2024-03-08

Entre flashes y polleras: un emprendimiento busca empoderar a las mujeres en la pasarela

El 2019, mientras Ajata intentaba salir de una ruptura amorosa, participó de una sesión de fotos que la hizo sentir “única” y le levantó el ánimo. Ella quiso mostrarle esa sensación a su mamá y a una amiga de ella, ambas de pollera. Así nació la iniciativa.

Cuando Guadalupe Daza se vio por primera vez en las postales tomadas por un fotógrafo profesional, se sorprendió y se preguntó: “¿Esa soy yo?”. Esas imágenes, en las que ella luce un maquillaje a juego con sus polleras y sus joyas, no eran solo parte de una sesión de fotos, sino de una nueva aventura. Ella estaba disfrutando la experiencia de ser una “Warmi Empollerada".

Este emprendimiento ofrece a las mujeres una experiencia diferente, que va desde vestir de pollera, modelar en pasarelas y tomarse fotos en los lugares más encantadores de Bolivia. Una de las personas que participó de estas actividades fue Daza y su testimonio no hubiese sido posible de no ser por Jesika Ajata, quién creó “Warmi (mujer) Empollerada”.

El 2019, mientras Ajata intentaba salir de una ruptura amorosa, participó de una sesión de fotos que la hizo sentir “única” y le levantó el ánimo. Ella quiso mostrarle esa sensación a su mamá y a una amiga de ella, ambas de pollera.

Ajata recuerda que aunque al principio su mamá y la amiga de ésta no sabían cómo sería la sesión ni qué tipo de ropa usarían, decidieron vestir sus mejores galas. Cuando la amiga de su mamá concluyó la sesión de fotos, le dijo: “No puedo creer Jesie, que (la de la foto) sea yo. Muchas gracias por esta invitación. De verdad ha sido muy lindo”. Esas palabras la inspiraron y le mostraron que “vale la pena” replicar la experiencia. Así nació “Warmi Empollerada”.

Aunque las primeras ofertas consistían en destacar el atuendo de una mujer de pollera en sesiones de fotografía, Ajata unió el servicio con su profesión: el turismo. Ahora, este emprendimiento se basa en la experiencia del “empolleramiento”, que consiste en talleres en los que las mujeres se conocen y comparten un poco de sus vidas, son protagonistas de sesiones de fotos, pueden hacer pasarela o se inscriben para viajes.

Además, con estas vivencias las mujeres se conocen y comparten. “Es que la fotografía es un punto importante para subir tu autoestima, pero lo que más valoramos, y lo que de verdad es muy importante, es que ellas puedan conocer a otras mujeres que tengan las mismas historias. Algunas han sufrido violencia familiar, algunos han sufrido violencia psicológica, algunas son mamás, algunas son divorciadas, son de diferentes edades, entonces cada una tiene diferentes historias. Es ahí donde se crea este lazo de amigas de mujeres empolleradas y algo que tenemos muy fuerte en común es que estas mujeres admiran a la chola, paceña, o les gusta vestirse de cholitas”, destaca Ajata.

Tras su sesión de fotos, Daza confiesa que fortaleció su autoestima. “Aprendí que no necesito más que quererme yo para poder querer a alguien más y que las mujeres valemos mucho y somos mucho”, señala.

En el caso de Dayana Pinaya, otra integrante de Warmi Empollerada, ella eligió ponerse las polleras en homenaje a su abuelita. “Mis familiares, al verme vestida de pollera se animaban y decían: ‘creo que todas tenemos que vivir esa experiencia’”.

Warmi Empollerada cambió mucho desde que nació. En un principio, el enfoque de empoderamiento no estaba muy claro, pero ahora las mujeres que son parte de esta iniciativa reciben talleres, cursos y charlas.

