Nuevas personalidades
Ciencia, arte y deporte, la fuerza de 12 paceños con ñeque
Trabajo, fortaleza y pasión definen a los paceños, según 12 nuevos personajes de la sede de Gobierno. Representantes que van desde las ciencias biológicas hasta el deporte y la cocina gourmet conversaron con Visión 360 acerca de la ciudad y sus habitantes.
La lista incluye a tres destacadas biólogas, especialistas en distintos campos: la biotecnóloga Cecilia González, la ornitóloga Rhayza Cortez y la especialista en jaguares Paola Nogales.
También estuvieron el escritor Rodrigo Urquiola, quien tiene a La Paz como escenario, protagonista y antagonista en sus obras; y la cantante Rocío Moreira, que recupera el folklore de la urbe. El médico Alejandro Enríquez luchó contra la pandemia, mientras que Franco Albarracín defiende sus derechos, la chef Valentina Arteaga resalta los sabores tradicionales y los hermanos Mayer levantan las espadas en su defensa.
SAYURI LOZA, UNA PACEÑA DE CUARTA GENERACIÓN
“Como muchos otros, soy de esas paceñas que descienden de migrantes. Yo soy una paceña de cuarta generación de una familia que llegó de Guaqui”, cuenta la historiadora e influencer Sayuri Loza.
Considera que La Paz es un crisol de Bolivia, en donde la gente forja la nacionalidad y se establece un sentimiento de pertenencia.
Nació en la sede de Gobierno, concretamente en la zona del Tejar, en la misma casa en la que vive actualmente. En su vivienda mantiene viva la memoria de sus ancestros, una de las razones que la llevaron a dedicarse a la historia como profesión.
“Siempre sentí mucha curiosidad por el pasado. Tanto por el origen de nuestras familias, el desarrollo de la cultura y de nuestras tradiciones. Ahora estoy interesada en la historia de la economía, concretamente el período del siglo XIX en Bolivia, cuando, si bien no ocurrió algo muy grande, se trazó el camino para el boom del siglo XX”.
La historiadora también es muy activa en las redes sociales. Lo es desde 1998, cuando aparecieron los primeros programas de chat.
“Lo que muestro en las redes es a mí misma en la cotidianidad. Muestro a mi perrito y gatito; muestro mis emprendimientos; hablo de la historia del país, explicando algunas características nuestras; hablo de mi otra pasión, la danza; y hago amigos virtuales”.
FRANCO ALBARRACÍN, UNA PACEÑIDAD VINCULADA, A LA HISTORIA, LA POLITICA Y LA CULTURA
Para el abogado y activista por los Derechos Humanos, Franco Albarracín, el ser paceño “es una experiencia que está vinculada con la historia, la familia y relacionada con la política y la experiencia cultural”. Además que el poblador de la hoyada enfrenta muchos retos diarios, como el transporte público y los conflictos.
El letrado asegura que “ejerce” su paceñidad, participando, principalmente, en las distintas actividades culturales de la ciudad.
Pero, no solo se involucra en ese ámbito, ya que al ser la sede de Gobierno, está muy involucrado en la lucha política y social.
Nació en La Paz en 1990. Desde muy joven siempre mostró interés en trabajar en el ámbito de los Derechos Humanos.
Por eso decidió seguir la carrera de Derecho. “Me di cuenta que si quería dedicarme a eso, tendría mejor solvencia si me formaba como abogado”.
Si bien su trabajo tiene alcance nacional, reconoce que la mayoría de los casos que atiende se desarrollan en el municipio y departamento de La Paz.
Aunque su trabajo es principalmente presencial, no descuida las redes sociales. En sus cuentas se encarga de difundir su criterio sobre hechos de relevancia en ámbitos políticos, o de brindar información sobre cuestiones legales y humanistas.
ROCÍO MOREIRA, LA PAZ EN SU MÚSICA
Cantante y diseñadora. Rocío Moreira destaca principalmente el valor del pueblo paceño.
“Tenemos que enfrentarnos a muchos retos. Ser paceño es lo máximo, pero un desafío, ya que cada día puede tener una infinidad de sorpresas, ya sean los bloqueos, los cambios bruscos de clima y mil cosas más”, asegura.
Nacida en La Paz en 1981, siempre estuvo interesada en la música. Su padre le legó talento y practicó desde sus cinco años. Como tal, se enfocó en el folklore.
“La Paz siempre está en mi música, incluso más allá de las canciones que la mencionan explícitamente. Es porque es la ciudad donde nací, de donde vienen mis padres y donde sueño”.
Está siempre presente en las redes sociales. Reconoce que se han convertido en herramientas esenciales para su trabajo, para contactarse con sus seguidores e, incluso, para vender sus producciones musicales.
Normalmente se la puede encontrar en sus cuentas de Facebook y TikTok, en las que comparte tanto sus canciones, como los diseños que realiza, ya que es esa su profesión.
