Deportes de riesgo
Con pollera y sombrero las Imilla Skate desafían la gravedad
El sonido de las ruedas raspando el cemento se une al frus, frus de las polleras que revolotean mientras que las Imillas Skaters realizan sus acrobacias sobre las patinetas.
Ollies, boardslides, switchs y giros de patada se realizan en secuencia en los parques de skate, plazas e incluso calles.
De Cochabamba a Londres, de Bogotá a Washington, este grupo de atletas ataviadas con polleras y sombreros de copa alta demuestran su dominio del deporte urbano y, de paso, rinden homenaje a su ascendencia.
Deporte, retos e historia
Desde la vestimenta hasta su actitud frente a la vida, todo lo que caracteriza al colectivo Imilla Skate tiene relación con uno de los lugares más emblemáticos de Cochabamba: la Coronilla.
Allí, donde hace 112 años las mujeres vallunas se enfrentaron a las fuerzas realistas, este grupo de mujeres desafía los estereotipos sobre las tablas de las patinetas, ataviadas con las prendas tradicionales de la chola cochala, incluyendo el voluminoso sombrero blanco de copa alta.
Nacieron en 2019, inicialmente las integrantes eran Dani Santiváñez y sus amigas Brenda y Wara. Tomaron el control de un parque con plataformas para skate, construido en un terreno baldío que era utilizado anteriormente como una parada ilegal de transporte público.
En esa zona de la Llajta la criminalidad es alta, pero gracias al esfuerzo de distintos proyectos, como el cultural mARTadero y las mismas integrantes de Imilla Skate, los espacios se recuperan poco a poco.
Las integrantes se acercaron a este deporte de riesgo urbano de distintas maneras. Algunas, como Dan y Daisy lo hicieron gracias a la influencia de sus hermanos. Otras descubrieron después la libertad que brinda el deslizarse a toda velocidad sobre las patinetas.
“Después de un tiempo me di cuenta que el skate me ayudó a volver a encontrarme, volver a entenderme, a encontrar una paz en mi vida”, afirmó Wara a National Geographic.
El viaje no fue sencillo ni indoloro. Más aún cuando decidieron honrar su ascendencia quechua y mestiza al determinar vestir las voluminosas polleras, sombreros y largas trenzas, lo que obliga a refinar las técnicas. Así, caída a caída, fueron puliendo sus habilidades.
“Llevar pollera para hacer skate demuestra que todos podemos hacer lo que nos guste, independientemente de cómo vistamos o de dónde vengamos”, afirma Tefy, en una entrevista con Unesco.
Con una mirada rápida en sus cuentas de Instagram y Facebook se pueden ver los anuncios de sus presentaciones en las capitales del mundo, de Washington a Londres.
Así, entre manuals, rock to fakie y ollies, las ahora nueve integrantes desafían la gravedad con maestría.