2024-05-09

Periodismo y sus experiencias

Lecciones de periodismo entre balas, culatazos, amenazas y males políticos

El periodista debe relatar cómo se cruzan balas y piedras, y no ser protagonista, es una de las tantas lecciones que los trabajadores de la palabra dejan a las nuevas generaciones.

Sólo unos minutos de charla y un par de respuestas a preguntas intrépidas bastan para concluir que, para los periodistas, cuidar la ética y el prestigio de su carrera es casi tan importante como cuidar la vida misma. Aunque muchas veces, varios de ellos se han arriesgado sin querer, durante un conflicto mientras buscaban retratar en una foto o relatar a viva voz cómo aparecen los fusiles o se cruzan piedras y balas.

Este 10 de mayo, día del periodista boliviano, Visión 360 le trae el testimonio de cuatro periodistas “de la vieja guardia” y cuatro profesionales de las nuevas generaciones, quienes cuentan algunas de sus anécdotas y las lecciones que les dejó la experiencia de ejercer a diario este singular oficio.

Aquí les presentamos sus anécdotas.

Foto: Helga Velasco

Lograr la credibilidad entre dos bandos en disputa tiene un costo

“El periodista aprende con el tiempo que la mejor carta de presentación es la credibilidad, y esa se logra al actuar con imparcialidad en medio de dos posturas o bandos en disputa”, afirmó la periodista Helga Velasco.

En sus 19 años de carrera, uno de los varios hechos que la marcaron ocurrió durante los conflictos por el fraude electoral de 2019, que terminó con la renuncia y huida del presidente Evo Morales. Velasco y el camarógrafo Wálter Aguirre realizaban un reporte en vivo en el Prado de la ciudad de La Paz.

Entonces, un grupo de unos 300 manifestantes los rodeó y durante 45 minutos, aproximadamente, los hostigaron entre insultos y amenazas, exigiéndoles que tomen partido en su favor. Velasco recuerda que mientras soportaba el asedio de los protestantes, mantenía la llamada con su productor, quien le repetía lo que ella y el camarógrafo sabían muy bien, que su mejor opción era no moverse del resguardo que le brindaban los fierros de las jardineras.

En medio de esa tensión, 10 estudiantes de una promoción, uniformados, salieron en su defensa y los salvaron de las agresiones. Semanas antes, Velasco que trabajaba en el canal Unitel, había coordinado con ellos el homenaje a uno de sus maestros como “el boliviano de oro”.

Ese trabajo no sólo generó confianza hacia ella y su profesión, sino también el cariño de ese grupo de estudiantes quienes, a riesgo de su propia seguridad, salieron en su defensa. “Esa credibilidad tiene un costo”, reflexionó.

 

Foto: Daril Coarite

Gases lacrimógenos para bautizar el inicio de una carrera en el periodismo

Durante los conflictos por el fraude electoral de 2019, que terminó con la renuncia y huida de Evo Morales a México, con apenas tres años de experiencia, pero consecuente con el lema periodístico de dar “la noticia desde el lugar de los hechos”, el entonces miembro de Radio Éxito, Daril Coarite, hacía un reporte desde la calle Colón.

“Una noche, antes de la renuncia del presidente, a los extremos de la calle estaban los masistas y los pititas peleando. Los periodistas usábamos cascos y máscaras antigás, nos cuidábamos entre nosotros, porque por un lado llegaban las dinamitas y del otro piedras”, recuerda Coarite.

En medio de esa rutina de agresiones, relató, vieron cómo se avecinaba una “lluvia” de lo que parecían piedras. Los periodistas creyeron que bastaría con mantenerse agachados.

Sin embargo, en un golpe de angustia se dieron cuenta de que la supuesta lluvia de piedras se transformó en el aire, en proyectiles de gas que en segundos nubló toda la calle. Entonces Dennis Luizaga, periodista de La Razón, le gritó a Coarite que se quedara boca abajo y así se arrastraran por el piso hacia un lugar donde el gas lacrimógeno no los afectaba tanto.

