lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 10-8-2025

Evo, a su manera

Despojado de esta su ambición de poder, el expresidente pudo haber pasado el Bicentenario en un puesto de honor en los actos centrales.
domingo 10 de agosto de 2025

inalmente, pese a todo, el expresidente Evo Morales encontró la manera de estar presente en las elecciones generales que se realizarán este domingo 17 de agosto y lo hizo a su manera, pateando el tablero tras no haber conseguido consolidar una alianza con un partido con personería jurídica y apropiándose de una opción con la que la población suele expresar su descontento con un proceso electoral: el voto nulo.


Lo que pretende es descalificar la elección que está en marcha y que avanza, pese a todos los torpedos que lanzó en su contra, para luego manejar el discurso de que el gobierno que los bolivianos elijan este 17 de agosto no será legítimo. ¿Para qué? Pues para insistir con su ambición de retornar al poder con el viejo e infundado argumento de que el pueblo es el que se lo pide.


Infundado argumento porque sus últimas convocatorias a marchas y bloqueos han demostrado que su poder de convocatoria se diluye fuera de los límites del Trópico de Cochabamba. Y cuando años atrás alegaba que el pueblo era el que le pedía repostularse, en realidad eran los dirigentes de las organizaciones sociales cooptadas por su Gobierno a plan de espacios de poder y otros beneficios.


El pueblo, en realidad, se expresó en las urnas el 21 de febrero de 2016, cuando 2.682.517 bolivianos (51,3%) dijeron NO a su repostulación, pero a él le importó un comino y consiguió habilitarse mediante un cuestionado fallo constitucional que luego fue observado por la Corte Interamericana de Justicia, cuando determinó que la reelección indefinida no es un derecho humano.


Ahora llama al voto nulo, no necesariamente para mostrar que los bolivianos no están de acuerdo con el proceso electoral, sino para tener un argumento para volver a batallar por su retorno al poder. Y lo hace con alrededor de un 4% de ventaja frente a las otras nueve opciones de voto (incluido el blanco), que es el promedio del voto nulo en las últimas cuatro elecciones nacionales. Sin embargo, habrá que subrayar que ello no tendrá ningún efecto legal, aunque obtenga más del 50% de respaldo. 


La Ley de Régimen Electoral reconoce tres tipos de votos: válidos, blancos y nulos, pero la elección de las autoridades únicamente toma en cuenta los válidos. Los blancos, como los nulos, quedan para la estadística, como ocurrió en las elecciones judiciales de 2011 y 2017, cuando el voto nulo obtuvo mayor porcentaje que cualquiera de los candidatos y, al final, no incidió en la elección de las autoridades.


En las elecciones de 2011, de las 5.243.375 personas habilitadas para votar, 1.779.425 votaron nulo (42,60%), mientras que los válidos llegaron a 1.768.576, lo que significó el 42,34%. Los votos blancos fueron 629.469, vale decir el 15,07%.


En 2017 la diferencia fue más alta. De 5.422.897 votos emitidos, 2.784.214 fueron nulos (51,34%), 739.666 blancos (13,64%) y 1.899.017 válidos (35,02%). Las autoridades elegidas con ese 35,2% cumplieron sus mandatos porque así manda la ley.


Esta vez no podría ser distinto. Los bolivianos que voten válido elegirán al próximo gobierno y los que voten nulo simplemente habrán expresado su descontento, ya sea con el proceso electoral o con todos los candidatos, los considerados de la derecha y también los que nacieron del Movimiento Al Socialismo (MAS) y proponen la continuidad del Proceso de Cambio. Lo que no se podrá establecer será quiénes votaron nulo en apoyo a Evo Morales.


Lo que sí se puede concluir es que, despojado de esta su ambición de poder, el expresidente pudo haber pasado el Bicentenario de fundación de la patria en un puesto de honor en los actos centrales que se realizaron en Sucre y no autoexiliado en el Trópico de Cochabamba leyendo un discurso ante unos cuantos de sus seguidores. Pero esa es su decisión, Morales siempre hizo las cosas a su manera.

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