lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 13-04-2025

Un giro a la COB

La historia ha demostrado que los movimientos sociales más efectivos son aquellos que operan desde una posición de independencia.
domingo 13 de abril de 2025

En estos últimos siete años, codeándose con los gobiernos de turno, el dirigente minero Juan Carlos Huarachi ha devaluado a la Central Obrera Boliviana (COB) hasta mostrarla como una organización prebendalista, con una representatividad en descenso y, además, apegada al poder en beneficio de una dirigencia distanciada de los verdaderos intereses de los trabajadores de base.


Al cierre de este editorial, viernes 11 de abril, corría el plazo de 24 horas que un día antes otorgó la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) para que la dirigencia que encabeza Huarachi encamine el 18 congreso de esta organización, para elegir a un nuevo Comité Ejecutivo Nacional (CEN). El actual ya no es reconocido por los mineros ni por otros sectores.


“Desconocemos al CEN de la COB, porque ya no representan a los trabajadores por ser ciegos ante la realidad nacional que vive el país. Además, el prorroguismo, capricho y tozudez de la cúpula le hizo mucho daño al movimiento sindical obrero”, señala parte de un comunicado emitido por la FSTMB.


Ciertamente, la dirigencia de la COB privilegió su postura política frente a las verdaderas necesidades de los trabajadores desde que en 2006 se alió al gobierno de Evo Morales con Pedro Montes a la cabeza, posta que tomó Huarachi en 2018 y no deja hasta la fecha, con lo que se convirtió en el segundo ejecutivo cobista con más tiempo en el cargo, luego de Juan Lechín Oquendo (18 de julio de 1952 - 18 de julio de 1987).


Esa alianza llevó a que esta organización resigne la independencia sindical y transite a la “dependencia partidaria”, tal como dijo a Visión 360 el dirigente Jaime Solares, ejecutivo de la COB en 2003. Y es que recibió incontables bienes cedidos por el Ejecutivo y en 2019 obtuvo una bancada con al menos una decena de representantes.


Durante el gobierno de Morales (2006 – 2019) los sindicatos que forman parte de la COB se beneficiaron con sedes, canchas, vehículos y otro tipo de equipamiento.  En 2014, el jefe de Estado entregó a la Central Obrera un hotel en la ciudad de La Paz, con equipamiento completo para albergar a 90 personas, como parte de los homenajes por el Día del Trabajador. En esa oportunidad, también entregó 16 vehículos.


Esto fue una constante y, en paralelo a sus actuaciones alineadas al Gobierno, la COB no salió en defensa de reivindicaciones de fondo; en defensa, por ejemplo, de la estabilidad laboral, la generación de empleo formal o, recientemente, la crisis de los dólares, carburantes y la devaluación que han dejado por los suelos la capacidad adquisitiva de los salarios. 


Fue, en cambio, rápida en defender a la dirigencia, como cuando en agosto de 2022 se conoció una lista de 61 dirigentes declarados en comisión con sueldos de hasta 40.571 bolivianos. “Lamentamos la actitud de algunos medios de comunicación que quieren dañar la imagen de nuestros dirigentes (…). No vamos a permitir ese tipo de intromisión porque, finalmente, nosotros, los trabajadores, sabemos cómo trabajamos de acuerdo a nuestras instituciones”, reclamó entonces Huarachi.


Lo cierto es que la dependencia política de la COB ha diluido su capacidad de actuar como un verdadero representante de los trabajadores, ha perdido respeto y ya es hora de que eso cambie. Al desvincularse de las influencias partidarias, la COB podría recuperar la unidad que fue fracturada con el paralelismo sindical y enfocarse en las necesidades reales de los trabajadores. 


La historia ha demostrado que los movimientos sociales más efectivos son aquellos que operan desde una posición de independencia. La COB tiene la oportunidad de revitalizar su liderazgo y convertirse en un verdadero baluarte de la lucha obrera, promoviendo un diálogo constructivo con el Estado, pero sin perder su esencia crítica.


Ahora lo que queda es esperar que efectivamente se realice el congreso y que quienes asuman puestos en el nuevo CEN den el giro que la mayoría de los trabajadores esperan. 

 

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