Actriz, directora, dramaturga y gestora cultural
Erika Andia: la mujer de oro del teatro y cine nacional
Existe algo mágico en los actores, ya que tienen la capacidad de dejar atrás su cotidianidad y dar vida. Es lo que atrajo a Erika Andia, quien desde hace tres décadas dedicó su vida a las tablas.
Actriz, directora, dramaturga y gestora cultural, Andia es una de las principales representantes de las artes escénicas en el país. No solo trabaja en sus tres proyectos personales, sino que también colabora con otros artistas, tanto teatrales como de otras disciplinas.
“Tengo un gran problema con decir no”, comenta entre risas. “A veces estoy con tanto trabajo que no puedo dormir. Pero, también es una bendición porque me permite trabajar en lo que amo”.
Ningún reto es demasiado grande para la protagonista de ¿Quién mató a la llamita blanca? Ya sea encarnando personajes que son muy alejados de su propia experiencia, hasta asumir el reto de formar a nuevos actores, sin importar la edad de estos, Erika Andia no para ni por un instante.
Una crianza teatral
Una de las razones es que el teatro siempre fue algo muy presente en su vida y la de su familia. Según comenta, el interés en el arte de Talía y Melpómene parte de su bisabuelo.
“Él era tramoyista del Teatro Municipal. Cuando trabajaba llevaba a mi abuela, que creció rodeada de actores, al punto que soñaba con subirse al escenario. Pero en ese tiempo, ni siquiera don Raúl Salmón de la Barra contrataba cholitas de verdad para sus obras”.
Ese interés por la dramaturgia llegó a sus padres. Toda la familia acudía continuamente al principal escenario paceño. Así, Andia creció influenciada por las obras de Salmón de la Barra, David Santalla, Tito Landa, David Mondacca y otros. Recibió influencias de su padre, amante de la música y “un actor nato”, pero no trabajó en ese arte.
Pero ese interés era, inicialmente, desde el punto de vista de la audiencia. Fue cuando estudiaba en secundaria que comenzó el “enamoramiento” con las artes escénicas.
“Cuando estaba en el último año de colegio se abrió un taller de teatro, dirigido por Óscar Arancibia. Él hacía teatro físico, que era diferente a lo que me proponían mis profesoras de lenguaje. Incluso escribió una obra, con historia propia, alejada de las típicas adaptaciones de obras como La niña de sus ojos o las de Raúl Salmón de la Barra, que generalmente se programaban en clases”, recuerda.
De esta manera comenzó actuando en algunas pequeñas obras. Pero todavía faltaba el empujón final, que se presentó en diferentes etapas.
Aunque interesada en las tablas, Erika decidió estudiar Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana (UCB). Paralelamente se unió al taller teatral de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), dirigido por Willy Pérez.
“No avanzamos mucho, pero tuve la oportunidad de conocer a varios artistas, incluyendo a los que trabajaron en la serie La Bicicleta de los Huanca”, cuenta la gestora cultural.
Durante un tiempo no encontró espacios adecuados en los cuales trabajar el arte. Afortunadamente David Mondacca abrió un taller en la UCB. “Nos contagió su amor por el teatro, la escritura y la actuación”.
Pero el impulso final para empujarla a seguir esta carrera llegó con el elenco de Teatro de Los Andes.
Conquistando el escenario
“Cuando vi Colón, una de las primeras obras de Teatro de Los Andes, vi una forma de teatro muy diferente. Era de sueño, porque veías actores que cantaban, que bailaban, que tocaban instrumentos. Tengo muy presente el trabajo en esa obra de María Teresa Dal Pero. Fue entonces cuando me enamoré, al punto que aún conservo mi programita. Allí también fue cuando dije: ‘Me quiero dedicar a esto’”, cuenta.
En ese tiempo colaboraba con Pedro Grossman y Percy Jiménez, sus compañeros del taller de la UCB. Juntos formaron el grupo Teatro Duende, que también incluía a Marcelo Alcón.
Presentaron varias obras en la universidad y en los pequeños espacios que encontraban para las puestas en escena. Además, continuaron capacitándose: ya sea con un dramaturgo chileno con el que aprendieron a hacer máscaras, o en talleres de diferentes áreas de la producción.
