2026-03-31

Póngale vida a los años

El edadismo de género se convierte en otro peso para la sociedad. Si alguien no se siente bien en este tejido social, algo no anda bien.

Treinta y dos años pasaron del lanzamiento de aquel hit que titulaba “Señora de las cuatro décadas”, con la voz en off de la protagonista del clip que le decía a Arjona: “no me gusta cómo me veo.” Según la letra, ella se veía vieja aunque seguía siendo una mujer maravillosa. Al parecer, así se inscrusta el edadismo en las mentes y manifiesta el temor al rechazo por verse una vieja, es decir, por ser vieja. Se considera al edadismo, término acuñado por el doctor estadounidense Robert N. Butler en 1969, como la “discriminación por razón de edad, especialmente de las personas mayores o ancianas”. Pero, de esas personas mayores, el blanco siempre ha sido la mujer. Sigue retumbando en los oídos: el famoso “se le va el tren”, “va a quedarse a vestir santos”, “de mayor hay que llevar el pelo corto”, “qué desaliñada y vieja se ve con esas canas”, por el contrario, se dice que en un hombre, las canas tienen su encanto.

Según nos lo pintan, la belleza tiene una fecha de vencimiento. Entre las industrias que lanzan ese mensaje está la de cosmética. A partir de cierta edad, la mujer se convierte en un nicho de mercado atractivo. A pasos agigantados, las campañas publicitarias bombardean a esa mujer para decirle qué es bonito, qué es feo; qué está bien y qué está mal con ella. Otras industrias de productos capilares se desesperan porque la mujer haga perdurar el color de su cabello con el que nació y que rechace el cabello gris o blanco. Los servicios de peluquería y también los mensajes en las redes sociales adulan la palabra “rejuvenecer”, quieren a la mujer sí o sí joven. Lanzan el mensaje que ser joven o aparentar ser joven está bien y verse mayor o ser vieja está mal, como si la mujer estuviera atrapada en cuentos de hadas en que las brujas son viejas y que las madrastras odian a las hijastras jóvenes. 

La palabra “vieja” se ha vuelto un insulto, quizás en alguna época o para algunas civilizaciones envejecer acercaba a ese ser a la sabiduría, pero ahora no. Hemos aprendido también que a una mujer no se le pregunta la edad, como si tuviera que avergonzarse de algo. Pero, ¿avergonzarse de qué?, ¿de haber vivido?, ¿de seguir con vida?, ¿de contar con experiencia? si la experiencia es valiosísima en cualquier ámbito laboral. Es un capital humano extraordinario. 

La industria cinematográfica no se queda atrás aunque nunca hay que perder la esperanza. ¿Cuántos personajes hay para mujeres arriba de los 40, 50, 60 o más? ¿Son los guionistas que siguen una línea o es el público que no las acepta? Si el cine cuenta historias, podrían estar perfectamente en ellas, mujeres de todas las edades porque son parte de la humanidad, así como nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras bisabuelas. ¿No siguen siendo maravillosas y bellas? ¿Tendríamos el coraje de decirles “viejas” con ese tono despectivo tan característico de algunas, varias o muchas personas? 

El edadismo de género se convierte en otro peso para la sociedad. Si alguien no se siente bien en este tejido social, algo no anda bien. Y si este tema preocupa, es mejor deconstruir los estereotipos.porque los prejuicios dañan. ¿De dónde nace este reproche a la mujer que envejece? si envejecer es natural. 

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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