lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 1-6-2025

ALP 2025 - 2030

No es admisible que conduzca la ALP alguien que desconoce algo tan básico como el mecanismo de aprobación de leyes .
domingo 01 de junio de 2025

La Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) se aproxima a cerrar el periodo constitucional 2020-2025 con un lamentable y vergonzoso desempeño. Fue escenario de transfugio, corrupción y bochornosas batallas campales que mostraron el nivel de sus miembros, algunos de ellos acusados además de graves delitos. Fue también plataforma de encarnizadas batallas políticas que dejaron de lado el interés nacional, mientras su presidente cumplió una gestión intrascendente matizada de bonitas reflexiones filosóficas que sirven para adornar discursos, pero no para generar escenarios de gobernabilidad.


Fue además el periodo constitucional con la más baja aprobación de leyes desde que en 2009 entró en vigencia la nueva Constitución Política del Estado, tal como constató una investigación publicada en la edición impresa de Visión 360 el domingo pasado. Los legisladores dieron luz verde únicamente a 284 leyes, muy por debajo de las 691 aprobadas en el periodo constitucional 2015-2020 y las 653 entre 2010 y 2015.


Y no es solo la cifra lo que llama la atención. De las 284 leyes aprobadas, 81 fueron de transferencia de bienes, 57 declarativas, 39 de préstamo, 31 en materia autonómica e igual número sobre desarrollo normativo, 25 de trámite entre Presupuesto General del Estado y otros, siete de ratificación de acuerdos y dos leyes en materia de minería.


Las de transferencia, como dijo a este medio el asambleísta departamental, Israel Alanoca, son “meros trámites”, ya que determinan el traspaso de un predio o bien de una institución estatal a otra, mientras que las declarativas son las que declaran, por ejemplo, patrimonio una u otra cosa. Juntas, estas leyes suman 138. 


Esas fueron las prioridades de nuestros legisladores (no de todos, por supuesto) en estos cinco años, en los que además antepusieron sus batallas políticas a su función de legislar y fiscalizar para mejorar la situación del país. Basta recordar cómo en el último tiempo el Legislativo trabó varios préstamos debido, fundamentalmente, a la batalla entre “evistas” y “arcistas”. 


En este momento, duermen en el Senado proyectos de ley tan importantes para el actual proceso electoral como el de preclusión y el de debate electoral público y obligatorio. Ambos, pese a que forman parte de los acuerdos multipartidarios e interinstitucionales suscritos a principios de año. La no aprobación hace pensar en un cálculo político. ¿Quién se beneficia? 


Y no es que los legisladores sean tan poco productivos porque son mal pagados. Los titulares cobran remuneraciones mensuales por encima de los 23 mil bolivianos y los suplentes, aunque no suplan, ganan poco más de ocho mil bolivianos. Entre senadores, diputados y supraestatales se llevan por año en salarios 63.371.700 bolivianos, lo que quiere decir que en cinco años nos costaron 316.858.500 bolivianos.


No solo eso, sino que además reciben bonos de alimentación que pueden canjear en Emapa; tres pasajes aéreos al mes para retornar a sus regiones; viáticos para viajes oficiales, nacionales e internacionales; vehículos; celulares; computadoras; y personal de apoyo, desde secretarias y ujieres hasta asesores.


Tomando en cuenta su rendimiento, la ALP no justifica el presupuesto que recibe. Los legisladores se aplazaron y lo que los bolivianos esperamos ahora es que en el próximo periodo constitucional las cosas cambien radicalmente, aunque lamentablemente no hay señales de que ello ocurra.


Basta ver las listas de los postulantes a presidir este órgano del Estado. El 70% no tiene experiencia en manejo político y no estamos en momentos de aprender en el camino, menos en un escenario de alta conflictividad como el que probablemente se presente debido a la dispersión del voto.


No es admisible que conduzca la ALP alguien que desconoce algo tan básico como el mecanismo de aprobación de leyes y tampoco se puede esperar mucho de alguien que admite: “No tengo experiencia legislativa, no tengo experiencia política, no sé mucho de política, pero sí me siento recontra preparado para estar en la presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional”. Así, no.

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