lunes 23 de febrero de 2026

Personaje del año

La propia Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, al presentar su primer informe sobre el proceso, destacó antes de ello que el presidente del TSE fue “una figura clave en este proceso electoral”.
domingo 24 de agosto de 2025

¿Nombrar al personaje del año cuando aún restan cuatro meses para que concluya la gestión? Una irresponsabilidad, pensarán algunos, pero este caso es excepcional y creemos que el título anticipado lo merece, con méritos suficientes, el abogado chuquisaqueño Óscar Hassenteufel.


Que de aquí en lo que resta del año aparezca otro protagonista que merezca este título, pues para nosotros tendrá que compartirlo con el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE) sin cuyo aplomo y compromiso con el país posiblemente no habría sido posible que las elecciones generales del pasado domingo llegaran a buen puerto, como ha ocurrido, y ahora nos encaminemos a una histórica segunda vuelta. 


Una elección decisiva no solamente por su carga histórica —el Bicentenario de la República y el posible fin de un ciclo político de dos décadas—, sino también por el clima adverso en que se desarrolló. En medio de esa tempestad, la figura de Hassenteufel adquirió un protagonismo inevitable: fue la voz que se esforzó en sostener el proceso en pie, denunció las amenazas contra el ejercicio del voto y convocó a la serenidad democrática. Lo hizo con la templanza que dan la sabiduría y la experiencia de los años.


La propia Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, al presentar su primer informe sobre el proceso, destacó antes de ello que el presidente del TSE fue “una figura clave en este proceso electoral”.


Desde los primeros meses del calendario electoral, Hassenteufel advirtió con tono firme que la Asamblea Legislativa Plurinacional no estaba cumpliendo con su responsabilidad. Reclamó recursos para el voto en el exterior y para el sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP), denunció la demora en normativas clave y la saturación de exigencias administrativas que dificultaban la labor del TSE. No fue un gesto menor: al romper la habitual prudencia de los árbitros electorales, expuso de manera descarnada la fragilidad institucional que acompaña a los procesos democráticos en el país.
Su papel también fue el de alertar contra la sombra de la confrontación. Ante un país polarizado, pidió reiteradamente a los candidatos “madurez política” para aceptar los resultados, debatir sin insultos y preservar la paz social. En más de una ocasión habló de “fuerzas oscuras” interesadas en boicotear los comicios, en clara referencia a sectores que apostaban a los bloqueos de caminos o a la judicialización del proceso. Fue, en ese sentido, un árbitro que no se limitó a organizar mesas de votación, sino que asumió la tarea de defender la legitimidad misma de la democracia.


Su gestión también estuvo marcada por un episodio que rozó la incertidumbre: su licencia médica —o renuncia no aclarada del todo— a pocas semanas de las elecciones, en medio de versiones de conflictos internos por demandas de elección de un nuevo presidente del TSE. El vacío de liderazgo temporal en el TSE generó dudas, temores y críticas, sobre todo porque se produjo en la antesala de un proceso de alta sensibilidad política. Aunque el Tribunal logró encaminar la jornada electoral, la salida de Hassenteufel dejó la sensación de un timón que por momentos se aflojaba justo cuando más firme debía estar.


En balance, Óscar Hassenteufel encarnó la tensión de ser árbitro en un país acostumbrado a cuestionar a sus instituciones. Su voz fue la de un funcionario que no se escondió frente a los problemas, pero cuya ausencia temporal dejó heridas en la credibilidad del organismo. 


Al final, las elecciones de 2025 pudieron realizarse y ofrecer un resultado aceptado por la mayoría de actores, lo que habla de un éxito de la conducción electoral. Sin necesidad de una ley que obligue a ello, hubo al menos un debate con todos los candidatos a la Presidencia; el Sirepre funcionó perfectamente, no hubo protestas contra los resultados y ahora los bolivianos nos encaminamos en paz al 19 de octubre, para elegir al futuro presidente entre los dos candidatos más votados.

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