Ama los “cuatro climas en una cuadra” de La Paz, su gastronomía, especialmente la marraqueta y el api y, sobre todo, el folklore: morenada, kullawada y otras, cuyos ritmos también interpretó en sus diferentes discos. “Es una ciudad de arte puro”.
ALEJANDRO ENRÍQUEZ, UN PACEÑO QUE SE ENFRENTÓ A LA CRISIS
Durante la pandemia de Covid-19 fue uno de los responsables de la sala de Terapia Intensiva del Hospital de Clínicas de La Paz.
Cuando se declaró la emergencia sanitaria, Alejandro Enríquez armó su maleta, se despidió de su familia y se marchó a atender a los afectados por esa enfermedad.
Fue así que confirmó su concepto de que los paceños son luchadores.
“Sobrevivimos a esas crisis, pero no por gracias de los políticos o mentes médicas brillantes, que se escondieron del virus bajo su cama, sino por las familias que buscaron resurgir y seguir adelante, además de mis colegas que se arriesgaron y trabajaron duramente durante varios meses”.
Aunque nació en Catavi, Potosí, Alejandro se crió en la sede de Gobierno desde que tenía cinco años. Por tanto, se considera tan paceño como la marraqueta y las marchas de protesta.
“Soy de los paceños antiguos: los que saltaban en las fogatas de San Juan, de acudir a las verbenas y entradas, aunque no tanto de tomar”.
Destaca la fortaleza paceña, ya que “aquí en La Paz, no la tenemos fácil, a menos en perspectiva médica. Puede que en otros departamentos el clima sea más beneficioso, aunque no lo aprovechen. Pero el paceño tiene que enfrentarse al frío, a las crisis políticas..., pero se levanta y continúa siempre viendo adelante”.
VALENTINA ARTEAGA, EL NUEVO SABOR DE LA PACEÑIDAD
Es considerada como una de las mejores chefs del país. En plena pandemia de Covid-19 abrió Phayawi Restaurant, un local en el que la popuesta principal es la comida nacional.
“Me gustan mucho los sabores tradicionales. Hay mucho que trabajar con ellos y desarrollarlos. Lo que nosotros hacemos es medir lo que usamos; si tienes un equilibrio, la comida boliviana no debería hacer daño. Uno de mis objetivos es que la gente pueda comer comida boliviana de noche y no se sienta culpable o siga con el mito de que es muy pesada; comemos pizza, pasta y nos parece normal y no una sajta. Yo creo que todo está en cómo preparas tu plato”, destacó.
Para Valentina, La Paz “es cultura, es pasión, es gastronomía. Esta ciudad te enamora”.
Manifiesta que el paceño es un boliviano muy especial.
“Somos interactivos, nos encanta descubrir y crear. Somos muy trabajadores”, agregó.
También destaca que, al principio, el habitante de la hoyada puede ser algo serio, pero en cuanto toma confianza se convierte en alguien amable y muy cariñoso con las demás personas.
Es conocida en las redes sociales como WhatsCoockingValentina.
Estudió Gastronomía en el Cordon Bleu de Lima, en el vecino Perú y culminó sus estudios con una maestría en el Basque Culinary Center, San Sebastián, España.
LOS HERMANOS MAYER, TRES LUCHADORES DE ALTURA
Julián, de 18 años, y sus hermanos Esteban de 16 y Victoria de 13 son esgrimistas paceños. Están entre los mejores representantes de este deporte en el país. Cada uno ganó varios premios, incluyendo medallas de plata y de bronce en competencias internacionales, como el Panamericano Cadete y Juvenil de esgrima.
Como asegura Esteban, “soy tan paceño que mi equipo es, sin duda alguna, El Tigre”, mientras que su hermano y su hermana destacan su amor por la ciudad.
“La Paz es un lugar histórico, lleno de buena comida y, sobre todo, nuestro hogar, al que siempre pensamos regresar por mucho que salgamos del país”, asegura Victoria, la menor.
Julián destaca mucho la cultura paceña. Para el campeón de esgrima, que se encuentra en el ranking Mundial Juvenil de la Federación Internacional de Esgrima (FIE) , “La Paz tiene un capital cultural muy importante. Es única en el mundo”.
Los mayores se entrenaron en Europa este año, con el objetivo de lograr nuevos galardones en el país. Sin embargo, problemas dentro de la Federación Nacional de Esgrima impidieron que participaran en el Panamericano de Río de Janeiro, que se realizó entre el 22 y el 27 de febrero.
Los tres coinciden en destacar que el paceño es luchador y resistente, que pese a las dificultades sigue de pie.
RHAYZA CORTEZ, LA POTOSINA MÁS PACEÑA
La ornitóloga boliviana Rhayza Cortez es una de las potosinas más paceñas del país. Vive desde hace 15 años en la sede de Gobierno y asegura que “fue increíble”.
