sábado 4 de abril de 2026

“Las tareas de cuidado han sido asignadas históricamente a la mujer”, dice una experta

“Todo hacemos”, el trabajo en casa sin paga no disminuye para la mujer

Las mujeres pasan en promedio 6,10 horas al día haciendo trabajo doméstico y de cuidado sin remuneración, según un estudio que se hizo en cuatro ciudades.
Tras horas de trabajo, muchas mujeres se encargan de las labores de casa y del cuidado de sus hijos. Foto: Juan Quisbert
Tras horas de trabajo, muchas mujeres se encargan de las labores de casa y del cuidado de sus hijos. Foto: Juan Quisbert

Isabel Escobar trabaja en el sector de transporte pesado. Cándida Cayllante es  productora de hoja de coca en una comunidad del municipio de Coroico. Gladys Aroata produce lechugas y una variedad de hortalizas en carpas solares en Calamarca. 

Todas dividen su tiempo entre el trabajo y las tareas del hogar. “Nos levantamos a las cuatro de la madrugada, hacemos la comida y luego vamos a nuestro chaco. Las mujeres cocaleras somos muy trabajadoras”, cuenta Cándida Cayllante. 

Las historias de Isabel, Cándida y Gladys se reflejan en las cifras. Según el estudio “Tiempo para cuidar. Compartir el cuidado para la sostenibilidad de la vida” de Oxfam en Bolivia, las “mujeres bolivianas dedican cerca de siete horas diarias a trabajos de cuidado, casi el doble que los hombres, con consecuencias en su derecho al trabajo y la educación”.

En la Encuesta Urbana de Uso del Tiempo (EUT) 2023, elaborada por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (Cedla) en las ciudades de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y El Alto, cada vez más mujeres están trabajando en la industria, la administración, el comercio o los servicios; pero esa presencia en el mercado laboral no ha aliviado su carga de trabajo en el hogar. Ellas pasan en promedio 6,10 horas al día haciendo trabajo doméstico y de cuidado sin remuneración, el doble que los hombres que invierten 3,19 horas de su tiempo en la misma labor.

4,5 millones de personas requieren cuidado en Bolivia. Esta cifra se refiere a niños, adultos mayores, enfermos y personas con capacidades diferentes, según un estudio de Oxfam.

Según el estudio, el 50,3% de la población consultada participa en actividades de trabajo remunerado, y el 92,2% realiza trabajo no remunerado.  La encuesta añade que en el país hay menos mujeres que hombres en trabajos pagados: 45,8% frente a 55,6%.  A esa brecha de diez puntos se añade que los hombres tienen casi dos horas más de tiempo pagado que las mujeres.

En cambio, en los trabajos sin pago, las mujeres tienen una mayor participación (95%) que los hombres (89%), por más de tres horas, en actividades que garantizan la alimentación, el aseo, la salud, las provisiones, el cuidado; en suma, el bienestar y la reparación de fuerzas de los miembros de la familia.

Para la coordinadora de la EUT-Cedla 2023, Silvia Escóbar, esta realidad es el resultado de una concepción de  la  división sexual del trabajo que, como mandato social, asigna distintos roles y tareas a hombres y mujeres: a ellos la participación en las actividades económicas (trabajo productivo); y a ellas, las actividades domésticas y de cuidado (trabajo reproductivo).

Este estudio mide que la carga de trabajo no remunerado de las mujeres (seis horas diarias) duplica a la de los hombres. Si se mira en detalle, se advierte una profunda división sexual del trabajo: las mujeres dedican en promedio dos horas más a las tareas domésticas y una hora más a las actividades de cuidado (de niños, ancianos y enfermos) que los hombres, según una nota.

La especialista Silvia Escóbar explica que “es en el uso del tiempo donde las desigualdades entre hombres y mujeres se materializan”. Agrega que la alta carga de trabajo no remunerado en los hogares está generando injusticias para las mujeres, como su participación limitada en el mercado laboral o, en su caso, su mayor incorporación en ocupaciones precarias de comercio, de servicios personales diversos e incluso en unidades económicas familiares en las que el beneficio económico no es directamente para ellas.

Para Isabel Escobar, quien trabaja en el sector del transporte pesado, la alta carga de trabajo no remunerado en los hogares impide también que las mujeres puedan seguir una carrera sindical y de liderazgo en sus sectores.  “En la actualidad, cuando una mujer es elegida en una cartera sindical, lo primero que se le viene a la cabeza es pensar: ahora qué será de mi familia y de mis hijos, recibiré el apoyo de mi esposo o de mi familia. A veces son las mamás las que les dicen qué haces metida ahí si tienes una obligación con tu hogar y tu esposo”, explica.  

Cuenta que una mujer en vez de celebrar su nuevo puesto sindical -como ocurre con los varones- vive un gran conflicto por los temas de cuidado y las labores del hogar. “Pese a preparar los alimentos, muchas mujeres salen de casa sin desayunar, por falta de tiempo. Empiezan muy temprano su jornada laboral, van al trabajo, vuelven a casa y deben hacerse cargo de los niños. En algunos casos también se encargan de cuidar a sus padres o hermanos”, explica Isabel, quien tiene tres hijos y desde hace cinco años forma parte de la Red de Mujeres Trabajadoras Sindicalistas de Bolivia. 

Gladys Aroata cuenta que las mujeres son las protagonistas del manejo de las carpas solares en la comunidad Cuno Cuno, del municipio rural de Calamarca (La Paz). Relata que participan activamente en la siembra, la cosecha y la comercialización de hortalizas. Se encargan también de enseñar todo este proceso a sus hijos y hermanos menores. Hacen todas esas actividades sin descuidar las labores del hogar y el cuidado de los niños. “Hacemos todo”, dice. 

La periodista y feminista  Patricia Flores explica que “en Bolivia, las tareas de cuidado han sido asignadas exclusiva e históricamente a las mujeres debido a la cultura, a las tradiciones o la religión, por las estructuras patriarcales arraigadas en nuestras dinámicas históricas y sociales”.

“Estas responsabilidades se las endosan a las mujeres porque son ellas las que nos embarazamos, damos de lactar, nos desvelamos desde que nacen nuestros hijos, hasta cuando morimos; pero además nos endosan las tareas del hogar, desde lavar pañales hasta cuidar a la pareja, darles de comer e incluso estirar los magros recursos para que nada falte, lo que a menudo implica una carga laboral desproporcionada para las mujeres, incluso de triple o cuádruple jornada laboral. Mientras tanto, la intervención paterna en estas corresponsabilidades se ha invisibilizado, considerándose todavía  como una ayuda ocasional o un gesto de buena voluntad, en lugar de una responsabilidad compartida”,  explica Flores. 

Asegura que “la equidad comienza por compartir de manera justa el Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado, eufemísticamente denominadas tareas del cuidado, que abarca no solo el cuidado de los hijos, sino también el de los adultos mayores, personas con discapacidades y, eventualmente, incluso el cuidado de nosotros mismos cuando llegamos a la vejez”.