Para Coarite, ese fue un momento en que se materializó el temor por sufrir un daño muy grave, no obstante durante su labor en el área política, no faltaron momentos que inquietaron su seguridad como periodista. Irónicamente, recuerda cómo el propio Morales, ya de retorno en Bolivia en 2020, en una conferencia de prensa lo increpó con cierta sorna, luego de que el periodista le preguntó por qué en 2019 no fue consecuente con el lema de su partido, “patria o muerte”.

 

 Foto: Familia Calvo

Dictadura, culatazo y una cicatriz que marcan 45 años de trayectoria

El 17 de julio de 1980, mientras junto a otro grupo de periodistas esperaba la conferencia de prensa en la Central Obrera Boliviana (COB), escuchó sonar el teléfono tres veces y tres veces colgaron sin responder. Fue una premonición que nadie pudo interpretar, porque unos instantes después irrumpió un grupo de paramilitares, en el inicio de lo que fue el golpe de Estado dirigido por el coronel Luis García Meza.

“Mientras trataba de salir, un paramilitar nos retuvo en las gradas y me tenía que dar un golpe con la culatea del arma en toda la cara, pude mover la cabeza un poco y el culatazo pasó rozando, pero me quebró la nariz. Es una cicatriz que he llevado por décadas, de una de las muchas experiencias que tengo en mis 45 años de carrera, en la que corrió peligro mi vida”, recordó Manuel Calvo, el fotógrafo del entonces matutino Última Hora.

Minutos después, a la salida del edificio de la COB, los paramilitares dispararon contra el dirigente socialista, Marcelo Quiroga Santa Cruz, cuyos restos no fueron hallados hasta la fecha. Calvo reflexiona sobre ese hecho histórico y comenta que, como periodistas, poco se reflexiona en torno a que, tanto él como alguno de sus colegas puede correr con la misma suerte de aquel dirigente y que es un riesgo que conlleva este oficio.

“Entonces los periodistas gráficos teníamos la orden de llevar la mejor imagen para una nota y cumplíamos, aunque era por salario mísero, pero ese era el trabajo que uno eligió”, aseveró Calvo.

 

Foto: José Luis Aliaga 

Nuestro trabajo es narrar cómo se cruzan las piedras y balas, no ser los protagonistas

El radialista José Luis Aliaga, con orgullo, aún conserva su primera credencial, “en su calidad de REPORTER”, elaborada el 16 de febrero de 1970 en una máquina de escribir sobre un papel bond tamaño carta firmada por el director de Radio El Cóndor. La única mella que tiene el documento, son los cuatro dobleces que le hizo para llevarla con cierta comodidad en ese tiempo.

Desde esa fecha, Aliaga ha acumulado cientos de anécdotas y lecciones periodísticas, incluso durante las dictaduras militares, pero una que marcó su carrera se dio durante los conflictos de octubre 2003, previa a la caída del Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Como periodista de Radio Pachamama, la providencia lo ubicó cerca al peaje de la Autopista La Paz - El Alto, por donde camiones cisterna llenos de combustible y del Ejército, se abrieron paso entre los disparos de militares y las pedradas de vecinos que trataban de impedir la distribución, como medida de protesta.

“Eso fue lo que me marcó. En la transmisión en vivo que aún la tengo guardada como un documento, se escucha cómo narré, cómo se cruzaban los disparos del Ejército y las piedras de los vecinos. Sólo cuando pasó lo más peligroso me di cuenta que había narrado un momento en el que pudieron matarme. Pero para mí, lo más importante en ese momento era relatar a la audiencia todo lo que ocurría en ese lugar. Esa es la lección que podría dar, que nosotros estamos al servicio de la población y en ningún momento debemos ser los protagonistas”, afirmó Aliaga.

 

Foto: Nicolás Sanabria Garrón

Sanabria, el radialista que por error “mató” a Lechín Oquendo en un reporte al vivo

Nicolás Sanabria Garrón, con 37 años de carrera, puede ser considerado un maestro del radialismo, pero también uno de los personajes más entrañables para la audiencia de Radio Fides. Fue durante su labor en ese medio que vivió en carne propia una de las principales lecciones que da este oficio. Verificar la noticia antes de publicarla.

