lunes 6 de abril de 2026

Yañee

El odio que nos acompaña y alimenta

Y ahora el odio y la ambición del ser humano se ensañaron contra la Madre Tierra, que viene siendo arrasada a vista y paciencia de los que proclaman ser herederos de la Pachamama.
jueves 12 de septiembre de 2024

El odio nos está envolviendo en todos los niveles: desde las altas esferas del poder hasta el portero, desde los intelectuales hasta el pordiosero busca en los basureros algún deshecho, desde los jueces hasta los familiares de las víctimas que rechazan un fallo favorable del juez hacia el violador, el agresor.

Las vergonzosas declaraciones de un ministro, dos diputadas cuestionando a otra diputada que puso en duda los resultados del Censo 2024, porque no tiene hijos, es nomás el fiel reflejo de lo que se ha venido consolidando en Bolivia: el odio entre políticos, el odio de género entre mujeres, el odio político de los que ejercen algún tipo de poder y el ciudadano, que siente que su odio va alimentándose más a medida que observa tantas contradicciones y hechos que golpean o que presume que son malos. Le envuelven deseos de venganza. El odio de la discriminación ante la permanente cantaleta de la postergación de los 500 años, que empoderó a los campesinos viendo a los citadinos como sus enemigos. El odio contra la población de la diversidad sexual, a quienes las religiones califican como engendros de los infiernos o anormales.

Las redes sociales y todo el aparato del internet son poderosos instrumentos de los discursos del odio, y acá no hay diferencias de derecha e izquierda, ambas las utilizan para desplegar todo un bombardeo de informaciones, noticias falsas, videos escandalosos, mensajes agresivos, denuncias, estando casi todos cargados de una alta dosis de odio.

Entra en el debate si la libertad de expresión tiene límites o hasta dónde el ciudadano puede ejercer su derecho a expresarse en democracia, cuando en las redes sociales observamos provocaciones e insultos de alto calibre, calificando a unos de inferiores, esclavos, negros, maricones y que hay que darles palo o expulsarnos de determinadas comunidades.

“Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre las cenizas, te levantas a explicarnos la vida secreta y las convulsiones que desgarran las entrañas de un noble pueblo”,  así comienza el poderoso libro Facundo de Sarmiento, reflejando el odio que acompañó no solo los procesos de independencia de Argentina, también de Bolivia, llena de deslealtades, traiciones, asesinatos, guerras, odios, venganzas, no solo que pertenecen al pasado, sino que están presentes en la actualidad.

¿Por qué el odio no fue desterrado en estos 199 años de la República y por qué no pudimos deshacernos del mismo, si todas nuestras constituciones, las declaraciones de principios, los discursos presidenciales están llenos de bondad, justicia, de compromisos y de ese “amor inconmensurable por la Patria”, que reclamaba Simón Bolívar?

Las dictaduras militares actuaron con odio contra los “rojos de mierda”, sin contemplación alguna para asesinar, torturar, hacer desaparecer y mandar al exilio a miles de políticos y sindicales. Así el exiliado o la víctima odia a morir al tirano. Odiado y odiador, juntos en la historia.

Y ahora el odio y la ambición del ser humano se ensañaron contra la Madre Tierra, que viene siendo arrasada a vista y paciencia de los que proclaman ser herederos de la Pachamama.

El odio que se estructuró desde el poder y se aplicó en una efectiva estrategia de la polarización, basada en la dicotomía explotado vs explotador, discriminado vs discriminador, generó que el odio entre los bolivianos esté al rojo vivo y dividió a su gente en dos grandes bandos, de ahí que unos se creen con más privilegios y poder que el resto, que  amenazan con chicotear y hacer morir de hambre a los k`aras, exigiendo la habilitación del caudillo Morales, ejecutando sus bloqueos, así como lo hicieron en octubre de 2019.

El odio ronda por las venas del boliviano y sea del color y condición social que fuera. Esta dimensión del ser humano tiene sus raíces en las condiciones de retraso, injusticias, abandonos y pobreza que ha sumido a grandes grupos sociales, pero que también situaciones que fueron aprovechadas de forma efectiva por el discurso político de reivindicaciones y emancipación de sus derechos. Mezclados ambos, situación social y política, pues fue un polvorín que explotó. “Las nuevas formas de las intolerancias reactivas operan con mecanismos, prácticas e instituciones que obedecen a proyectos políticos y morales que no pueden ser obviados ni desconocidos; son una amenaza y un reto a la vida democrática misma”, señala Carlos Thiebaut, en el libro “Ante el desorden del mundo”.

¿Cómo vencer el odio ya afincado en las entrañas? Las respuestas las tenemos cada uno de nosotros.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.

 

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