acto de campaña cargó contra las redes televisivas Unitel, UNO y DTV, además del periódico El Deber. Denunció una “guerra sucia de la prensa” en su contra y, una vez más, coreó con sus simpatizantes: “¡Prensa vendida, prensa vendida!”. Poco después, apuntó también contra el periodista de radio Fides, Jhon Arandia, a quien acusó de haber entrevistado a un psicólogo para que lo llamara “psicópata”, lo que en realidad no ocurrió. La guinda en la torta fue cuando llegó a señalar que la prensa únicamente emitía excremento.

Lara anunció que no hablará con la prensa porque —según él— tergiversa sus declaraciones, como si, en su calidad de abogado, no supiera que existen instancias legales para procesar a quienes considere que han cometido faltas. Eso es lo que debería hacer, en lugar de incitar a sus seguidores contra el trabajo periodístico.

Su actitud inevitablemente recuerda al expresidente Evo Morales, quien, tras lanzar acusaciones similares contra periodistas que fiscalizaban su gestión, terminó vetándolos, neutralizando a los medios incómodos, fracturando al gremio y organizando una extensa red de comunicadores y medios alineados a sus intereses, financiados en gran parte con publicidad estatal.

El candidato Lara aún está a tiempo de reflexionar y comprender que, si realmente quiere combatir la corrupción, debe respetar y alentar la labor de la prensa independiente. Esa prensa que formula preguntas incómodas, que refleja aciertos, pero también errores, y que tiene mayor credibilidad para denunciar a un presidente corrupto que el propio vicepresidente, por más que este lo proclame.