Y, un día, decidieron inscribirse a una residencia dictada por Teatro de Los Andes en su sede en Yotala (Chuquisaca). “Volvimos con la mente y el corazón totalmente revolucionados. Discutimos entre los tres y dijimos: ‘O lo hacemos bien o no lo hacemos’, por lo que organizamos un almuerzo para comunicar a nuestras familias que dejaríamos todo por el teatro y comenzamos a trabajar”.
Fue un camino del que no se desvió Andia, excepto una sola vez, en la cual tuvo que trabajar con agencias de publicidad. Fuera de eso, la creación escénica fue su vida, incluso en momentos difíciles, en los que apenas tenía para comer.
La primera obra de este nuevo grupo fue Tinku, las pajas de Dios, iniciando una larga carrera que ya llega a las tres décadas.
Dominando varias áreas
Erika trabaja en las tablas y entre bambalinas. Escribió, dirigió y produjo distintas obras, tanto en colaboración como por su cuenta.
Pero, principalmente, se considera una actriz. “Me considero esencialmente actriz. Me atrae esa capacidad de vivir más vidas, de ser otros seres, de crear muchos personajes”.
Reconoce que le gustan los retos. “Si bien es cierto que cuando lees un texto puedes determinar si el personaje es para ti, a mí me gusta que me propongan que encarne a alguien lejano a mi experiencia, como cuando actué de metalera en Los Madafakers”.
Eso se aplica en el teatro y en el cine, puesto que participó en 12 películas, nacionales e internacionales. Su papel más conocido es Domitila, protagonista de ¿Quién mató a la llamita blanca? (Rodrigo Bellot, 2006).
También trabajó en varios estilos de teatro. Desde el denominado popular costumbrista hasta el contemporáneo experimental, del narrativo tradicional al testimonial.
“Comencé haciendo teatro popular. Trabajé con Tito Landa, también tuve la oportunidad de conocer a Raúl Salmón en Radio Nueva América. Don Tito fue alguien muy, muy, muy especial para mí, predijo que iba a ser una actriz reconocida”.
Actuó también con el Teatro de Los Andes, participó en obras abstractas “que no se entendían”, en teatro contemporáneo. Pero, principalmente, produce lo que denomina como teatro social popular. “Mi finalidad es llegar a toda la gente. No me interesa hacer obras complicadas, que sean de difícil comprensión. Me interesa llegar a la gente, especialmente a quienes, quizá, nunca vieron teatro”, agrega.
Si bien su interés principal es la actuación, poco a poco comenzó a asumir otras responsabilidades de la creación teatral. Comenzó dictando talleres y, en consecuencia, terminaba escribiendo y dirigiendo las obras presentadas con sus alumnos.
Me considero esencialmente actriz. Me atrae esa capacidad de vivir más vidas, de ser otros seres.
Primero fueron niños; después llegaron los adolescentes, los adultos y por último los adultos mayores. Asegura que ese también fue un proceso de aprendizaje para ella; llegó a trabajar en obras para su labor personal y con sus colegas.
Actualmente tiene varios proyectos en la mesa. Uno de ellos es Phajsi Teatro, el que creó con Claudia Ossio, que ya tiene 18 años de existencia; colaboraciones con Teatro de Los Andes y artistas individuales como Cristian Mercado; el elenco Las Kory Warmis, nacido en un taller que dictó a mujeres vendedoras de El Alto, quienes también son las actrices y hasta escenógrafas; y el centro cultural Casa Mágica.
Educando en el arte
Las Kory Warmis (Mujeres de Oro) es uno de los proyectos más destacados de Andia. Nació en 2015, cuando la actriz dictó un taller a mujeres vendedoras de la ciudad de El Alto, concretamente de la Feria 16 de Julio.
Durante el curso, las participantes contaron sus experiencias con la violencia de género y la lucha por la supervivencia. Esos relatos fueron ensamblados por Erika para formar Kusisita, la obra con la que sus alumnas se convirtieron en actrices.
