Presentan la acusación
Fiscalía: entre las 17.30 y 18.07 sucedió el "feminicidio" de Odalys
El 27 de diciembre, la comisión de fiscales, compuesta por Carlos Cortez, Gustavo Valdez y Sheila Rodríguez, cerró la etapa de investigación y presentó la resolución de acusación en contra de Joel P.G. por el delito de feminicidio, en grado autoría, cometido contra Odalys Vaquiata, de quien se desconoce su paradero desde el 30 de marzo de 2024. Por este hecho, piden al juez 30 años de condena para el hombre y 15 para los padres del sindicado, Rudy P. G. y Betty G. Ch., en grado de complicidad; todos ellos están detenidos preventivamente.
En la parte principal de la relación de hechos en la acusación, los fiscales afirman que entre las 17.30 y las 18.07 de aquel feriado 30 de marzo, se cometió el feminicidio de Odalys, sin dar mayor detalle, por ejemplo, sobre el arma utilizada, la circunstancias o cómo desaparecieron las evidencias.
El crimen, de acuerdo con el documento al que Visión 360 tuvo acceso, se produjo luego de que la pareja, con ayuda de comunarios, logró sacar el auto de Odalys de una cuneta y se alejó por el camino de Tocaña hacia Yolosita, ambos en estado de ebriedad.
“Nuevamente discutieron por celos y aproximadamente cerca al ‘cementerio de Tocaña’ Joel P. acabó con la vida de Odalys Vaquiata, dejando el cuerpo en un lugar que no pudo ser encontrado y se dirigió a Yolosita. Dedujo un plan para no ser descubierto…”, señala la acusación.
Previamente, se explica que la pareja viajó hasta Tocaña, en el municipio de Coroico, para asistir a una fiesta afroboliviana, y las “16.20 aproximadamente, Joel P. le solicitó a Odalys entrar a la piscina, ella se negó; discutieron y ella le devolvió a Joel su maletín personal de color negro; lo dejó ahí, tomó su vehículo y se fue del lugar. Aproximadamente a horas 16.30 Odalys se comunicó con Joel informándole que se había encunetado, pero él no fue en su ayuda sino hasta las 17.30; bajó por el camino hacia Yolosita y a horas 17.35, aproximadamente, encontró a Odalys con el vehículo encunetado y siendo ayudada por un comunario del lugar, Elvis M., y su hermana. Odalis se encontraba con los ojos llorosos. Entre todos sacaron el vehículo, Joel tomó el volante y Odalys, en el lado del copiloto se dirigieron rumbo al puente Mururata”.
“Vi que un joven le perseguía (a Odalys); él era alto, tenía polera azul, buzo negro, su pelo corto y chiricito (ondulado), como era oscuro no vi más”, dijo Fresia S. Q., una de los testigos.
Para el juicio, los fiscales presentaron 135 pruebas documentales, 33 testigos de cargo y el testimonio de seis peritos. No obstante, para el abogado Ernesto Jáuregui, quien asumió la defensa de la expareja de Odalys y de sus padres, la acusación no contiene elemento alguno que demuestre que Joel P. cometió el crimen, tampoco de que los padres incurrieron en el delito de complicidad.
Recordemos que la versión de Joel P. es que luego de ese incidente con el auto, efectivamente hubo una segunda pelea, que él regresó a Tocaña y fue ahí que nuevamente Odalys lo llamó. Posteriormente, debido al consumo de bebidas alcohólicas, no recuerda varios detalles, excepto que ambos volvieron a discutir dentro del auto, que incluso llegaron a forcejear por el volante y que finalmente Odalys abandonó su vehículo en medio del camino hacia Yolosita.
En contra del joven, los fiscales tomaron en cuenta la versión de varios de testigos con los cuales Joel interactuó en persona, y por llamadas y mensajes de texto, en las horas siguientes del 30 de marzo y el 31, quienes afirman que este no proporcionó la ubicación exacta donde se bajó Odalys de su vehículo y que daba datos confusos. Una de ellas es Hilda Y.M., quien afirma que Joel pidió ayuda para hallar a su pareja, pero que, en el vehículo, él se alejaba del lugar y señaló dos lugares distintos sobre donde se dio la última discusión.
