Bolivia - Brasil: Declaraciones ‘ómnibus’ mucho compromiso, veremos los resultados
En Brasilia, Brasil, el pasado mes de marzo, el presidente Rodrigo Paz se reunió con su homólogo Luiz Inácio Lula da Silva. No cabe duda de que Brasil es un socio estratégico que merece toda la atención.
Bolivia ha mantenido un relacionamiento bilateral conveniente y constante, con excepción del período comprendido entre noviembre de 2020 y enero de 2023, cuando Jair Bolsonaro y Luis Arce pusieron el vínculo bilateral en la congeladora.
Con el retorno del presidente Lula, en palabras de la “diplomacia de los pueblos”, el relacionamiento entre ambos países fue relanzado, mediante el encuentro de Cancilleres Rogelio Mayta y Mauro Vieira. Desde entonces se realizaron dos encuentros presidenciales: en 2024 Lula se reunió con el presidente Arce y en 2026 con el presidente Paz.
Ambos encuentros concluyeron con declaraciones conjuntas. La declaración de los presidentes Lula–Arce reúne más de 70 párrafos, reflejando una agenda extensa y diversificada; la de los mandatarios Lula–Paz contiene aproximadamente 55 párrafos, organizados en bloques temáticos más concentrados. Ambas son extremadamente amplias y multisectoriales, son el tipo de declaraciones denominadas “omnibus”, que buscan abarcarlo todo o lo contienen todo, lo que quepa.
Aunque no existe una regla que determine si las declaraciones presidenciales deben ser amplias o reducidas, la práctica internacional ofrece criterios sobre las ventajas y desventajas de cada formato. Las declaraciones amplias son útiles cuando buscan proyectar una agenda estratégica integral, mostrar convergencia política y enviar señales geopolíticas. Su ventaja es que transmiten la imagen de una relación sólida y multidimensional; su desventaja, es que pueden convertirse en listas de deseos si no existe capacidad de implementación, restando credibilidad.
Por el contrario, las declaraciones reducidas o breves buscan evitar compromisos excesivos. Su ventaja es que se concentran en áreas con posibilidades reales de avance; su desventaja es que pueden interpretarse como falta de ambición o distanciamiento.
A pesar de corresponder a gobiernos distintos – Luis Arce vs. Rodrigo Paz -, las dos últimas declaraciones presidenciales Bolivia–Brasil presentan amplias continuidades, similitudes y pocas diferencias. Tanto en 2024 como en 2026 incluyen temas como integración energética (gas, electricidad, renovables), hidrovía y corredores bioceánicos, comercio e inversiones, cooperación en seguridad y lucha contra el crimen organizado, salud, educación, cuestiones fronterizas, cooperación técnica, multilateralismo y reforma de la ONU, entre otros.
No cabe duda de que ambas son declaraciones omnibus, lo que evidencia una continuidad metodológica en el abordaje del relacionamiento bilateral y muestra que el cambio de gobierno no generó un cambio en la forma de estructurar la agenda. Ello no es negativo, siempre que los compromisos se cumplan.
Sin embargo, en los hechos, la diplomacia boliviana lleva décadas acostumbrada a producir documentos amplios con el fin de mostrar densidad política, aunque muchos de sus compromisos son vagos o reiterativos, se repiten en cada visita presidencial y finalmente no se cumplen, terminando por engrosar los estantes de la Cancillería.
En lo personal, y a la luz de la experiencia, me inclino por declaraciones más reducidas, técnicas y operativas, que dejen de lado hipérboles anuncios, y prioricen compromisos concretos, realistas y verificables, capaces de orientar y concentrar los esfuerzos de los grupos de trabajo.
Un ejemplo de la grandilocuencia y de los compromisos incumplidos es la referencia permanente a la Hidrovía Paraguay–Paraná, su importancia y la necesidad de mejorar las condiciones de navegabilidad. Sin embargo, los obstáculos persisten, como la toma de agua de Corumbá, el Farolete Balduíno y la roca Marina Gatais. Tal vez la explicación del escaso o nulo avance reside en que un tema de absoluta relevancia para el país se diluye entre la amplitud de compromisos acordados, convirtiéndose en uno más dentro de una larga lista de aspiraciones.
En cuanto a las diferencias, cabe destacar que la declaración Lula–Paz abandona el tono político e ideológico, centrado en referencias retóricas a la “soberanía”, la “solidaridad” y la “hermandad de los pueblos”. Ahora el tono ha virado hacia uno marcadamente técnico, empresarial y pragmático, propio de Itamaraty y de la nueva orientación del gobierno.
Es cierto, si haces más de lo mismo, vas a obtener el mismo resultado. Bolivia debe superar la inercia de producir declaraciones extensas sin capacidad real de ejecución y apostar por una diplomacia que traduzca compromisos en resultados verificables. Ello exige profesionalizar la gestión, fortalecer los equipos técnicos y priorizar objetivos estratégicos con mecanismos de seguimiento estrictos.
Brasil es un socio indispensable, pero esa condición solo será aprovechada si Bolivia abandona la retórica acumulativa y orienta su política exterior hacia una agenda operativa y medible. La relación bilateral tiene enorme potencial, pero seguirá estancada mientras la Cancillería continúe privilegiando la apariencia documental sobre la eficacia diplomática.