lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 4 -5-2025

El que teme

Una persona que es correcta, cumple su deber, respeta la ley y las normas que regulan su actividad, no tiene motivo para preocuparse por la existencia de organismos que la puedan vigilar, investigar o juzgar.
domingo 04 de mayo de 2025

La frase “el que nada debe, nada teme” o “quien nada debe, nada teme”, posiblemente tiene origen en la Biblia y significa que una persona que es correcta, cumple su deber, respeta la ley y las normas que regulan su actividad, no tiene motivo para preocuparse por la existencia de organismos que la puedan vigilar, investigar o juzgar. 


Podría venir de la Biblia, ya que el versículo 1 de Proverbios 28 menciona que los bellacos huyen aun sin persecución, mientras que los justos se sienten seguros.  “El malvado huye aunque nadie lo persiga; pero el justo vive confiado como un león”, es la cita textual.


Así las cosas, inferimos entonces que quien teme es porque algo tiene, porque no es una persona correcta, ni cumple su deber ni respeta la ley ni las normas que regulan su actividad. Alguien, diríamos, que no tiene la conciencia tranquila. 


¿A qué viene ello? Pues a la forma en que actuó durante esta semana la jueza de Sentencia Penal 14° de Santa Cruz, Lilian Moreno Cuéllar quien, luego de anular por segunda vez una orden de aprehensión librada contra el expresidente Evo Morales, optó por desaparecer del radar público y esconderse por al menos 48 horas, pese a la gigantesca ola de cuestionamientos a su actuación, que ahora es investigada por el Consejo de la Magistratura.


Anticipadamente pidió licencia de ocho días al Tribunal Departamental de Justicia (TDJ) de Santa Cruz; no se presentó en su despacho, no apareció en su casa y luego se conoció que viajó a La Paz, donde tampoco pudo ser encontrada. El viernes, día en que se cerró este editorial, el TDJ anuló la licencia y, pese a ello, Moreno no se presentó a su fuente de trabajo.


Aunque se conoció una declaración que hizo a un par de medios de comunicación, en la que defiende su fallo, alegando que actuó en apego a la Constitución Política del Estado, y denuncia que recibe amenazas telefónicas y personales. También relata que lo emitió en una audiencia que no llevó adelante desde su despacho y confiesa: “Sabía que esto iba a tener repercusiones”. Sobre su corta, pero notoria “desaparición”, explica que se debió a que se encuentra delicada de salud.


Pero hasta el viernes Moreno no apareció ni ante las autoridades ni ante los medios de comunicación para explicar los motivos de su segundo fallo en favor de Morales, en una actuación que recuerda la receta de su favorecido.


Igual que la jueza en esas 48 horas, el expresidente optó por callar y refugiarse en el Trópico de Cochabamba durante medio año en lugar de responder de inmediato a las graves acusaciones que se hicieron en su contra, por el presunto abuso de una menor de edad con la que habría tenido una hija, que ahora se encuentra desaparecida, al igual que la madre.


¿Si todo esto es falso, como dice, no hubiera sido lo correcto que se presente ante las autoridades a la primera convocatoria para explicar su verdad? Es más, ¿no hubiera sido aun mejor que se practique una prueba de ADN para demostrar al país y el mundo que dice la verdad y que es víctima de una mentira? El que nada debe, nada teme.


Si Morales lo hubiera hecho, cientos de sus fanáticos no habrían tenido la necesidad de movilizarse hasta el Trópico de Cochabamba para protegerlo durante seis meses de la orden de aprehensión que pesaba en su contra antes de que la jueza Moreno decidiera anularla. 


Morales dice que se trata de un juicio que busca anularlo políticamente. Eso puede o no ser cierto, pero no hay forma de alterar un examen de ADN y, por donde se vea, de haberse practicado uno que resulte incompatible con el de la niña, hubiera dejado a todos sus detractores con la boca cerrada por un largo tiempo y hasta seguramente hubiera cosechado más simpatías para presionar por su repostulación.


Pero no lo hizo y es por algo. La jueza Moreno también pudo aclarar el mismo día los motivos de su fallo en favor de Morales y disipar muchas de las dudas que ahora existen sobre su actuación. Pudo denunciar que es amedrentada y pedir protección. Tampoco lo hizo. 

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