lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 20-07-2025

El ¿discurso revolucionario? de Nina

Siguiendo los pasos de Morales, no se presentó a la audiencia judicial a la que fue citada alegando que es víctima de persecución.
domingo 20 de julio de 2025

Es cierto que no fue exactamente una amenaza de muerte la que lanzó Ruth Nina en su polémico discurso del pasado 12 de julio en Lauca Ñ, motivo por el que ahora es procesada por los delitos de instigación pública a delinquir, amenazas y delitos electorales. Lo que hizo fue advertir que hay gente dispuesta a dar la vida en rechazo a la imposición del voto, pero lo hizo en medio de mentiras, un doble discurso y mucha irresponsabilidad.


Ese día, seguramente para ganarse algunos puntos con su aliado de turno, el expresidente Evo Morales, la líder de PAN BOL pronunció un alegato incendiario arrogándose una representación que no tiene y mostrando la cara más deplorable de un político, la que aviva escenarios de violencia en defensa de intereses personales. “En vez de contar votos van a contar muertos”, amenazó.


No es la primera vez que Nina lanza un exabrupto como este; hace seis años hizo lo mismo cuando pronunciaba un ácido discurso contra su ahora socio político. Entonces denunció que Morales era un “asesino” y “dictador que no respeta al pueblo” y amenazó también con decesos: “Si él quiere (ver) correr sangre, sangre va a correr”.


Este 12 de julio advirtió nuevamente con muertes al denunciar una inexistente estrategia para forzar el voto en favor de candidatos de la derecha en el Trópico de Cochabamba, cuando todos sabemos que los aludidos ni siquiera pueden ingresar a esa zona para realizar campaña.


La líder de PAN BOL habló como si no supiera que desde hace meses Lauca Ñ está protegida por tres anillos de seguridad, que incluyen extranjeros con armas y grupos radicales (así lo identificó el Gobierno) y desconociera que los dirigentes de la zona vetaron el ingreso de otras fuerzas políticas que no sean Evo Pueblo, incluso con amenazas de expulsión, como ocurrió en Valle Ivirza. 


¿Cómo podrían entonces forzar el voto en favor de los candidatos de derecha en el Trópico de Cochabamba? Es un absurdo que solo cabe en la cabeza de Nina, quien cuando es cuestionada ataca a los medios de comunicación, se victimiza escudándose en su condición de mujer y habla de representar al pueblo y a millones de electores, cuando en su última participación en comicios nacionales obtuvo apenas 31.770 votos.


Y si lo que quiso era referirse a la ausencia de su candidato en la papeleta electoral, pues hay al menos cinco alternativas por las que pueden optar los chapareños de izquierda: los frentes Alianza Popular, Morena y Fuerza del Pueblo, además del voto blanco o nulo.


Ruth Yolanda Nina Juchani (La Paz, 14 de diciembre de 1972) es abogada, dirigente sindical del transporte, comerciante y política. Se presentó en 2014 como candidata a segunda senadora por Cochabamba por el Partido Demócrata Cristiano, sin éxito, y en 2015 asumió brevemente el cargo de subalcaldesa en Quillacollo antes de ser destituida por presión ciudadana.


En las elecciones anuladas de 2019 fue candidata presidencial de PAN‑BOL (acompañada inicialmente por Leopoldo Chui, del frente Jallalla) y obtuvo 39.826 votos (0,65%) En 2020 postuló a la Vicepresidencia por el mismo frente, esta vez junto al dirigente minero Feliciano Mamani, y logró 31.770 votos (0,52%). Ambos resultados eran insuficientes para mantener legalmente la personería del partido.


A fines de abril anunció su postulación a la Presidencia en un acto en el que ofreció renovación política para enterrar el escenario de “hambre”, “pobreza” y “dolor” que dejó el socialismo en 20 años. “Nos han convertido en mendigos y en una miseria humana estos 20 años de socialismo”, dijo y a los tres meses se presentaba como aliada y “soldado” del principal gobernante en esos 20 años.


Así es Nina, quien ahora, siguiendo los pasos de Morales, no se presentó a la audiencia judicial a la que fue citada el pasado viernes alegando que es víctima de persecución por haber emitido un “discurso revolucionario”. En 2018, la Justicia procesó a un albañil por haber gritado a su ahora aliado “Bolivia dijo no”.

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