Uno de los inconvenientes que enfrentaron al comienzo fue que muchos interesados creyeron que Warmi Empollerada era una escuela de modelaje, porque entre los paquetes que ofrece está el de pasarela. “Por ejemplo, me decían: ‘¿cómo van a cobrar por hacer un viaje?’, ‘¿cómo van a cobrar por vestirse de pollera?’”. Las críticas incluso llegaron dirigidas a Jesika, quien no viste de pollera de manera habitual. “Yo no soy de pollera y decían: ‘cómo ella, si no es de pollera, va a manejar algo que es de cholitas’”, recuerda.

Ajata explica que su emprendimiento no es solo un espacio donde las mujeres se ponen la pollera y se toman fotos, dado que para ser parte de esta iniciativa, las interesadas primero deben postular y llenar un formulario; luego, al ingresar, el objetivo del emprendimiento es que las mujeres se queden y sean parte de los talleres.

Sin embargo, Ajata destaca que lo más importante es ver el crecimiento de las “warmis”, ese cambio que se puede sentir tras las primeras aventuras. “(Ellas) son mamás o cuidan su negocio o están tan enfocadas en otras cosas. Muchas de ellas nunca se han dado la oportunidad de pensar en ellas”.

Muchas de ellas nunca antes habían posado frente a las cámaras y menos habían participado en una sesión de fotos. Para ellas, era impensable viajar con otras mujeres por el puro placer de tomarse fotos en lugares paradisíacos de Bolivia. La fundadora de Warmi Empollerada subraya este impacto y afirma que es “muy bonito”, pues al sentirse hermosas, la personalidad de las “warmis” cambia.

“Cuando viajamos, ellas no están preocupadas, o bueno, sí están preocupadas, pero no están pensando todo el tiempo en sus hijos, en su esposo, en su negocio. Es un momento en el que se desvinculan completamente de las cosas y es algo bien interesante cómo ellas se ven después de las sesiones”, destaca. 

Los destinos de este grupo varían, pues han viajado a sitios como el Salar de Uyuni o Copacabana. Para Ajata, cada uno de estos viajes es “único”. “Generalmente, cuando nosotros vamos a un lugar, es muy sorprendente cómo las cholitas son imanes, porque a las personas de afuera les gusta mucho verlas. Siempre nos preguntan qué significa, por qué se visten así, si es que se visten todos los días. Se quieren sacar fotos con ellas, entonces eso también mueve la autoestima de ellas y además seguimos mostrando lo que es Bolivia”, agrega.

Para la joven fundadora de este emprendimiento, las mujeres que se suman a Warmi Empollerada se sienten en confianza, porque tienen un espacio para conocerse entre ellas. Además, muchas tienen ganas de crecer, pues algunas han entrado a diferentes certámenes, otras han decidido abrir un nuevo negocio, y todos estos logros los comparten en grupo.

A la fecha, 44 mujeres se han sumado a “Warmi Empollerada” y otras 28 han sido parte de las pasarelas. Ajata se encarga de apoyarlas para que salgan de su zona de confort. “Ellas tal vez no se imaginaban hablar en la televisión, les digo que tienen que hacerlo, tal vez hacer una pasarela delante de personas, tienen que hacerlo.  Entonces poco a poquito las voy sacando de ese espacio que era su cajón”, comenta.

 

Mujeres de todas las edades y profesiones disfrutan de esta experiencia

Jesika Ajata destaca que mujeres de diferentes profesiones, como funcionarias públicas, empresarias, personal de salud, entre otras, son parte de “Warmi  Empollerada”. Además, la edad no es un límite para unirse a esta experiencia.

Para ser parte de esta experiencia, las mujeres primero llenan un formulario, esperan la selección, son entrevistadas y finalmente eligen un plan de pagos. Los precios dependen del servicio. Por ejemplo, la pasarela vale 950 bolivianos; mientras los costos de los viajes oscilan de entre 800 a tres mil bolivianos, dependiendo el destino y el cronograma.

Ajata explica que al momento de la entrevista les explican los costos, “Al momento de la entrevista les decimos cuáles son los costos y armamos un cronograma claro”. Además, al momento de llenar el formulario, existe la opción de que las postulantes sean tomadas en cuenta para el siguiente destino.

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