Similar versión dieron Mabela Quispe y Alejandro Vaquiata, madre y hermano mayor de Odalys. Señalaron que, pese a que Joel les avisó de la desaparición y recorrió esas poblaciones con ellos, buscando a la joven, mostró un comportamiento sospechoso. “Desaparecía (…) y no daba explicaciones”, afirmó la mamá de la joven.
Hasta la fecha, según explicó la familia, el hijo de Odalys no conoce con exactitud lo que sucedió con su mamá.
Los implicados
Pese a una amplia búsqueda nunca se dio con el cuerpo de la joven. Joel P. fue aprehendido, la investigación se inició por trata y tráfico de personas y este fue enviado a la cárcel. Dos amigos de Joel P. fueron implicados en los siguientes días, pero el caso dio uno de los primeros giros importantes cuando se detuvo al oficial de la Policía José María A., “amigo de la familia” desde hacía cuatro años, al que se sindicó de obstaculizar la investigación, en coordinación con los padres del sospechoso.
El uniformado, quien esa fecha estaba prestando su servicio en el departamento de Tarija, fue la primera persona con quien Joel P. se comunicó vía celular la noche de la desaparición de Odalys. Sus llamadas con el joven y sus padres crearon una de las varias versiones que se han manejado hasta la fecha, que Joel P. logró encubrir el crimen con asesoramiento del policía.
“La norma prevé que la declaración del imputado (Joel P.) es un mecanismo de defensa y no puede ser usada en su contra”, señaló el abogado Ernesto Jáuregui.
No obstante, en el pliego acusatorio no se tiene documento, testimonio o prueba que confirme esta versión; así como el uniformado, que estuvo encarcelado y ahora cuenta con detención domiciliaria, negó haber asesorado a Joel P. y a sus padres, a quienes, dijo, solo ayudó a conocer detalles de la investigación.
Testigo
Otro hecho que causó revuelo y en criterio de la defensa de Joel P. y su familia, fue tergiversado por los medios de comunicación, por las declaraciones dispersas que dieron las autoridades policiales, fiscales y la familia de la contraparte, fue el presunto soborno a una testigo, Fresia S.Q., una vendedora de empanadas cuya declaración causó polémica.
Ella afirmó haber visto a una joven con la misma vestimenta y características físicas de Odalys la noche del 30 marzo, en una población pequeña, Chitia, ubicada antes de Yolosita. A su relato se sumaron los de otras dos o tres personas que dieron similar información en el lugar, a la Policía y a la familia de Odalys.
Esa versión abría la posibilidad de que la joven esté retenida por otras personas en esa zona.
“Al entrar a la plaza vi una chica con un corto jeans, una polera floreada de color claro; la calle era oscura, no vi el cabello, el zapato de color blanco, ella estaba de espaldas, era normal ni gorda ni flaca, estaba a unos seis metros del lugar donde estaba yo. Se fue hacia el puente con dirección a un camino que sube a Tocaña. Luego vi que un joven le perseguía, él era un poco alto, tenía polera azul, buzo negro, su pelo corto y chiricito (ondulado); como era oscuro no vi más y luego me entré a comer a los pollos. En fecha domingo 31 de marzo de 2024, a horas 11:00 a.m. yo me encontraba vendiendo empanadas, cuando vi en la tranca de la Policía al señor Joel, y a la mamá y al hermano de la Odalys. Ellos se encontraban colando los afiches, yo me acerqué a ver los afiches, y le encontré a su mamá y le pregunté que era si era su hija la del afiche, y me dijo que sí. Luego le dije a su mamá creo que es la chica que vi pasar en Chitia”, es parte de la declaración.
Sin embargo, la indagación no dio resultados y la parte final de la declaración ampliatoria de la voluntariosa vendedora resultó contraproducente y generó confusión, pues se dijo que Joel le había pagado para que ella dé esa versión.
Hubo dos ofrecimientos de dinero, según la testigo, ambos por parte de Joel P., pero el primero era para pedir a Fresia S. Q. que los lleve al lugar, a lo que ella respondió que no podía porque debía vender sus empanadas y no tendría permiso de su jefa. Joel, en presencia de la madre de Odalys, el hermano y los policías, según el documento, ofreció pagar 20 bolivianos por las empanadas y gestionó el permiso para la vendedora, con quien se dirigieron a Chitia.
