lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 8-6-2025

Golpista

La pregunta es ¿qué hará el Gobierno para neutralizar al golpista? Haga lo que haga, debe hacerlo pronto?
domingo 08 de junio de 2025

Asfixiado por los bloqueos, las amenazas contra el proceso electoral y los pedidos de renuncia, el gobierno de Luis Arce Catacora no ha dudado esta semana en denunciar ante el país y el mundo que el ex presidente Evo Morales Ayma es un golpista. Por lo visto, uno mucho más peligroso que el excomandante del Ejército, Juan José Zúñiga, quien no duró ni un día con su aventura desestabilizadora antes de ser aprehendido, procesado y enviado a prisión.

Todos recordamos cómo el 26 de junio de 2024 Arce encaró a Zúñiga, sus tanquetas y los militares armados que lo acompañaban, empuñando únicamente su bastón de mando. Eso y unos gritos del entonces ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, fueron suficientes para neutralizar la revuelta militar.

El actual golpista no necesita montarse en una tanqueta; es de lejos más astuto y atrevido que el militar que se hacía llamar “general del pueblo” y “líder planetario”. Morales expone como si fueran trofeos de guerra los al menos 14 procesos judiciales iniciados en su contra; el último por ocho delitos, entre ellos terrorismo, sabotaje a procesos electorales, atentados contra servicios públicos, instigación pública a delinquir y desobediencia a fallos constitucionales. Cree que está por encima de la ley.

No acude a las convocatorias judiciales y se burla desde hace medio año de una orden de aprehensión que pesa en su contra en un caso de trata de personas. Moviliza una multitudinaria guardia civil que le da protección en su trinchera del Chapare y organiza marchas y bloqueos que causan tensión y millonarias pérdidas al Estado. Incluso sus seguidores hacen frente a las Fuerzas Armadas.

En noviembre de 2024 tomaron cuarteles en la zona del Trópico de Cochabamba y secuestraron a militares. Y este viernes en la mañana, cuando se cerraba esta edición, interceptaron un camión de las Fuerzas Armadas en Colomi y revisaron las pertenencias de los uniformados. Lo hicieron luego de tomar el aeropuerto de Chimoré.

Una cadena de abusos que, de continuar, pondrán al gobierno de Arce en una situación cada vez más frágil, con el riesgo de que efectivamente se consume un golpe blando, porque los bloqueadores advierten que no levantarán su medida de presión hasta que deje la Presidencia.

Ya en septiembre de 2024, cuando Morales protagonizó una marcha para forzar la habilitación de su candidatura, el entontes ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, dijo que el expresidente se convirtió en un golpista, por pretender desestabilizar al Gobierno con una movilización con objetivos absolutamente personales.

“Al mundo entero y a la comunidad internacional le informamos que el señor Evo Morales pasó de ser una víctima de un golpe de Estado a ser un golpista confeso que busca destruir la democracia en nuestro país y acabar con la vida de bolivianas y bolivianos para victimizarse”, afirmó.

Esta vez, el propio Arce denunció en un comunicado público que Morales busca “la ruptura del orden constitucional por sus ambiciones enfermizas de poder”. Luego, sus ministros, en distintas entrevistas y apariciones públicas, lo calificaron como golpista y enemigo de Bolivia.

La pregunta es ¿qué hará el  Gobierno para neutralizar al golpista? Haga lo que haga, debe hacerlo pronto, ya que Arce tiene aún seis meses de gestión que cumplir y nadie aguantaría este tiempo administrando un país altamente convulsionado.

En el caso de Morales, juega su “batalla final” para forzar su candidatura a la Presidencia, tal como él mismo lo menciona en un audio filtrado por el dirigente Rudy Capquique y que, según peritos internacionales, es real y no tiene rastros de uso de inteligencia artificial, tal como señalaron los “evistas” en defensa de su líder.   No es el primer audio en el que se escucha que promueve bloqueos para lograr sus fines. Ocurrió exactamente lo mismo en 2019, cuando huyó del país.

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