2026-07-08

El Tabernáculo y el Arca de la Alianza

La deslegitimación y desgaste de los interlocutores de los diferentes sectores de la sociedad civil, gobierno, autoridades, políticos, entre otros, ha derivado en un escenario en el que el diálogo parece agotado. E

Corría el primer día del mes primero del segundo año, luego de que se produjera el éxodo judío desde Egipto, cuando Jehová, habló a Moisés diciendo: “harás levantar el tabernáculo de reunión, y pondrás en él el arca y lo cubrirás con el velo”. El tabernáculo simbolizaba para el pueblo judío un nuevo comienzo, un nuevo orden, luego de haber permanecido sometido al poder egipcio. Su misión consistía en organizar su relación de pacto con Dios y reconciliar a su pueblo. Al interior, tal como lo había ordenado el Señor, descansaba el Arca de la Alianza, lugar donde se guardaban las tablas de la Ley entregadas a Moisés en el Sinaí.

La representación simbólica es enorme, consolidando fundamentalmente la presencia de Dios, la prevalencia de la Ley y la memoria perenne del pacto sagrado y la reconciliación. Allí donde llegase el Arca de la Alianza, llegaría la presencia de Dios caminando junto a su pueblo, guiando y protegiéndolo. Su importancia radicó esencialmente en aquello, de ahí que resulte ser un lugar sagrado revestido con manto de divinidad, por lo que se encontraba cubierta por un velo ritual que era desvelado únicamente por el sumo sacerdote. Un símbolo material que establecía el pacto entre Dios y su pueblo.

El tabernáculo y el Arca de la Alianza fueron determinantes en la construcción del pueblo judío, puesto que ayudaron a estructurar la sociedad basada en preceptos religiosos en torno a una figura divina concreta. En segundo lugar, permitieron sostener la identidad del pueblo de Israel en un momento histórico de inestabilidad, vulnerabilidad y consolidación como nación. Finalmente, gracias a estos símbolos, edificaron la idea de que Dios no era un ser lejano, más bien todo lo contrario, era un Dios que acompañó a su pueblo guiándolo y protegiéndolo.

El Arca de la Alianza junto al tabernáculo ocupan un lugar preponderante en la tradición judeo-cristiana. Ambos elementos no fueron simples elementos destinados al culto, en todo caso, son todavía a día de hoy, símbolos profundamente vinculados con la identidad, memoria y tradición, así como el cimiente original del pacto entre Dios y su pueblo. En la historia bíblica, su presencia responde a una necesidad espiritual y política que tenía el propósito de ordenar y organizar al pueblo mediante una presencia divina que pueda acompañar a la nación durante su tránsito por el desierto.

En la actualidad y dentro de contextos de conflictividad permanente, es menester apelar a pactos y alianzas para ordenar, organizar, pacificar y reconciliar la vida de los hombres en sociedad. Entendiendo preliminarmente que el diálogo debe dejar de ser una respuesta improvisada o de uso retórico fútil (caso boliviano), para convertirse en una herramienta de pacificación, reconciliación y prevención que permita transformar su realidad y afrontar el futuro con responsabilidad y compromiso.

Existen estudios e informes relacionados al acontecer político y social de Bolivia que muestran un escenario de elevada conflictividad social, con decenas de hechos por mes, múltiples focos de conflicto regionales y una intervención frecuente de instituciones mediadoras en la búsqueda de contención permanentemente en un intento no muchas veces eficaz de que la escalada de violencia no llegue a extremos.

Bolivia enfrenta conflictos sociales recurrentes que suelen activarse por demandas económicas, tensiones territoriales, disputas políticas y desconfianza entre actores. Lastimosamente en todos los casos la conflictividad se gestiona de forma reactiva, con costos sociales demasiado elevados: bloqueos, paralización económica, vulneración a la pacífica convivencia y un desgaste institucional que difícilmente podrá ser recuperado.

La deslegitimación y desgaste de los interlocutores de los diferentes sectores de la sociedad civil, gobierno, autoridades, políticos, entre otros, ha derivado en un escenario en el que el diálogo parece agotado. Estos sectores por décadas vienen insistiendo en salidas violentas, exacerbando las imposturas que se tornan cada vez más peligrosas.

El “Plan Integral de Dialogo Pacificación y Reconciliación Nacional”, basado en el estudio del comportamiento social, brinda respuesta a esa realidad, planteando una estrategia de mediano plazo que articula memoria histórica, análisis de coyuntura y participación plural. Bajo esta premisa, se debe construir la “cultura de paz con base social”, logrando que los conflictos arriben a soluciones por vías pacíficas.

Es imperativo implementar el plan para prevenir, gestionar y convertir conflictos sociales en espacios de diálogo a través de insumos que promuevan la deliberación pública informada, participación territorial y planteamiento de soluciones pacíficas y mancomunadas.

La implementación del plan permitirá reconstruir el país y su economía, recuperar la identidad nacional, arribando a pactos y alianzas con el propósito de ordenar y organizar la sociedad civil mediante su presencia protagónica en los diferentes espacios de participación democráticos, acompañando al resurgimiento del país mientras dura el esforzado y difícil tránsito por el desierto.

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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