Escritor, periodista y cientista político
Ignacio Vera, entre el amor por la literatura y la crítica política
El laberinto de la bolivianidad, ensayo crítico de una realidad beligerante es el séptimo libro del periodista, cientista político y escritor Ignacio Vera de Rada. En él, analiza los conflictos que caracterizan las interacciones de los bolivianos, uno de los temas centrales en su trabajo como analista.
“Bolivia es un país 100% conflictivo, y siempre lo ha sido. Considero que la heterogeneidad social, de la que tanto se ufana el boliviano, es, más bien, un gran obstáculo a una convivencia saludable y nos pone al borde del abismo”, explica.
El tomo, editado por 3.600, es la versión más “amable” de su tesis de maestría en Teoría Crítica y, además, pareciera resumir su carrera como científico político. Es que para el autor paceño el señalar lo que muchos no quieren ver u oír es uno de sus deberes y pasiones.
“Lo que más me interesa son las pautas de comportamiento generalizadas en cualquier sociedad. Es decir, los hábitos, las costumbres, las cosas que se transmiten de generación en generación. Me di cuenta de que eso, más que las líneas dictadas ya sea por el liberalismo económico o el proteccionismo, es lo que define cómo se manifiestan las interacciones con el resto de las personas”, agrega.
No es una tarea fácil, especialmente en un país en el que la polarización política impregna cada instancia de la sociedad y de la educación.
Profeta en su tierra
Como dice el dicho, uno no es profeta en su propia tierra. Especialmente cuando los bandos cuestionados están tan definidos y en pie de guerra.
Bolivia es un país 100% conflictivo. Considero que la heterogeneidad social, es, más bien, un gran obstáculo.
“Como decía George Orwell, el único deber del intelectual y del periodista es decir al público lo que este no quiere escuchar. Pero cuando el público es tan conservador como el nuestro, cuando recibe lo que no quiere leer, pues te quedas con pocos lectores”, lamenta.
Reconoce que su edad juega un papel particular en su trabajo de analista. Con solo 30 años, ha pasado más de la mitad de su vida bajo un solo régimen, el del Movimiento Al Socialismo (MAS) y en una sociedad que define como “extremadamente conservadora”, tanto si se trata de los que declaran ser de izquierda, como los que dicen ser de la derecha “libertaria”.
“No me gusta generalizar, pero en este caso no se puede evitar: son conservadores en sus respectivas aceras de la calle política. Tienes una izquierda que está anclada en los viejos prejuicios, algunos de más de 50 años atrás, que se dice descolonizadora, pero sigue con preceptos colonizados de otras regiones, y que mantienen vicios que se han sedimentado en el país desde la Colonia, como el caudillismo, el nepotismo, el clientelismo, la corrupción. Y, por el otro lado, tenemos círculos ‘liberales y demócratas’ que también son conservadores en otros aspectos: un catolicismo pechoño, la no inserción del otro, el no reconocimiento del indígena. Y ninguno quiere cambiar”.
Como parte de su labor, Ignacio también es un amante de la historia nacional. Pero se aproxima a ella con la intención crítica, no para defenestrar personajes, sino para ayudar a tener una visión más completa de los procesos nacionales.
“Yo rescato una cosa que dicen Alison Spedding y Robert Brockmann: aquí (Bolivia) se enseña un nacionalismo escolar. Es decir, aprendemos puros lugares comunes y mitos absurdos. Por ejemplo, en el colegio me enseñaron que se podía hacer un puente hacia España con la plata que han sacado de Potosí en la Colonia, lo cual es totalmente irracional”.
Cuestiona conceptos como el que asegura que el país es como un mendigo sentado sobre una silla de oro, o aquellos que idealizan algunos presidentes y figuras políticas, ignorando sus defectos, mientras que se busca olvidar a otros que merecen ser también recordados, como los liberales de principios del siglo XX, por ejemplo.
Cuando el público es tan conservador como el nuestro, si recibe lo que no quiere leer, te quedas con pocos lectores.
Pero la política no es su único interés. De los siete libros que lanzó, tres de ellos son de literatura: dos novelas y un poemario. En su tiempo libre disfruta leyendo los clásicos del romanticismo, ya que siempre “he tendido más hacia las bellas letras”.
Entre dos amores
Ignacio nació en La Paz el 1 de septiembre de 1994. La política y la escritura siempre lo rodearon, ya que su familia “está plagada de abogados” y sus padres tenían una tendencia política bien definida.
