domingo 5 de abril de 2026

Editorial 17-11-2024

Jóvenes en Bolivia

Es importante señalar que el desempleo juvenil no es solo un indicador económico, sino también un fenómeno social.
domingo 17 de noviembre de 2024

La situación económica y política del país está con diagnóstico reservado y no hay señales de que la cosa vaya a mejorar en el corto plazo; por el contrario, los especialistas proyectan que la situación tiende a empeorar, incluso hasta niveles críticos. Frente a este panorama, algo que debería preocupar, más que las filas en los surtidores o el fin de la encarnizada batalla por el poder entre oficialistas, es el presente y el futuro de los jóvenes.


Son 3,2 millones en el país, 1,7 millones de ellos económicamente activos, quienes se encuentran ahora frente a un horizonte marcado por el desempleo o el acceso a empleos precarios, casi de supervivencia. Únicamente el 14% de ellos tiene un trabajo estable, de acuerdo con un estudio presentado hace poco por la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung (FES) y publicado el pasado domingo en el impreso de Visión 360.


El mismo estudio establece que el 48% de los jóvenes económicamente activos están en busca de un empleo y, de entre quienes tienen empleo, el 22,3% lo tiene por tiempo completo, pero sin beneficios sociales, mientras que un 26,1% posee un trabajo a medio tiempo.


Estos datos ya muestran un terreno completamente hostil para ellos, a lo que habría que sumar lo que ocurre con los profesionales que invirtieron mucho tiempo y dinero en capacitarse y que ahora se preguntan (no es ninguna exageración) si no habría sido mejor ser contrabandista, chutero, funcionario corrupto o dirigente sindical para estar mejor parados económicamente.


Un país donde el aval de una organización sindical tiene más peso que los títulos académicos, un país donde puedes llegar a ser legislador (“padre de la patria”, decían antes) en función de tu aporte al partido y el trabajo en campaña o puedes llegar a ser abogado de defensa de los intereses del Estado simplemente porque tienes un familiar que tiene poder, desmotiva a los jóvenes y eso tiene sus efectos a futuro.


Es importante señalar que el desempleo juvenil no es solo un indicador económico, sino también un fenómeno social. Los jóvenes que no encuentran oportunidades de empleo sufren una falta de perspectivas que impacta en su autoestima, en su salud mental y en su capacidad de contribuir activamente a la economía. Además, el desempleo prolongado durante la juventud puede tener efectos negativos a largo plazo, generando una “cicatriz” laboral que dificulta la inserción en empleos de calidad en el futuro y, en muchos casos, perpetuando la pobreza intergeneracional.


No solo eso. También impulsa la migración y con ello la fuga de cerebros. Muchos jóvenes profesionales, al ver que los empleos son de baja calidad y mal pagados, y que sus méritos académicos valen menos que una recomendación, pues miran afuera, aunque esa ruta esté llena de dificultades, comenzando por el costo económico y sentimental de avanzar en la migración.


El trabajo entregado por la FES establece que el 54% de las y los jóvenes quieren migrar a otro país por diferentes razones y el 41,5% de la juventud boliviana desea mudarse a una ciudad más grande dentro del país. Eso quiere decir que más de 1,5 millones de bolivianos se irían a otro país si estuviera en sus posibilidades.


Los tres motivos principales para emigrar, de las y los jóvenes pertenecientes a las clases sociales media-baja y baja, son la falta de trabajo (53%), para experimentar algo diferente (45%) y por la crisis económica (38%).
El mercado laboral boliviano está marcado por una estructura informal que predomina en la economía. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 60% de los trabajadores bolivianos están en la informalidad, y este problema afecta especialmente a los jóvenes, quienes ante la falta de opciones formales terminan en trabajos precarios, sin protección social ni beneficios laborales. 


Y podríamos seguir con los indicadores negativos, pero ello no resuelve nada; la solución está en manos de los actuales y futuros gobernantes, quienes deben tomar conciencia de que el país no los elige para que satisfagan sus apetitos personales, sino para que velen por todos, todos, todos los bolivianos.

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