2026-07-10

La Tribuna

Sin samba, sin batucada, sin Brasil

Los brasileños tienen 24 largos años de sequía después de aquella lejana consagración del elenco de Luis Felipe Scolari en Corea/Japón 2002.

La dicha de bañarse de gloria y el maleficio de sumergirse en lo más profundo de una derrota, son sensaciones que se encuentran en cada episodio y escenario existentes en el balompié, y por eso es el deporte más popular y practicado alrededor de la Tierra.

Si a un aficionado promedio se le pide que relacione un país con la palabra fútbol, la respuesta en la mayoría de los casos, será Brasil.Es que la selección pentacampeona, ha visto su historia adornada con las más grandes hazañas, pero también ha sufrido épocas de penumbra absoluta.

Hoy sin duda alguna, la Canarinha atraviesa pasajes sombríos luego de la derrota(1-2) y eliminación ante Noruega en los octavos de finalde la Copa del Mundo 2026. Son 24 largos años de sequía para los brasileños luego de aquella lejana consagración del elenco de Luis Felipe Scolari en Corea/Japón 2002.

Para la selección más laureada de la historia ganar un torneo continental, como la Copa América que ganó el 2019, más que un logro, es una obligación.No obstante,incluso el trofeo sudamericano se le hizo esquivo al ‘Scratch’ en las últimas ediciones(Argentina campeón 2021; Argentina campeón 2024). Esta seguidilla de fracasos, lejos de ser justificable, tiene un racimo interminable de factores que agudizan la debacle brasileña. Desde lo netamente técnico y deportivo,hasta lo místico y supersticioso.

Luego de alcanzar la gloria a principios de siglo en tierras asiáticas, Brasil mostró su cara más frágil, aún teniendo a los mejores y más caros jugadores del mundo, el rótulo de invencible se le fue gastando con el paso de los años. En 2006 un impresionante conglomerado de estrellas; Ronaldinho, Ronaldo, Adriano, Kaka, Roberto Carlos y Cafú, vio desvanecerse su fulgor ante una eficaz y elegante selección francesa. Cuatro años más tarde, en Sudáfrica, Países Bajos se encargó de despachar a una aún más deslucida escuadra brasileña. El 2014, llegaría uno de los golpes más duros en la historia del fútbol, casi comparable con el ‘Maracanazo’ de 1950, pues Alemania le propinaba en patio propio, y en su fiesta, la mayor goleadajamás recibidapor los brasileños(1-7), fue un revés del que incluso ahora 12 años después Brasil parece no haberse recuperado.Más tarde, en 2018 sucumbió ante Bélgica, luego en Qatar 2022 el verdugo fue Croacia y por últimoNoruega en este 2026.

Los supersticiosos atribuyen también esta crisis a un evento que no pasó desapercibido cuando en una rueda de prensa durante el Mundial de Qatar 2022, Vinicius Rodrigues, jefe de prensa de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), apartó bruscamente a un gato callejero que se echó tranquilo en el mesón donde iba a realizarse la conferencia.

Sea por la maldición del gato o por lo que fuere,las nuevas generaciones de jugadores brasileños han perdido ese brillo que sus antepasadosllevaban por naturaleza.

Todo lo que antes tuvo Brasil, hoy es escaso en sus líneas, pundonor, aplomo, entereza y vergüenza deportiva fueron herramientas del pasado y que hace mucho no fueron parte del equipaje brasileño, ya ni siquiera ese juego alegre y rebelde es parte del repertorio. Los nombres siguen siendo los más rimbombantes del planeta, los que tienen más ceros en su ficha de actuación, juegan en los clubes más grandes de Europa y son intratables, pero cuando se visten de amarillo se vuelven seres delicados física y anímicamente. Ya no existen esas bestias que conformaron la mejor selección de todos los tiempos en el 70, o los explosivos y extremadamente atrevidos Ronaldinhos que rompieron el libreto y nos llenaron todo el planeta redondo de magia. Ahora solo hay atletas estilizados que buscan más flashes que redes al fondo del arco y pertenecen a un fútbol moderno ortodoxo que nunca le sentó bien la tristemente debilitada Verdeamarela.

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