Eso, más una personalidad retraída, llevaron al futuro periodista a refugiarse en los libros. “Siempre estaba solo y siempre me costó entablar conversaciones con gente de mi edad. Uno de mis refugios era un libro de dinosaurios (que aún conserva en perfecto estado) que lo leía y releía constantemente”.
Paralelamente descubrió la escritura y el periodismo. Recuerda que hacía un periódico de niño. Lo escribía, fotocopiaba y vendía a sus parientes. Estaba formado por noticias de su entorno, su casa y familia, lo que marcó el inicio de una actividad que es constante en su rutina diaria, porque “no puedo parar de escribir”.
Aquí (Bolivia) se enseña un nacionalismo escolar. Es decir, aprendemos puros lugares comunes y mitos absurdos.
Estudió en el colegio La Salle y durante ese período descubrió su interés por los clásicos de la literatura y la filosofía. “Me inclino particularmente al romanticismo, a ese período artístico entre los siglos XVIII y XIX”.
Mientras más cerca estaba el momento de elegir una carrera, la familia lo animaba a seguir la tradición y estudiar Derecho. Pero él estaba más interesado en Literatura. Para evitar problemas buscó un término medio y se decantó por Ciencias Políticas. Con el tiempo también estudió Comunicación Social y también Historia.
“Sabía que en Ciencias Políticas se leía mucho y se leía a los clásicos, como Montesquieu, Rousseau, Marx, Adam Smith y otros, que siempre me interesaron. También era consciente de que muchos de los grandes del periodismo y la literatura estudiaron para ser abogados, porque en su tiempo era lo más cerca que tenían a las carreras de Literatura o periodismo, por lo que no veía que se me impidiera escribir”.
Y no tardó en hacerlo. O, mejor dicho, nunca dejó de hacerlo, porque comenzó de niño. Su primer libro fue el poemario Mocedades, que publicó en 2015. Sus estudios e intereses de análisis lo llevaron a producir textos de naturaleza más académica que narrativa.
Llegando al público
Sin embargo, incluso trabajando sobre el concepto más árido de sus profesiones, Ignacio lucha por evitar el “academicismo”. “Quiero que mi trabajo llegue al común de los lectores y no se quede en los ambientes especializados”.
Es por eso que en vez de publicar su tesis tal y como la presentó, el año pasado, la trabajó para volverla “más amable” con el público casual.
Me gusta conversar con personajes interesantes, desentrañar esa parte humana de cualquier persona
Eso es también lo que lo llevó a ejercer el periodismo. No lo hizo de forma convencional, es decir empleado en un medio desde el inicio. Más bien se aproximó por el lado de la crítica -literaria y política-, las crónicas de viaje y las entrevistas a los personajes bolivianos.
Comenzó, también, en 2015, con columnas de opinión en El Diario. Ese mismo año también produjo reseñas de libros en el desaparecido Página Siete.
En 2017 tuvo la oportunidad de viajar a Egipto, lo que le abrió la puerta a trabajar con las crónicas de viaje, las cuales fueron publicadas en la revista Escape de La Razón. Posteriormente escribió crónicas para el suplemento Ideas de Página Siete.
“A partir de esos inicios comencé a trabajar a un ritmo regular y desde entonces nunca he parado”. Actualmente publica semanalmente una columna en Visión 360, además de entrevistas con personalidades del sector cultural del país.
Es que le encanta la entrevista. “Me gusta conversar con personajes interesantes. Y cada vez que hablo con ellas, por lo menos unas dos preguntas están referidas a su biografía, a su experiencia personal. Me gusta, digamos, desentrañar esa parte humana de cualquier persona”.
Y no solo lo hace con personas, sino también con instituciones. El año pasado, con motivo de los 100 años de su colegio, fue contratado para escribir un libro de la historia de La Salle.
Ahora trabaja en un libro que reúne entrevistas, reseñas y crónicas culturales. Paralelamente sigue analizando al país y descansa en la piscina o pintando paisajes de su imaginación.
PERFIL
Ͱ NACIMIENTO Î Ignacio Vera de Rada nació en La Paz, el 1 de septiembre de 1994.
Ͱ FORMACIÓN Î Estudió en el colegio La Salle. Posteriormente siguió Ciencias Políticas, Comunicación e Historia en la Universidad Católica y en la UMSA.
Ͱ PUBLICACIÓN Î Su último libro lo editó con 3.600 y lo lanzó el pasado jueves 24 de octubre.
Libros de historia, poesía, política y romanticismo