viernes 10 de abril de 2026

"Esculturas vivas"

La artista Alex Hug llega a la BICeBé para mostrar la magia del reciclaje textil

Hug es una artista interdisciplinar que trabaja con ropa de segunda mano y desechada para crear “esculturas vivientes”. Presentará una exposición de sus obras en La Paz, donde también ofrecerá un taller
lunes 06 de octubre de 2025

Alex Hug es una artista española interdisciplinar cuya práctica artística combina escultura textil, instalación y performance, creando lo que denomina "esculturas vivas": obras que cobran vida a través de la interacción sensorial y el movimiento, invitando al público a una experiencia táctil y emocional. Utiliza materiales encontrados y prendas desechadas para construir piezas que abordan temas como el dolor colectivo, la salud mental, el cambio climático y la lucha feminista, buscando reconectar a una sociedad fragmentada.

Hug es una de las grandes invitadas de la IX Bienal de Diseño y Cartel Bolivia 2025, llegará a La Paz gracias al apoyo de la Cooperación Española AECID y el Centro Cultural de España en La Paz,  donde participará con un taller denominado Emociones entrelazadas, en el cual se explorarán las posibilidades del upcycling y el zero waste como herramientas de creación experimental. La otra actividad de Hug será una conferencia titulada Living sculptures, en la que compartirá cómo su práctica artística transforma objetos olvidados en esculturas vivas que invitan al tacto y la reflexión.

Además, también en el Centro Cultural de España en La Paz, Hug presentará la exposición denominada Encuentros. Uniendo lo desgarrado, que se inaugurará el 22 de octubre. La BICeBé se realizará del 20 al 21 en La Paz y del 22 al 24 en Cochabamba.

En esta entrevista exclusiva para Vision 360, Hug explica más acerca de su labor artística:

Empezaste como diseñadora de modas donde también incorporabas mensajes a tus trabajos ¿Cómo eran esos diseños y qué te hizo decidirte a trabajar luego con el up-cycling?

Estuve varios años trabajando para diferentes diseñadores como Sybilla y Del Pozo en España, pero me desencanté con la industria y el modo en el que opera. Es por ello que empecé a buscar nuevas maneras de crear moda que estuvieran más sintonizados con mi manera de ver el mundo, que fueran más sostenibles. Es así como empecé a hacer up-cycling, sin conocer el término y sin ser consciente del todo de lo que estaba haciendo.

Empecé a reciclar las prendas que me regalaban y donaban mis amigos y familiares, transmutando y uniendo las piezas para que no solo fueran prendas de vestir sino relaciones de amistad, de amor, lazos familiares, etc. Entonces mis prendas se convirtieron en algo más que simple moda, son prendas en las que dejarse arropar por tus seres queridos, en los que te puedes meter en la piel de un amigo valiente cuando lo necesitas, prendas que te protegen y acompañan.

Desde entonces los mensajes han ido creciendo y poco a poco el concepto de obras de arte vestibles se quedó pequeño para los mensajes que quiero abarcar. Ahora hago instalaciones con esas prendas donadas y rescatadas, que aún necesitan del público para vivirlas y activarlas, porque la magia de mi arte es eso que pasa en el momento en el que alguien interactúa con el tejido.

¿Cúal ha sido la diferencia –si es que la hubo- en la receptividad a tus performances e instalaciones en las diferentes ciudades donde las presentaste? Por ejemplo, en Madrid, Berlín o Taipei

Yo cuando creo los performances intento imaginar lo que el público hará cuando interactúe con las obras, cómo reaccionará al movimiento y si querrá o no interactuar activamente con ellas. Digo imaginar porque la verdad es que el resultado siempre es distinto, ya no solo de ciudad a ciudad sino en un mismo día, dependiendo del grupo.

Ha habido personas que se han quedado abrazadas a las obras mucho después de terminar la performance, otros lloraron de felicidad, otros se enfrentaron a sus traumas y salieron victoriosos… Mis performances conectan directamente con el espectador, lo vuelve el centro de atención, el arte ocurre en ese instante y no deja a nadie indiferente.

¿Cuál es la expectativa que tienes de realizar tu proyecto en un país como Bolivia, donde existe una cultura muy fuerte la compra-venta de la ropa de segunda mano?

Estoy muy emocionada con poder enseñar mis obras en Bolivia y expandir tan lejos mi mensaje. En España he convivido con el tabú de la ropa usada durante muchos años y ha sido relativamente reciente que el público español empezara a entender la necesidad del reciclaje. Espero poder inspirar a nuevas generaciones con mis procesos de creación y mi método de cómo conectar con los materiales, dejando mis conocimientos a modo de regalo cuando vuelva a Madrid.

Leí en una entrevista que, mientras más usada o ajada esté la ropa con la que trabajarás en tus proyectos, es mejor para ti ¿Por qué?

Tengo el poder de leer y entender a las prendas, es algo que aprendí como diseñadora en mi marca A HUG. Ellas me cuentan de sus vivencias pasadas, de sus aventuras y desventuras, de las personas que las han habitado, lo que han sentido con ellas. Todos dejamos un rastro denosotros mismos en nuestras prendas, y cuando caen en mis manos ellas las comparten conmigo. Mi función es reconstruirlas, cumplir sus sueños, remodelarlas, recrearlas, darles una segunda oportunidad de amar y ser amadas. Por eso las prendas me gustan cuando están muy usadas, o como digo yo, cargadas de vida. Esas prendas tienen más que decir, contar y transmitir y eso de alguna manera se nota.

¿Cuál crees que es la situación de la industria textil en la actualidad en cuanto a su preocupación por la sostenibilidad del medio ambiente?

La Industria textil hace todo lo posible para no adaptarse. Prefiere ocultar procesos nocivos bajo términos sostenibles antes que hacer realmente un cambio significativo.

Desgraciadamente así funciona el mundo en el que vivimos.

Aun así hay esperanza, hay algunos jóvenes valientes que, como yo, quieren replantear las reglas de esta industria. Predican con el ejemplo y aunque a veces no tienen los medios ni la fama que las grandes multinacionales, encuentran la manera de superar barreras y simplificar procesos haciéndolos sostenibles y circulares. Mi esperanza está puesta en esa gente y en las generaciones que están por llegar.

Por esa razón y un optimismo desorbitado, me metí en la docencia y di el paso de la moda hacia el arte. Así puedo llegar a más personas, plantar más semillas, sentar las bases para una industria que está destinada a cambiar completamente.