La puesta en escena fue reconocida en el país y en el exterior. Asimismo, es una pieza que va perfeccionándose con cada nueva presentación. “Está formada por las historias de las participantes. Cuando hay una nueva, es ideal que sea ella misma quien cuente su experiencia”, explica Andia.
Con el tiempo llegó Déjà vu. El corazón también recuerda. Gracias a estas dos propuestas el elenco se presentó en escenarios de todo el país, así como del exterior. Llegaron a Europa, a Chile -al festival Santiago Mil- y a otros lugares.
“Y ellas (las actrices) fueron perfeccionando su arte. Al principio dudaban sobre dónde colocarse en el escenario; ahora ya indican cuando la iluminación no es correcta. Cuando me llaman de productoras pidiendo que les facilite el contacto con las actrices para que ‘hagan de cholitas’ hago el trabajo, pero les advierto que son ‘cholitas profesionales’ y por tanto merecen compensación adecuada”.
Una prueba del creciente talento se encuentra en los vestidores y talleres del centro cultural Casa Mágica. Allí hay trajes y máscaras, todos creados por las mismas actrices. En este momento preparan la tercera obra: Las mujeres pájaro, que está prevista para abril de 2025.
También se está trabajando para financiar un viaje a México, donde fueron invitadas para presentar sus dos creaciones.
El trabajo realizado con este elenco resume el proceso creativo de Andia: armar el rompecabezas del relato. “Eso es lo que hago, fundamentalmente. Reúno información, historias y datos de todo lado, que hacen la vez de piezas sueltas. Después es mi deber moverlas, cambiar de lugar y revisar varias veces hasta que la imagen completa esté lista”, asegura.
La labor de las Kory Warmis no se limita solo al elenco femenino original. Cada año hay una renovación generacional, con nuevas integrantes e incluso varones, quienes asumen nuevas responsabilidades.
Tal es el caso de Bryan Machaca, hijo de una de las warmis originales. Fue también cebra y burro del programa municipal de educación vial y ahora es director y una de las manos derechas de Erika en Casa Mágica.
Casa para el arte
El centro educativo y cultural abrió sus puertas hace nueve años. Fue la realización de un largo sueño de su creadora.
“Más que todo, quería un espacio en el cual pueda hacer teatro mi hija. Así que comenzamos primero como un espacio para niños que después fue creciendo. Pero, también nace como un lugar al que la gente pueda venir a hacer arte y realizar presentaciones, porque, como actriz, soy consciente de la escasez de escenarios”, cuenta.
El centro está en el final de la calle Genaro Sanjinés, en una casa patrimonial enorme. Propiedad de Andia, todos los cuartos de la construcción, que abarca varios períodos históricos, fueron habilitados para escenarios, talleres, vestidores y otros. De hecho, su dueña asegura al visitante que “toda la Casa Mágica, de la terraza al huerto, es un escenario”.
Actualmente 50 personas trabajan en el espacio, ya sea dando clases a los diferentes públicos, preparando nuevas obras, organizando presentaciones y gestionando apoyos.
Con los niños se crean y trabajan obras que despierten la imaginación; los adolescentes abordan piezas sobre el drama de crecer; los adultos narran experiencias de desempleo y de superación, y los adultos mayores comparten las historias de soledad.
Mi finalidad es llegar a toda la gente. No me interesa hacer obras complicadas, que sean difíciles.
Es este último grupo el que le dio una satisfacción especial a Andia: “Pude hacer que mi papá, al fin, se suba al escenario en una obra”, cumpliendo así un sueño eterno.
BIOGRAFÍA
Ͱ NACIMIENTO Î Erika Andia nació en La Paz el 6 de marzo de 1972. Por el trabajo de sus padres vivió en distintas zonas de la hoyada.
Ͱ ESTUDIOS Î Es licenciada de Comunicación Social, estudió en la Universidad Católica Boliviana. En esa casa de estudios cursó un taller de teatro con David Mondacca. También estudió con Teatro de Los Andes.
Ͱ PROYECTOS Î Con Claudia Ossio forma el grupo Phajsi Teatro. Es directora del elenco Kory Warmis, formado en 2015. Dirige el Centro Cultural Casa Mágica.