“Me siento nativa, la ciudad me acogió y me permitió renacer”. Lo que más resuena con ella son las montañas. “Ver el Illimani es algo que me llena”.
Curiosa desde niña, siempre se preguntó sobre la naturaleza, y cada respuesta planteaba nuevas interrogantes. Por eso siguió la carrera de Biología, especializándose en el estudio de las aves.
“Creo que las aves son un modelo evolutivo impresionante. Y creo que pueden ayudar a responder muchas dudas científicas”.
Como científica trabaja mucho en la divulgación, para luchar contra la desinformación. De este modo forma parte de Ciencia Molotov, un proyecto colectivo, integrado por estudiantes y profesionales que no solo trabajan para difundir información académica al público en general, además de fomentar la investigación.
“Las redes sociales son un arma de doble filo. Tanto puedes informar como fomentar la desinformación, lo cual es muy peligroso”.
Paralelamente, junto con otras amantes de las aves, formó Harpías Observadoras de las aves, un grupo que busca que las interesadas en estos animales puedan observarlos con seguridad.
RODRIGO URQUIOLA, TAN PACEÑO COMO SU EQUIPO
Es tan paceño como su equipo, Bolívar, aunque reconoce que en ocasiones se siente más bolivarista y boliviano que paceño, ya que “pienso que todos los regionalismos o intentos de alabar aquello que el azar nos ha impuesto es apenas cándida ingenuidad infantil que se utiliza en discursos huecos”.
Nació en el Hospital San Gabriel de Villa Copacabana. Vivió toda su vida en la ciudad. “Cuando salí al exterior extrañé como nunca mi ciudad, pero todavía no sé qué es ser paceño. Apenas sé que uno nace en algún lugar por azar y que construye su memoria allí porque no tiene alternativa”.
Es uno de los escritores más representativos de la literatura paceña. En sus siete libros, la ciudad aparece como paisaje, protagonista o antagonista.
Teniendo en cuenta eso, no extraña que ponga al “quizás el silencio que hay detrás de las montañas citadinas”, como una de las razones para dedicarse a las letras.
Además de escribir, reseña los libros que lee en sus cuentas de redes sociales, a la par que sigue los partidos de su equipo.
Ganó varios premios literarios, entre ellos el Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor; y el Premio Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés, en México; y el Premio Internacional José Nogales, en España, entre otros.
CECILIA GONZÁLEZ, LA BIOTECNÓLOGA PACEÑA DE GRAN RESISTENCIA
Para la biotecnóloga paceña, Cecilia González, el ser paceño significa tener una resistencia muy grande.
“Tenemos que tener una alta resiliencia al caos, a lo que no es paz. Eso de tener que enfrentar continuamente a marchas, bloqueos, trancaderas y seguir adelante es una característica principal de los ciudadanos”.
González se autodefine como muy curiosa, característica que tiene desde niña, cuando pudo poner las manos sobre el microscopio de su padre doctor.
“Me permitía ver más en profundidad. Pero al mismo tiempo me planteaba nuevas preguntas”.
A eso se sumó la misma naturaleza de La Paz. “Las zonas rurales cercanas, las montañas que podemos subir... todo me animaba a preguntarme por qué las cosas son como son, qué hace que se abran los pétalos de una flor”.
Actualmente trabaja -principalmente- en la divulgación científica, especialmente en qué consiste la biotecnología, que es una disciplina aún muy nueva en el país.
“Trato de explicar a distintos grupos de la sociedad para qué sirve la biotecnología. Y, sobre todo, incentivar a las niñas a que sigan las carreras científicas, que no frenen su curiosidad”.
Es, también, una amante de la comida paceña. “Me encanta el chuño, el chuño phuti y el plato paceño”.
PAOLA NOGALES, LA RASTREADORA DE JAGUARES
“La Paz es mi casa, y es un lugar de diferentes paisajes con mucha flora y fauna”, manifestó la bióloga Paola Nogales, una de las principales especialistas en jaguares del país.
Esta amante de los gatos nació en Villa Victoria en 1994. Su pasión por los felinos la llevó a seguir la carrera de Biología y se especializó en uno de los principales depredadores terrestres del continente.
“Los jaguares (Panthera onca) son animales muy hermosos e importantes. Son clave en el ecosistema del continente y su desaparición crearía un desequilibrio muy peligroso. Es, además, el mayor felino de América y el tercero más grande del mundo, después del tigre y el león”.
Para potenciar su trabajo, Paola se especializó en biología molecular y genética.
Así, como investigadora asociada al Museo de Historia Natural, Nogales creó un sistema de rastreo de poblaciones de jaguares y el tráfico de partes de estos animales gracias a estudios genéticos.
Por este trabajo, ganó el año pasado el concurso Falling Walls Lab (Derribando muros) de la Fundación Falling Walls, que cuenta con el apoyo del Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania.
Como paceña reconoce que abusa del “yaaa” en las conversaciones, además de disfrutar de la comida tradicional de su ciudad natal.