Allí, otra vendedora y otros dos varones dieron similar versión, con datos ambiguos y pese a que se revisaron las cámaras de seguridad no se dio con evidencia de la presencia de Odalys en el lugar. En una siguiente pregunta, Fresia S. Q. deja entrever otro dato que luego no fue corroborado.
“El Joel me dijo que dijera que tenía lentes, hasta me ofreció dinero la suma de 200 bolivianos. Luego me dijo: vas a decir todo lo que te he dicho ahora, él me dijo que diga de los lentes y estaba alterado y nervioso, hasta mi jefa me dijo que ese muchacho que vino estaba muy alterado y nervioso, qué le habrá pasado. También me dijo que me compraría todas las empanadas...”, dice la declaración.
Para el abogado Jáuregui existen falencias en la investigación de la Fiscalía, que no permitieron esclarecer esos datos y que en ese y otros momentos de la indagatoria no se procedió de manera lógica.
Entre esos elementos está la falta de un careo con los testigos, la revisión de todas las imágenes de las cámaras de seguridad en Chitia y la verificación de los horarios en los que se presume se cometió el crimen. Jáuregui reconoció que las versiones de su cliente y de los testigos pueden contener datos contradictorios, pero que era obligación de la Fiscalía esclarecer estas dudas en la investigación para eliminar toda inconsistencia.
Se debe probar
Que Joel P. pagó a una testigo, que dio hasta cuatro versiones sobre el lugar donde desapareció su expareja, que ella fue víctima de trata de personas, que los padres del sospechoso eran adinerados -el papá, un abogado influyente y la madre, militar- son algunos de los hechos e hipótesis manejados en torno a la desaparición de la joven madre de 28 años, Odalys Vaquiata.
“La norma prevé que la declaración del imputado es un mecanismo de defensa y no puede ser usada en su contra, por eso consideramos que quien quiera acusar y lograr una condena de 30 años contra Joel P., basado en las supuestas contradicciones que dicen haber hallado en su declaración, incurre en un criterio equivocado, debido a que la investigación de la Fiscalía debe probar el supuesto feminicidio con hechos objetivos, pruebas y testimonios de testigos, y hasta el momento no hay nada de eso en el cuaderno de investigaciones”, afirmó Jáuregui.
La defensa también cuestiona que la Fiscalía incurrió en una irregularidad de fondo, al acusar a Joel P. y a sus padres, pero dejar fuera del juicio a otros cuatro imputados, dos de ellos con medidas sustitutivas. Jáuregui sospecha que se procedió de esta forma por la influencia que han tenido en el caso particulares que dictaron una línea de victimización ante los medios de comunicación; pero en concreto el jurista desconoce los motivos por los cuales los fiscales procedieron de esta forma, puesto que no se emitió una resolución que los libere de la investigación.
Fiscalía abrió otro proceso
Testigo. Mientras se investigaban los antecedentes de Joel P., se presentó a declarar una expareja del acusado, quien relató que supuestamente, entre 2022 y 2023, mantuvo una relación (tóxica) con el sindicado y que ella fue víctima de violencia y agresiones físicas.
Denuncia. Joel P. no cuenta con antecedentes penales por violencia, pero a raíz de la declaración de la expareja, se abre un segundo proceso contra él y se lo indaga por violencia familiar.
Sangre. El informe forense confirma que la sangre hallada entre las pertenencias de Odalys se trataba de sangre del periodo menstrual y que no se hallaron otros indicios que revelen que la joven fue agredida al interior del vehículo.
Qalauma. Informes del extracto de llamadas y la declaración del reo de Qalauma desmienten que Joel P. mantenía comunicación con otras personas desde la cárcel.
Peritaje. La Fiscalía no cuenta con informes médicos forenses que confirmen que la humanidad de Joel P. sufrió alguna lesión o rasguño el día de la desaparición de Odalys. Tampoco se hallaron indicios en su ropa o el motorizado que condujo.