2025-02-17

Desaparecieron durante una caminata por el monte

Armando y Franklin, una amistad de 60 años segada por la intemperie yungueña

Los amigos Armando Ortega y Franklin Touchard salieron de excursión en Chuñavi a inicios de enero. Siguió un mes de angustia para las familias que los buscaron, pero que solo encontraron sus restos.

El calvario duró más de un mes. Las familias de Armando Ortega y Franklin Touchard no descansaron  en la búsqueda, desde que saltó la alarma de su desaparición hasta que el viernes 7 de febrero sus restos fueron hallados, finalizando en tragedia una amistad de 60 años.  

Durante todo el mes de búsqueda, ambas familias se negaron a perder las esperanzas. Ayudaba que los dos adultos mayores estaban en un muy buen estado de salud, al punto que, cuando se dio a conocer su desaparición, sus hijos y sobrinos destacaron la fortaleza y lucidez de los dos.

Sin embargo, una mala combinación de eventos, como la desconsideración de un par de personas hacia la tercera edad y el clima, provocaron el final de ambas personas.

Armando Ortega con sus hijos Antonio y Natty. Foto: Cortesía familia Ortega

 

Una amistad de décadas
Armando y Franklin se conocieron en su juventud, hace más de 60 años. Pese a la distancia que los separaba -Ortega pasó casi toda su vida trabajando en el campo, en los Yungas, mientras que Touchard vivió en La Paz- solían encontrarse frecuentemente, ya sea para recordar sus aventuras del pasado o buscar nuevas.

“Eran amigos de juventud, ambos eran exploradores y aventureros. Solían hacer recorridos por esas zonas y las conocían muy bien”, destacó Paola Touchard, hija de Franklin.

Por eso, era normal que Touchard anunciara en sus tiempos libres un viaje hacia Irupana, ya que Ortega vivía en la comunidad La Plazuela de ese municipio.

Esos encuentros no se daban tan seguido como querían ambos. Los dos trabajaban con fuerza, incluso en la vejez.

Franklin era auditor financiero, siempre trabajó en la sede de Gobierno, incluso tras jubilarse. Además de su profesión, aprovechaba su tiempo libre para escribir, llegando a publicar dos libros sobre auditoría y contabilidad financiera.  Asimismo, amaba viajar y explorar los nuevos lugares a los que llegaba.

El viernes 3 de enero, Paola se comunicó con su padre, quien le confirmó que estaba a punto de partir hacia Irupana. “Hablamos por teléfono. Me dijo: ‘el lunes (6 de enero) regreso, hija, porque necesito que me acompañes al doctor’. Fue la última vez que lo escuché”, recordó.

Según los datos que proveyó la familia, Franklin viajó el 4 de enero a Irupana, donde tenía planeado encontrarse con Armando. Ambos habían quedado que juntos irían a la localidad de Chuñavi para realizar una caminata.

“Para nosotros hubo omisión de socorro, por tratarse de personas con grado de vulnerabilidad, por ser personas de la tercera edad”.
Paola Touchard

Erick Ortega, sobrino de Armando, explicó que estas actividades no eran ajenas a su tío. “En un principio no hubo alarma, ya que era común que saliera en excursiones largas”, indicó.

Ortega era un “yungueño de pura sangre”. Nació en la comunidad Wara, cerca de Irupana, hace 85 años,  y siempre vivió en la región. Allí trabajó la tierra, produciendo diferentes vegetales y miel. Allí tuvo a sus tres hijos y enterró a su esposa.

Visitaba regularmente el pueblo, ya sea para comprar, vender o encontrarse con parientes y amigos. Allí se enteraba de las noticias del país y del mundo, chismeaba con sus conocidos y jugaba cartas con las amistades.

Cada vez que se reunía con Franklin era todo un acontecimiento. Planeaban bien su tiempo juntos y se dedicaban al programa  plenamente.

“Esas visitas toman, por lo general, unos tres a cinco días. Por eso, cuando no se comunicó conmigo, pasado ese tiempo, nos alertamos y comenzamos con la búsqueda”, contó Paola.

Fue así que la alerta saltó entre el 5  y el 8 de enero, cuando ambas familias, por su parte, comenzaron a sospechar la tragedia.

Franklin Touchard (derecha) amaba viajar y conocer distintos lugares. FOTO: Cortesía familia Touchard

 

Se inicia la búsqueda
“Yo tenía una relación muy cercana con mi tío. Solíamos hablar seguido y cuando viajaba a Irupana siempre lo visitaba. Por eso, cuando estuve el 5 de enero y no lo encontré, comencé a preocuparme. La alerta estalló completamente a una semana de su desaparición  (11 y 12 de enero)”, contó Erick Ortega.

Erick alertó a los tres hijos de Armando: Natty, Antonio y Roger. Por su parte, Paola y sus hermanos también comenzaron a movilizarse para encontrarlos.

10 mil bolivianos
 ofrecieron las familias de Ortega y Touchard a quienes pudieran dar información verificable del paradero de los dos adultos mayores.

En un inicio, solo trabajaron las dos familias, con ayuda de los comunarios de Chuñavi. “Son zonas pequeñas, por lo que todo el mundo se enteró rápidamente”, agregó Ortega.

Roger, hijo de Armando, que vive en Cochabamba, fue el primero en ingresar a la zona donde se perdieron. Este primer intento fue infructuoso, debido a las condiciones del lugar.

“No fue una tarea fácil. Chuñavi es bastante extensa y está llena de accidentes geográficos como acantilados. Además, la tierra en esa zona  no es firme, por lo que se producen deslizamientos”, explicó Erick.

