lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 9-03-2025

Fiesta y responsabilidad

Es necesario hacer una profunda reflexión sobre lo que ocurre con nuestra sociedad en fechas como esta.
domingo 09 de marzo de 2025

Los cuatro días del Carnaval 2025 dejaron un rastro de sangre que debería preocuparnos a todos, no solo a las autoridades. Casi un centenar de fallecidos, otro tanto de heridos, comparsas transformadas en pandillas, violencia, intoxicados, delincuentes operando a sus anchas…Todo esto no habla bien de la sociedad en que vivimos.


Fueron días de excesos, como ocurre todos los años, aunque esta vez la cifra de fallecidos cuadruplicó la del año anterior, cuando se reportaron 25 decesos en esta misma temporada, 14 de ellos en accidentes de tránsito. Decenas de familias bolivianas y algunas extranjeras fueron cubiertas por el luto mientras continuaba el festejo. Otras aún peregrinan buscando dinero para cubrir la atención médica de sus familiares que quedaron heridos en distintos grados.


Los dos hechos más graves se reportaron cerca de las rutas de Oruro, donde se celebra una entrada patrimonial que año tras año deslumbra a propios y extraños. El sábado 1 de marzo dos buses chocaron en la localidad de Uyuni y provocaron la muerte de 38 personas, entre ellas siete extranjeros. Los heridos en ambos vehículos sumaron 41 y el responsable fue el chofer de uno de los motorizados, quien se encontraba en estado de ebriedad.


Dos días después, la madrugada del lunes 3 de marzo, un bus de la empresa Challapata, que trasladaba a 56 personas, se embarrancó aproximadamente 800 metros luego de impactar contra una vagoneta en la carretera que conecta las ciudades de Oruro y Potosí, a la altura de la localidad Leñas. 31 personas fallecieron y 25 resultaron heridas. El chofer de la vagoneta invadió carril.


Solo estos dos hechos de tránsito dejaron 135 víctimas en los días del Carnaval, a las que se deben sumar otras, de otros casos, como el chofer de un bus de transporte público que murió el sábado luego de chocar contra una casa en la zona de Vino Tinto, en La Paz, o una pareja que el lunes perdió la vida tras un violento choque en la carretera entre Oruro y Pisiga.


Hubo otros accidentes, pero también hechos violentos fruto de los festejos carnavaleros, como el que ocurrió el martes de ch’alla en la zona de Chijini, en La Paz, donde dos hombres que compartían bebidas alcohólicas discutieron y uno de ellos terminó acuchillando y quitando la vida al otro. Pasado el incidente admitió la culpa, aunque dijo que no recordaba el motivo de la trifulca. En las redes sociales abundan imágenes de hechos parecidos, en las que personas que festejan terminan en peleas campales.


A estos hechos se suman los asaltos a personas que se excedieron en el consumo de bebidas alcohólicas y terminaron durmiendo en las calles. Uno de estos hechos (seguramente fueron decenas, o cientos, en todo el país) ocurrió en el barrio Los Claveles, en Santa Cruz, y quedó registrado en un video difundido por el portal Periodismo Somos Todos. El mismo muestra a un hombre que se quedó dormido en la calle y que durante la noche es víctima de cuatro asaltos cometidos por diferentes personas.


También se excedieron algunos “comparseros”. En Santa Cruz, un grupo de alrededor de 100 personas cometió un acto de vandalismo en la calle Ballivián, destrozó y robó un negocio de venta de comida y bebida. En Sucre ocurrió algo parecido; comparsas en Pocona, Yuraj Yuraj y Las Delicias protagonizaron enfrentamientos y tuvo que intervenir la Policía. 35 personas fueron dispersadas y hubo 14 detenidos.


“No han fallado las instituciones, ha fallado una parte de la sociedad (…) Fue un Carnaval con excesos por parte de una mala sociedad”, concluyó el secretario general de la Alcaldía de Sucre, Osmar Vargas.


Es cierto que los mecanismos de control fallan, que no es posible que buses de transporte interdepartamental circulen con choferes ebrios al mando y que haya tanto delincuente suelto en las calles, pero no se trata de echar toda la culpa a las autoridades. Es necesario hacer una profunda reflexión sobre lo que ocurre con nuestra sociedad en fechas como esta, cuando las desgracias, debido a la irresponsabilidad, empañan los momentos de alegría.

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