La Tribuna
Fútbol total
Es muy poco habitual que en un mundial exista una sola selección favorita que además establezca una brecha muy marcada con respecto a las demás. Esto fue lo que pasó con Francia poco antes del inicio de la Copa tripartita en este 2026. Una vez abierto el telón, el equipo de Dechamps, no solo confirmó su favoritismo, expuso un juego insultantemente ofensivo y arrollador que le permitió terminar la primera fase ganando el grupo de la muerte con puntaje perfecto y sin deshacerse ni una sola trencita de la cabeza. Los galos avanzaron también sin problemas en dieciseisavos frente a Suecia, tuvieron que hacer un pequeño esfuerzo extra para atravesar el fango instalado por los paraguayos en octavos de final y en cuartos vencieron categóricamente a un alicaído conjunto marroquí.
Todo parecía marchar según el libreto hasta que llegó el partido número siete, la penúltima estación antes de tocar las puertas del cielo. A priori el rival sería mucho más duro que los anteriores, España llegaba de menos a más, pero aún así no parecía amenazar las aspiraciones de Les Bleus. Enorme fue la sorpresa de Mbappé y los suyos al verse amordazados en medio de la cancha, sometidos al planteamiento de La Furia Roja.
El señor Luis De La Fuente pintó su obra maestra en tiempo real y ante las 80 mil almas que pagaron sus boletos, tickets que sin importar el valor monetario que hayan tenido, fueron un verdadero regalo para poder apreciar una majestuosa masterclass de fútbol total. Lo expuesto por los españoles en el Dallas Stadium roza la perfección, porque no solo asfixiaron al mal llamado imbatible equipo francés, sino que también plasmaron un modelo de juego perfectamente equilibrado en el que jamás estuvieron en peligro real ante la delantera más letal del torneo y al mismo tiempo atacaron con una claridad inefable que a la postre les permitió sellar un más que merecido 2-0 en el marcador.
El nunca mejor llamado estratega español, fue cambiando y rediseñando su equipo a lo largo de los seis partidos previos a la semifinal, donde encontró por fin la nomenclatura perfecta. De La Fuente le dio el enroque ideal a su medio campo cuando renunció al individualismo de Pedri y complementó el triángulo matriz de su juego con Fabián Ruíz en sinergia con un omnipresente Rodri y el siempre desequilibrante Dani Olmo. Imposible omitir la solvencia de Cubarsí y Laporte que apoyados en el arquero Unai Simón, casi siempre como líbero, le dieron pulcritud a la salida de su equipo. A eso hay que sumarle la llegada letal de sus laterales, por derecha el incontenible Pedro Porro y por izquierda una desagradable maraña de rizos con Cucurella que a pesar de ser defensor ya asistió en dos ocasiones durante la competencia.
El director técnico español interpretó el juego a la perfección y en su lista de jugadores encontró a los actores idóneos para llevar al rectángulo verde su idea futbolística cuidando hasta el más mínimo detalle.