“Quiero compartir una anécdota muy bonita, una lección periodística que me pesó a lo largo de mi vida, porque maté en vida a don Juan Lechín Oquendo (histórico dirigente de la COB), lo que me dejó como enseñanza el no lanzar una noticia antes de verificar la fuente”, relató Sanabria con una sonrisa de nostalgia, pero con la humildad que dan los años a los maestros que hablan desde su propio ejemplo.

Sanabria recordó que aquella “información de último momento”, la lanzó en un programa en vivo conducido por su colega, Cristina Corrales y corrió como fuego “en medio de un reguero de pólvora”. Solo minutos después él mismo desmintió su reporte, y lo hizo entrevistando al supuesto fallecido en su domicilio. Un colega que escuchó la información mientras estaba en compañía de Lechín llamó al reportero y lo invitó a verificar su error.

“Acabas de matarme”, fue el reclamo que el histórico líder sindical minero le hizo al periodista, mientras éste estaba recostado en su cama.

A Sanabria sólo le quedó pedir disculpas, admitir el error y señalar que tomó aquella versión de un reporte que escuchó en una radio colega, de la que prefirió no dar el nombre, pero que aseguró que Lechín recibía un homenaje póstumo en el Congreso de la República.

 

Foto: Graciela Dorado

El periodismo marca el rumbo de la vida de jóvenes que desean ayudar a su sociedad

Si bien hay hechos que pueden marcar la vida de periodistas, también hay historias que pueden determinar que los jóvenes se decidan a ejercer el periodismo. Fue el caso de Graciela Dorado, Coordinadora de la Red Aymara de la cadena radiofónica Erbol.

Aún en colegio, Dorado fue parte de una marcha indígena reivindicando los derechos por la tierra, durante el trayecto, la adolescente quedó maravillada con el trabajo de los periodistas que hacían cobertura de la marcha y amplificaban sus voces. Sin embargo, también quedó contrariada porque descubrió que los periodistas no hablan aymara y eso dejó en ella el deseo de completar el trabajo que el idioma restringía a muchos comunicadores.

Fue así que, llegado el momento, luego de salir bachiller, se animó a estudiar Comunicación Social en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA)y seguir con ese sueño. Recuerda que en el inicio de su carrera trabajó gratis para algunos medios de comunicación, pero hoy, con 12 años de experiencia, Graciela Dorado conduce varios programas y amplifica las voces aymaras que, en su momento, sintió que eran relegadas.

“Una se da cuenta que pone en riesgo la seguridad personal y la de tu familia, por dar a conocer lo que pasa con nuestra sociedad, pero al final hay satisfacción por decir la verdad y no ser cómplice de quienes quieren esconder cosas malas”, reflexionó Dorado, a quien le gusta definirse como “periodista de calle”.

Dorado también pertenece a la generación de periodistas que fueron marcados por los hechos de 2019.

 

Foto: Juan Calos Salazar

El Gato Salazar, miembro de la Academia de la Lengua y 60 años obsesionado con el periodismo

No fueron balas de gobiernos militares en Latinoamérica, ni la represión política de dictadores lo que puso en riesgo la vida del maestro, Juan Carlos “el Gato” Salazar. Él admite que, en sus casi 60 años de trabajo, lo más peligroso que afrontó fue su propia imprudencia, movida por su obsesión por el periodismo.

“Siempre me preguntan si alguna vez mi vida estuvo en riesgo durante los conflictos armados que me tocó cubrir a lo largo de mi carrera profesional. Yo digo que no, excepto en una ocasión y no precisamente por las balas cruzadas de un enfrentamiento”, relató el tupiceño, experimentado corresponsal internacional y miembro de la Academia de la Lengua Española.