Inmediatamente se acudió a las autoridades con la denuncia de la desaparición. Para la búsqueda se unieron efectivos de la Unidad de Bomberos Antofagasta, de la Policía Boliviana; el Servicio de Búsqueda, Asistencia y Salvamento (SAR); y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc).

La primera misión ingresó a Chuñavi el 13 y 14 de enero. Fue un fracaso. “Falló por lo accidentado de la zona y por la continua  lluvia que caía”, recordó Ortega.

No ayudaba que se tenían, a veces, datos contradictorios entre sí. Por ejemplo, un comunario aseguró ver la luz de una linterna que parecía moverse y retroceder en una zona no especificada.

“Mi tío y el señor Touchard fueron abandonados sin las provisiones adecuadas. No tenían abrigo ni comida o bebida para mucho tiempo”.
Erick Ortega

Incluso cuando ambas familias acordaron ofrecer una recompensa por datos verificables, la información recolectada no ayudó en nada.

La situación se agravó cuando se supo de la participación de otras dos personas, que aún no eran identificadas y que estuvieron involucradas en el viaje a la zona en la que se perdieron los dos adultos mayores.

Estos individuos, varones, fueron los responsables de conducir el vehículo que llevó a Armando y a Franklin hasta Chuñavi. Las dos familias indicaron que fueron quienes dejaron a los octogenarios en el lugar y no “se molestaron en recogerlos”.

Paola informó que la Felcc “incautó una movilidad de color blanco, sin documentos, propiedad de una de las personas que los abandonaron”. Por su parte,  Erick reclamó que los implicados no dijeron nada, pese a que todo el pueblo se enteró de la desaparición y colaboró con las familias en la búsqueda.

A finales de enero, las autoridades realizaron otra misión de búsqueda. En ese entonces, Ortega dijo que “están entrando por la zona de Chuñavi, incluso ingresaron a inspeccionar unas lagunas y precipicios que hay por ahí”.

Paralelamente, las familias continuaban con sus propios esfuerzos, en colaboración con los comunarios de la zona.  

Sospechas
Paola reconoce que su familia no está satisfecha con el resultado de las investigaciones. “Tenemos muchas  dudas al respecto, ya que  entraron cuatro personas y salieron dos muertos. Para nosotros hubo omisión de socorro, por tratarse de personas con grado de vulnerabilidad, por ser personas de la tercera edad”, indicó a Visión 360.

Los Ortega coinciden en sus compañeros de infortunio. Reclaman que las dos personas que condujeron a Armando y a Franklin los “abandonaron alevosamente”. Peor aun, no informaron nada, pese a que los familiares incluso ofrecieron una recompensa por los datos.

Los reclamos surgen porque, según la autopsia y las investigaciones, los desaparecidos fallecieron a causa de hipotermia. 
“La zona donde fueron encontrados es muy, muy fría. Por lo que sabemos hasta el momento, mi tío y el señor Touchard fueron abandonados sin las provisiones adecuadas. No tenían abrigo, comida o bebida para mucho tiempo, por lo que el clima es lo que terminó matándolos”, indicó Erick Ortega.

Tampoco fueron las autoridades quienes los hallaron. Según informaron Paola y Erick, fue Roger, hijo de Armando, quien los encontró, junto con los comunarios que le ayudaban, el pasado viernes 7 de febrero. Antonio Ortega, hermano de Roger, confirmó el hallazgo y que los cuerpos fueron encontrados a 500 metros del último rastro.

Incluso en la muerte la amistad entre ellos fue evidente. Sus cuerpos estaban muy cerca y el cuerpo de Touchard estaba envuelto en una frazada delgada. A unos metros de distancia se encontraba Ortega. La hipótesis es que Armando envolvió a su amigo en un intento por salvarlo, mientras buscaba la manera de pedir ayuda, pero las fuerzas le fallaron.

Tras ser recogidos por las autoridades, se les realizó la autopsia legal y, el fin de semana pasado, sus familias los velaron. Armando descansa ahora en Irupana, al lado de su esposa, mientras que Franklin fue cremado.

 

La historia desde la desaparición hasta el hallazgo

VIAJE. El sábado 4 de enero, Franklin Touchard viajó de La Paz a Irupana para encontrarse con Armando Ortega. Tenían planeada una excursión a Chuñavi.

ABANDONO. Ese mismo día partieron en un vehículo blanco junto a otros dos hombres. Por lo que se sabe, los otros regresaron dejando a los ancianos.

ALERTA. Si bien ya había temor en las dos familias, no fue  hasta el siguiente fin de semana que se sentó la denuncia y los parientes iniciaron la búsqueda.

AUTORIDADES. Efectivos de Bomberos y de la Policía Boliviana ingresaron a Chuñavi el 13 y 14 de enero. Esa primera misión fracasó.

SOSPECHAS. La Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen se incautó del motorizado, propiedad de uno de quienes acompañaron a las víctimas.

RECOMPENSA. La última semana de enero las dos familias colaboraron para ofrecer una recompensa de 10 mil bolivianos por información verificable.

MISIÓN. Las autoridades ingresaron por segunda vez a la zona; buscaron en cuerpos de agua y precipicios. 

HALLAZGO. El viernes 7 de febrero, Roger Ortega, hijo de Armando, y comunarios  encontraron los cuerpos. Ambos varones murieron por hipotermia. 

ENTIERRO. Después de la autopsia legal, las familias velaron a sus seres queridos el fin de semana del 8 y 9 de febrero. Armando fue enterrado y Franklin, cremado.

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