Incumplimiento de deberes vicepresidenciales (1)
Desde el momento que juró al cargo Edman Lara ha incumplido su principal deber vicepresidencial, que consiste en “coadyuvar con la Presidenta o el Presidente del Estado en la dirección de la política general del Gobierno.”
Así lo manda el inciso 4° del Artículo 174 de la Constitución Política del Estado. Coadyuvar significa apoyar de una manera cooperativa. No significa de ninguna manera poner múltiples obstáculos, no solo a la dirección, sino a la ejecución de las políticas del gobierno presidido por Rodrigo Paz.
La ambición desmedida de Lara le impide medir sus actos.
Cree que coadyuvar consiste en declarar altaneramente que el presidente Rodrigo Paz ha recibido un preaviso de despido por parte de los bloqueadores, que hay que alentar todos esos bloqueos, que él mismo es el principal opositor del presidente y que le toca ser presidente ahora mismo. Así lo proclama, por ser, según su propio recuento, el que más votos sacó en la pasada elección.
Eso es mucho más que un incumplimiento de deberes vicepresidenciales.
Es un sabotaje abierto a la gestión del gobierno del cual Lara aceptó formar parte cuando aceptó ser parte del binomio Paz-Lara. Aceptar ser parte de un binomio es suscribir un contrato verbal, lo que se ratifica en múltiples ocasiones durante la campaña electoral.
No se trata de cualquier contrato, sino de un acuerdo formal para proponer y en su caso ejecutar de manera conjunta y coordinada una gestión de gobierno a favor de toda la población. Lara no lo entiende así. Demuestra una total incapacidad de convertir su ímpetu emotivo en un servicio al país, o por lo menos en algo útil para su propia carrera política.
La virulencia virtual de Lara
Lara confunde su presencia en medios sociales con sus obligaciones de estado. Es capaz de exponer situaciones íntimas ante el gran público con tal de aumentar el número de sus seguidores en las plataformas sociales.
Su presencia en medios sociales revive y refuerza la cultura irreflexiva promovida por el MAS. Apunta a todo lo contrario de formar ciudadanos autónomos, responsables y tolerantes, que es lo que la democracia requiere para durar en el tiempo. Esta es la principal tarea que debemos cumplir para que no se caiga nuestro tambaleante proyecto democrático.
Muy al contrario, los seguidores de Lara se convierten en autómatas. Renuncian al esfuerzo de pensar por sí mismos. Son iguales a los millones de ovejas que adoran a Evo como a un pastor. Miles de idiotas se convierten rápidamente en sus “followers.” Lo siguen como ovejas solo porque se autonombra “influencer” y porque se arroga el papel de pastor de un rebaño inconsciente.
Es paradójico que el impresionante avance tecnológico del mundo digital mantenga atrapados en la cultura política del populismo a muchos votantes carentes de un pensamiento propio. Lara apela a la nostalgia por un pasado que la mayoría de los votantes rechazó en la última elección.
La adicción a Tik Tok
La base de Lara es virtual. Consiste en cientos o miles de adictos que pasan horas en Tik Tok. Saltan de un video de menos de dos minutos a otro igualmente corto e impactante. Esta absorbente lluvia de videos no requiere el menor esfuerzo por parte de los que la disfrutan.
La adicción al Tik Tok genera un público cada vez menos capaz de concentrarse en una idea. Forma personas que viven todo el día con la ansiedad enfermiza de volver al Tik Tok. Los adictos caen fácilmente en el vicio de esperar sin aliento los próximos desplantes de cualquier figura bravucona.
Dos atisbos al siglo pasado
Esto es muy diferente de lo sucedido con dos vicepresidentes rebeldes de la era predigital.
Tanto Juan Lechín Oquendo como René Barrientos Ortuño eran unos políticos natos. Lechín supo cómo generar una verdadera acogida entre los trabajadores mineros mientras Barrientos hizo lo propio entre los campesinos.
Al contrario de la mayoría de los seguidores de Lara, los de Lechín y Barrientos no fueron virtuales ni digitales. Los dos llegaron a tener una amplia base de apoyo popular entre gente de carne y hueso.
Los cuatro principales jefes de la Revolución del 9 de Abril de 1952, conducida desde 1941 por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), habían convenido al inicio de que se turnarían en la presidencia. Al menos dos de ellos, Lechín y Guevara, llegaron a creer que esa rotación se cumpliría.
Paz Estenssoro fue el primer presidente de este proceso revolucionario. Concluyó su primer mandato de cuatro años desde 1952 hasta 1956. Aunque tenía la fuerza política para imponer su presidencia por otros cuatro años, no se presentó a la reelección.
En ese tiempo no había una norma constitucional que prohibiera la reelección inmediata. Todas las constituciones previas habían quedado derogadas de facto por el proceso revolucionario. Paz Estenssoro entregó la presidencia a Hernán Siles Zuazo, que completó su mandato de 1956 a 1960.
En esa transición primó por única vez el hecho de que los cuatro líderes revolucionarios estaban conscientes de la necesidad de institucionalizar el proceso revolucionario, evitando que caiga en manos de caudillos populistas.
La rotación era el mecanismo que le daba vida institucional al proceso revolucionario.
Aprendieron esta lección de la revolución mexicana. Cuando uno de sus líderes intentó forzar su reelección, los otros le hicieron saber que ya habían sorteado cuál de ellos estaría a cargo de asesinarlo. Muy a la mexicana no se toleró ni una sola reelección hasta el día de hoy.
En la segunda y última parte de este artículo recordaremos cómo les fue a Lechín y Barrientos cuando incumplieron su principal deber vicepresidencial y se rebelaron contra su presidente.
Hay dos maneras de frenar a Lara
Lo mejor es ignorarlo. Eso es lo que está haciendo el gobierno del presidente Rodrigo Paz. Lara cava su propia tumba con cada declaración que hace en Tik Tok. La gente de criterio abomina sus ataques al gobierno. Los opositores se dan cuenta que esos ataques generan más apoyo al presidente Paz.
Los que usan a Lara para sus propios objetivos no se dan cuenta que Edman se ha convertido en el símbolo viviente del populismo que fue ampliamente derrotado en las pasadas elecciones. Con cada declaración aumenta el rechazo a todo lo que significó Evo Morales y el MAS.
Hasta el momento Lara es una especie de mosquito que no deja en paz al gobierno. Si en algún momento llegara a convertirse en un verdadero peligro, existe un remedio constitucional para sacarlo del camino. Ese remedio equivale a matar un mosquito con una bomba atómica.
Lo revelaremos en la segunda y última parte de este artículo.