“Ocurrió en los años 80. Me habían acabado de operar de la vesícula en México. En esa época no existía la cirugía laparoscópica. Eran operaciones abiertas, con incisión mediante bisturí. El día que salía del hospital, con ocho o diez puntos de sutura, se anunció una ‘ofensiva final’ de la guerrilla salvadoreña. Yo, que había estado cubriendo el conflicto desde su inicio, no quise perderme el acontecimiento. Tomé el avión y aún convaleciente me trasladé a San Salvador. Fue una irresponsabilidad mía. Pero, además, la ofensiva no se produjo. Me arriesgué en vano. Retorné a México tres o cuatro días después, sin noticia, a tiempo para que me quitaran los puntos y la venda que cubría la sutura”, rememoró Salazar.

Pese a todo, el Premio Nacional de Periodismo, a menudo dice a sus alumnos que no se siente con la autoridad de decir qué hacer o no en este oficio, pero se siente un afortunado por haber vivido de lo que ama hacer.

 

Foto: Marcelo Lobo

Un buen trabajo enseña que el secreto de fuente está por encima de las amenazas

Entre las decenas de experiencias acumuladas en sus casi 18 años de experiencia, la mayoría de ellos en el área de seguridad, Marcelo Lobo, periodista de la red televisiva Gigavisión, recuerda una ocasión en la que hacía seguimiento al cambio de presidente del Tribunal Departamental de Justicia (TDJ) de La Paz. Prefiere no precisar las fechas ni dar nombres.

Lobo menciona que había logrado datos de una fuente reservada, quien indicaba que, en una sala plena, la mayoría de los vocales habían elegido por mayoría de votos a un nuevo presidente del TDJ. Después de verificar la información y lograr además una entrevista con quien resultó ganador, el periodista redactó el artículo y publicó la información.

Sólo unas horas después, el presidente saliente llamó a Lobo y lo amenazó con iniciar un proceso en su contra por los datos que había revelado y que esto le generaba un grave perjuicio.

“Yo no me asusté, seguí el procedimiento y no revelé de dónde salió la información que publiqué. El jefe nacional de prensa de Gigavisión se portó muy bien y me respaldó, y llegó a advertir al vocal que, si iniciaba un proceso, él debía ser procesado junto a mí”, recordó el periodista.

Ante el escándalo, al expresidente del TDJ sólo le restó dar un paso atrás, disculparse por las amenazas y reconocer que Lobo había publicado un hecho verificado y no dio ninguna información falsa.

Contrario a lo que se esperaba, aquel hecho no generó recelos entre los vocales, al contrario, el buen trabajo del periodista y la protección de la identidad de su fuente inicial, le valió la confianza para otros casos.

 

Foto: Nancy Vacaflor

Ni amenazas, ni regalos, ni un viaje a la China valen lo que vale la credibilidad del periodista

Corría el año 2009 cuando la periodista, Nancy Vacaflor Gonzales, investigaba el caso de corrupción sobre la adquisición de las “Barcazas Chinas”. Pese a que buscó la contraparte de diferentes formas, los representantes de la empresa extranjera implicada, solamente dieron la cara después que se publicó la primera nota.

“El representante legal de la empresa me llamó y lo primero que hizo fue amenazarme con procesos, por el daño económico y el supuesto desprestigio que les había causado. Le expliqué que él podía iniciar las acciones que quiera, pero que los documentos respaldaban mi trabajo, me colgó”, recordó Vacaflor.

Las notas continuaron y el mismo abogado la volvió a buscar, pero con un tono más amable, esta vez felicitándola por “el buen trabajo” que realizaba y le ofreció una entrevista. Las publicaciones continuaron y por tercera vez, el jurista la llamó.

El nuevo encuentro se dio en una oficina distinta, en la Zona Sur, y el empresario no ahorró en atenciones y explicaciones sobre los múltiples proyectos que tenía con el Gobierno de Evo Morales.

Esta vez la empresa no sólo ofrecía dar más información, sino concederle un viaje con todos los gastos pagados y por tiempo indefinido a China. Por supuesto, ella no aceptó.

“Eso me dejó una lección, que con las fuentes un periodista siempre se debe manejar con cuidado, fundamentalmente no aceptar ningún tipo de dádiva, ni un viaje, que seguro tiene el fin de restarle a tu credibilidad y a tu trabajo”, concluyó la jefa de prensa de la Agencia de Noticias Fides (ANF).

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